Columnistas

Black Beauty, Pombo, Caro…
Autor: José Alvear Sanin
30 de Mayo de 2012


Un lamentable accidente dejó inválida a Anne Sewell a los 14 años.

Un lamentable accidente dejó inválida a Anne Sewell a los 14 años. En los 44 restantes de su vida sus principales ocupaciones fueron ayudar a su madre en la factura de libros para la instrucción religiosa de los niños y conducir el cochecito (probablemente un buggy) para llevar al papá a la estación. Así fue conociendo los caballos.


En 1877, después de cinco años de trabajo y cinco meses antes de su muerte, publicó Black Beauty, novela que trata de las vicisitudes del bello caballo de ese nombre, que desde las green pastures of England va descendiendo hasta llegar a tirar de un cab londinense, largas jornadas, malos tratos, insuficiente comida. Afortunadamente, alguien lo rescata y el noble animal pasa sus últimos años en un grato refugio campestre.


Con innumerables ediciones en los principales países angloparlantes, Black Beauty, uno de los libros más vendidos en la historia, suma unos 50 millones de ejemplares. Pienso  que la novela fue a los caballos lo que La Cabaña del Tío Tom a los esclavos. Su primer gran logro fue la desaparición de la cruel férula con la que obligaban a los caballos a tirar de coches manteniendo la frente bien alta.


Desde luego Jolstomer (1885) nada tuvo que ver con Black Beauty, cuya autora no conoció el relato del ruso, ni tampoco con El Moro (1897), pero este último sí le debe a la novela inglesa la idea del caballo que cuenta su vida.


Escribir a partir de los antecedentes es cosa bien distinta del plagio, que consiste en copiar obras ajenas y presentarlas como propias. Nada, pues, más lejos de ese abuso que la novela de Marroquín, que trata tantos temas equinos propios de Colombia y tantas situaciones humanas bien nuestras.


Si Black Beauty tiene un final feliz, tanto Jolstomer como el Moro mueren tristemente. Ambas parábolas nos recuerdan cómo transcurre la vida en este valle de lágrimas, desde la alegría de la cuna hasta el horror de la enfermedad, la vejez y la muerte.


Las ventas de Black Beauty exceden las de cualquier obra de Tolstoi, mientras de El Moro unas pocas ediciones no deben haber llegado a los 20.000 ejemplares. Sin embargo, en los días que corren, tanto la inglesa como el colombiano son sombras alejadas del panteón literario en el que Tolstoi, afortunadamente, todavía se conserva.


No obstante, a partir de 1975, las hermanas Pullein escribieron una serie de novelitas sin importancia sobre los parientes de Black Beauty, tituladas Black Ebony, Black Velvet, Black Princess, Black Nightshade…


En este centenario de Rafael Pombo se ha puesto en duda su originalidad, porque sus Cuentos Pintados y sus Cuentos Morales para Niños Formales dizque proceden de Mother Goose Melodies. De los 160 poemas infantiles, ¿cuántos proceden de Mother Goose? He ahí una investigación urgente.


Una revisión preliminar de esa recopilación del folclor inglés y francés (porque la Mother Goose es la misma Mère Oye que planea sobre Charles Perrault) me ha deparado momentos de indecible gozo. La admirable versificación de Pombo es, desde luego, totalmente diferente de la de esos rhymes de prodigiosa alegría, que han recorrido varios siglos hasta refugiarse en los clásicos personajes del primer Disney.


Basta comparar el ritmo de Frog He would a-wooing Go con Rin Rin Renacuajo para reconocer la excelencia de Pombo, que no copió al pie de la letra cuando amoldaba a nuestra lengua los juguetones y añejos compases tomados de la tradición inglesa.


Pero a la exaltación sigue la triste consideración sobre los niños de hoy, que con juegos de video han sido separados de la tradición oral de los juegos, canciones, adivinanzas, acertijos, leyendas y calambures, fundamentales para la vida intelectual y moral de los primeros años.
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La estrecha amistad entre Marroquín y Caro, fundadores con Vergara y Vergara, en 1871, de la Academia Colombiana, terminó cuando don José Manuel, que por la influencia de don Miguel Antonio había llegado al poder, empezó a ejercerlo a su leal saber y entender. Alguien preguntó al rencoroso Caro su opinión sobe El Moro y él respondió:
— ¡Excelente novela, si se tiene en cuenta que fue escrita por un caballo!