Columnistas

Los nuevos ricos
Autor: Dario Ruiz Gómez
14 de Mayo de 2012


La adoración del dinero derivó en la imagen brutal de toda una sociedad dominada por un hedonismo vulgar y sobre todo por un egoísmo que los llevó a considerar que eran el único centro del mundo.

Si algo  ha hecho evidente la crisis europea es el hecho de que ante las fuertes restricciones económicas, baja de salarios y pensiones, el vacío que ha dejado el consumismo ha sido la comprobación de los extremos a que conduce la codicia, el arribismo social, formas de alienación peores que aquellas que produjo el capitalismo de los años 60. La adoración del dinero derivó en la imagen brutal de toda una sociedad dominada por un hedonismo vulgar y sobre todo por un egoísmo que los llevó a considerar que eran el único centro del mundo.


Con su aguda visión de los hechos sociales, Beatriz Sarlo señalaba lo que supuso, en medio del marco de pobreza argentina, el fenómeno social del nuevorriquismo de Ménem y supone hoy el de los Kirchnner. Alardes de un lujo provinciano, de un sofisticamiento de palurdos dándose aires de cosmopolitas; el fetiche del yate, del automóvil deportivo, del nuevo “kitsh” en sus mansiones. Personajes que, hoy,  bostezan aburridos porque los grandes escenarios sociales europeos, donde podrían cotejarse, han desaparecido y en las calles vacías de los barrios exclusivos no hay espectadores que los aplaudan.


¿Qué puede brotar de la mala digestión de un corrupto? ¿Cuántos nuevos ricos generados por la corrupción salen cada año? Si observamos la manera en que estas prosperidades económicas transitorias degradan el lenguaje, el decorado que en lugar de ser trasunto de una íntima relación con los objetos, se convierte en la impúdica exhibición de un poder vacío, podemos calcular el efecto progresivo de este mal gusto. Recordemos que el calificativo de “light” se viene aplicando desde hace veinte años al gusto que acompaña la aparición del fenómeno de los nuevos ricos, aquellos que, como dice Machado, identifican valor con precio. Los “Beverly ricos” ya no son tan agrarios, pues ahora son más agresivos y cambian de aspecto y sobre todo nada les importa que un esteta se burle de ellos ya que el espejo en que la sociedad se mira es precisamente el espejo que ellos han impuesto. Lo único que sobra bajo este dominio del dinero es, lógicamente, la austeridad, lo simple, lo diáfano, lo cándido.


Pero quiero traer a cuento algo que escribió Julián Marías, el gran filósofo sobre el horror que supuso la Guerra Civil española y que quizás pueda alertarnos para no caer en lo mismo: “La guerra fue consecuencia de una ingente frivolidad. Esta me parece la palabra decisiva. Los políticos españoles, apenas sin excepción, la mayor parte de las figuras representativas de la Iglesia, un número crecidísimo de los que se consideraban “intelectuales” (y desde luego los periodistas), la mayoría de los económicamente poderosos (banqueros, empresarios, grandes propietarios), los dirigentes de los sindicatos, se dedicaron a jugar con las materias más graves, sin el menor sentido de responsabilidad, sin imaginar las consecuencias de lo que hacían, decían u omitían”. Guerra avisada no mata soldado.


P.D: Para Fernando Cruz Kronfly.