Columnistas

TLC: el terrible gran negocio
Autor: Alejandro Garcia Gomez
11 de Abril de 2012


1980. Reagan presidente, reunió un comité de la CIA en la ciudad de Santafé, por encargo del “Consejo para la seguridad interamericana” que produjo un informe con lineamientos para Latinoamérica: Documento Santafé I.

1980. Reagan presidente, reunió un comité de la CIA en la ciudad de Santafé, por encargo del “Consejo para la seguridad interamericana” que produjo un informe con lineamientos para Latinoamérica: Documento Santafé I. Con inmediata posterioridad a éste, ocurrieron hechos aún no aclarados: los accidentes aéreos de los presidentes Roldós Aguilera –Ecuador- y Omar Torrijos –Panamá-, ambos demócratas de acentuado nacionalismo. En 1986, era Reagan aún, la CIA produjo otro informe titulado “Una estrategia para América Latina en los 90”, más conocido como Santafé II, en estricta continuidad de Santafé I. Uno de sus apartes, relacionado con América Latina dice “(su deuda externa)… nunca podrá ser pagada en los términos presentes… Ha sido reconocido que la crisis de la deuda externa es estructural. En algunos países la deuda externa está más allá de la capacidad de pago… (la mera cancelación de sus intereses) tendrá efectos devastadores en sus economías y la nuestra. Los países deudores experimentarán un crecimiento cero o negativo llevándoles a una creciente pobreza y (lo que es peor para los gringos) no tendrán divisas para comprar productos estadounidenses. Está estimado que el deterioro económico provocado por la deuda externa en América Latina ha causado una pérdida de 70 mil millones de dólares a productores estadounidenses”. (Documento Santafé II, subrayado mío).


1989. Bush padre, presidente. Se trazan los lineamientos de lo que sería su política. Al plan de “recuperación de cartera” gringa se le llamó “Lo que desde Washington se entiende por política de reformas”, más conocido como “Consenso de Washington”. Para solucionar los insolubles problemas identificados en Santa Fe I y II, obligaron a nuestros gobiernos a acatar sus lineamientos como órdenes bajo amenazas. Éstas hacen parte de lo que se conoce como Neoliberalismo: Apertura económica completa; clima propicio para la inversión extranjera (¿“confianza inversionista”?); liberación comercial; privatización de las empresas estatales; flexibilización del régimen laboral; reducción del tamaño del Estado. Nuestro gobierno aceptó la humillación. Virgilio Barco –finales de su gobierno- y César Gaviria comenzaron la Apertura Económica. Luis Carlos Galán tendría que haberla aceptado también o habría muerto en otro vuelo en similar: “plata o plomo”, como la consigna de Pablo Escobar. Conocida es la tragedia que causó esta política que hasta ahora nos golpea con las consecuencias de la pérdida de poder de nuestra industria y agroindustria. De productores de alimentos agropecuarios pasamos a importadores. Nos queda el cruel chiste de que nos vimos obligados a importar hasta los ingredientes de la deliciosa bandeja paisa. Más grave que esta baja en la producción agropecuaria, fue que se dispararon los cultivos para producir estupefacientes, con el consecuencial aumento de esa violencia entre nosotros en aquellas décadas –que a ellos no les importa-, al permanecer intacto el consumo de ellos. Sería tema de otro artículo.


Pero nuestra abyecta dirigencia no aprende. Fuimos testigos de las rodilleras del anterior gobierno para conseguir el TLC, continuación del Consenso de Washington, y se lo negaron hasta la humillación personal. Resonadores aplausos al actual. Ahora el peligro es peor. Con el TLC ya no sólo peligra nuestra producción sino todo. Jugamos al cochinito que pone la carne para hacer jamón. No ejerceremos soberanía sobre nuestra biodiversidad, la más grande riqueza del futuro, junto con nuestros recursos minerales. Tendremos en nuestro suelo las especies y los minerales pero no la propiedad, que pasará a ser patente de ellos. Nos tienen estudiados hasta el milímetro. Si no, lean El Río, de Wade Davis,  o libros similares. “No tenemos amigos sino negocios”, dicen.


Nota.- Quien desee usar Internet Comcel postpago, módem propio, debe permanecer un mínimo de 3 meses, con firma de un documento. ¿Es legal o abuso?