Columnistas

Historias de canciones bellas
Autor: Ramón Elejalde Arbelaez
8 de Abril de 2012


Hace algunos años, una cadena radial promovió un concurso para escoger la canción colombiana más bella.

Hace algunos años, una cadena radial promovió un concurso para escoger la canción colombiana más bella.  Muchos aficionados hicimos fuerza porque fuera seleccionada, en esa votación popular, el pasillo Las acacias, pero fuimos derrotados en franca lid por los votantes que escogieron otro pasillo: El camino de la vida, del maestro Jorge Ochoa.


La letra de Las acacias es del  poeta español Vicente Medina Tomás y la música del antioqueño Jorge Molina Cano. Medina Tomás había nacido en Archena, Murcia, el 27 de octubre de 1866. Hijo del jornalero “Juan de Dios el de los romances”, que viajaba por los pueblos vecinos recitando romances. Muy joven, Vicente se alistó en el ejército español y prestó sus servicios en Filipinas, donde escribió los primeros versos. En 1900 publicó su primer libro, Aires Murcianos, talvez su obra más importante. En 1908 emigró a Argentina, donde se dedicó al empresarismo agrícola. Después de vivir en el país austral durante 25 años, regresó a su ciudad natal por pocos años, ya que la guerra civil española y su militancia política lo obligaron a regresar a la que siempre consideró su segunda patria, Argentina.  Murió en Rosario el 17 de agosto de 1937.


Jorge Molina Cano nació en Medellín en 1898. Su madre, María, era hermana de don Fidel Cano, fundador de El Espectador. Se hizo educador en la Escuela Normal de Varones de Medellín, pero poco ejerció su profesión ya que prefirió la vida bohemia, errante por Centroamérica acompañado de un tiple, instrumento que ejecutaba con mucha destreza, y cantó a dúo con su gran amigo, Iván de Greiff. Regresó a Colombia en 1920 y se radicó en Barrancabermeja y totalmente perdido en el licor, murió en la más absoluta pobreza y abandono, a la edad de 29 años, el 13 de noviembre de 1927.


En la época del famoso concurso para seleccionar la más bella canción colombiana, algunos puristas, “más papistas que el papa”, trataron de descalificar Las acacias con el argumento de que el autor de su letra era un español, olvidando que el compositor de la música de nuestro himno nacional es un italiano, Orestes Síndici y que la música del Himno Antioqueño es del maestro payanés Gonzalo Vidal.


Un poema español de innegable belleza universal, se convirtió en una querida canción de la música popular de Colombia, y desde entonces vive en la sangre y en el alma de generaciones que ven sus recuerdos retratados en sentidos versos y en hermosa melodía.


En nuestro medio, las versiones más difundidas de Las acacias son las de El Dueto de Antaño y y de Garzón y Collazos, aunque todo conjunto de música andina que se respete tiene en su repertorio este hermoso pasillo colombiano,  internacionalizado por María Dolores Pradera,  cuya versión fue grabada en 1970 y por Raphael, en 1975. La versión en video de El Monstruo de la Canción se logró en 1979 en un estudio de televisión y se consigue fácilmente en la Internet, al igual que la versión de María Dolores Pradera.


¿Habrá paisas que no hayan escuchado esta canción? Por lo menos en mi generación, no lo creo; más de una vez, con aguardiente entre pecho y espalda o a “palo seco”, habremos entonado con la autoridad de autores y dueños de la obra: “…Los que fueron la alegría y el calor de aquella casa / Se marcharon unos muertos y otros vivos, / que tenían muerta el alma / se marcharon para siempre de la casa”.