Columnistas

Que nada te perturbe
Autor: Luis Fernando Múnera López
14 de Mayo de 2012


Enojarte es una bobada porque siempre terminas contentándote otra vez. Y no te compliques con pequeñeces. No te alteres, porque alterarás al otro y nadie ganará.

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La serenidad es un estado profundo que se parece a un abrazo para el alma. Su alcance llega mucho más allá que la simple tranquilidad de conciencia o del convencimiento de haber obrado bien. Es hermana de la confianza en uno mismo.


Y buena falta nos hace, pues por lo general estamos sometidos a los juicios y la descalificación. Las turbulencias de la vida, en este mundo confuso, caótico, agresivo, pueden llevarnos a perderla o enturbiarla. Pero, si tenemos el privilegio de tenerla, hay que cuidarla.
“Más allá de una sana disciplina, sé benigno contigo mismo”, dice Desiderata, un poema que puede considerarse como el himno a la serenidad.


Busca el apoyo externo donde realmente lo puedes encontrar. ¿Recuerdas? cuando habías cometido un error muy grande tu mamá te perdonaba y te animaba a continuar. O, aunque lo trataras mal, tu perro continuaba moviéndote la cola.
Conserva el convencimiento de que las dificultades serán superadas. Cuando las sombras de la noche angustiaban tu alma de niño, por más oscuro que estuviese, siempre amanecía. Y por más fuerte que fuese una tempestad siempre terminaba.


No magnifiques lo malo que te sucede. Te darás cuenta de que siempre hay alguien que tiene un problema más grande que el tuyo. Tampoco te flageles innecesariamente, la vergüenza de equivocarte se compensa con la alegría de corregir. Después de reconocer que cometiste un error, perdónate.


Mantén la serenidad. Enojarte es una bobada porque siempre terminas contentándote otra vez. Y no te compliques con pequeñeces.
No te alteres, porque alterarás al otro y nadie ganará. La gente se escucha más cuando no grita. Algunas veces tú tienes la razón y otras, tú no la tienes. Puedes defenderte sin herir a tu opositor. Si conviene, aplaza una discusión para un momento más oportuno.


La mayoría de las veces tus temores no tienen fundamento. Dales tiempo de que muestren la realidad de lo que son.


Cada día trae su afán y entonces de nada sirve apurar los afanes. Con frecuencia te has dado cuenta de que el 31 de diciembre no se acaba nada, pues el primero de enero todo sigue igual.


A veces puede parecer que el día no es para ti. Pero hay muchos otros en que nada te puede quitar la sonrisa de la cara. Si ayer fuiste feliz, hoy también puedes serlo. Si ayer estuviste triste, hoy no tienes por qué estarlo.


Compartir las alegrías las hace más grandes. Compartir las penas las hace más pequeñas. Si tu amigo te necesita, debes estar a su lado.
Mantén limpio lo que está limpio. Tener una amiga es mucho mejor que hacer una conquista pasajera. Con un amigo no tienes que fingir nada. Puedes conversar con él toda la tarde sin necesidad de hacer un informe después.


No dañes tu buen nombre ni tu conciencia. Puedes engañar a alguien durante mucho tiempo, pero no puedes engañar a todos durante toda la vida. Y no puedes engañarte tú mismo. Tu principal patrimonio son tu familia, tu tranquilidad de conciencia y tu buen nombre.
Nadie puede hacerte sentir mal sin que tú se lo permitas. Y ese permiso no se le concede a nadie. Definitivamente, vivir bueno es mejor que vivir maluco.




Comentarios
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JUAN
2012/05/14 08:17:52 am
¡Excelente artículo que nos enseña a vivir para no sufrir! Digamos con MENANDRO: "mUERE JOVEN EL AMADO DE LOS DIOSES. FELICES LOS QUE MUEREN JOVENES Y DESCIENDEN EN EL NEGRO REFUGIO DE LOS MUERTOS SIN HABER CONOCIDO LAS PENAS DE LA VIDA, SIN HABER TENIDO TIEMPO PARA ENTREVER LAS AMENAZAS DEL ODIO, LA DUDOSA FIDELIDAD DE LOS AMIGOS Y LOS PROFUNDOS ABISMOS DEL CORAZON HUMANO".- JEALBO