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A robar… mar !
Autor: Rodrigo Pareja
3 de Abril de 2012


Mar… esas tres letras con las que terminaba siempre su orden el instructor de educación física que tuvimos en los primeros años de nuestras vidas, implicaban trotar, marchar, correr o disolver la fila.

Mar… esas tres letras con las que terminaba siempre su orden el instructor de educación física que tuvimos en los primeros años de nuestras vidas, implicaban trotar, marchar, correr o disolver la fila.


El perentorio mandato que tenía en esas épocas tanto de lúdico como de obligatoriedad para el alumno, ha pasado a convertirse ahora en una implícita invitación e incitación al delito, y ha renovado completamente -en una especie de reingeniería delictiva- aquella vieja sentencia según la cual el crimen no paga.


En la actualidad sí paga, y de que manera, sobre todo si quienes delinquen son de los estratos altos, cuentan con poderosas influencias dentro del Estado y, sobre todo, no se paran en pelos ni en pesos sino que se apoderan ilícitamente de la mayor cantidad posible de dinero.


A robar… mar ¡ parece ser en la actualidad la insinuación tácita de la justicia colombiana, vilipendiada – y con razón – debido a sus comportamientos sesgados hacia unos y otros, repleta de fallos contradictorios y de tratamientos discriminatorios que hacen repetir aquella vieja sentencia dictada por el vulgo: la ley es para los de ruana.


No otra conclusión puede sacarse cuando se anuncia que los distinguidos caballeros de industria, los Nule, pueden quedar libres en el 2015 y que no tendrán que devolver el dinero que se embolsillaron mediante las más fantásticas maniobras, dignas de las más perversas mentes.


Principio de oportunidad dicen que se llama la ventajosa figura que les aplicarán a estos vivos, quienes gracias a más prebendas y a otros andurriales desconocidos para la mayoría pero sagazmente aprovechados por ciertos abogados de los poderosos, pueden estar libres mucho antes.


Para ello presentarán certificados de haber adelantado cursillos de manicure en su sitio de reclusión; también cursos intensivos sobre cómo cultivar rábanos, por ejemplo; y otro más importante adelantado con el mago Lorgia, en el que aprendieron a desaparecer, no pañuelos y cinturones, sino el conejo más gigantesco de que se tenga noticia en los anales delictivos del país.


Este principio de oportunidad, tan desconocido y jamás aplicado a quien impulsado por el hambre o la necesidad apremiante se apodera de alguna baratija, será el “ábrete sésamo” para que esta vez, no cuarenta sino cuatro, disfruten a partir del 2015 o mucho antes porque así lo determinará esta generosa fiscalía, del cuantioso tesoro.


Fortuna que en el momento debe estar bien resguardada no en una cueva como en el milenario cuento, sino en alguna de las seguras y bien surtidas bóvedas que el sistema financiero internacional, cómplice de tantos delitos, mantiene en los llamados paraísos fiscales.


El pueblo que casi nunca se equivoca en su sabiduría elemental suele decir que lo que mal comienza mal acaba, y esto se veía venir desde que la sumisa y complaciente fiscalía envió funcionarios suyos hasta la lujosa mansión que los Nule tenían en Miami, dizque para recibirles declaración.


Y cuando llegaron al país, más por su gentileza que por la eficacia de la justicia, fueron tratados a cuerpo de rey, con locaciones exclusivas, comida a la carta, licor, celulares y cuanto embeleco tecnológico cabe imaginar, mientras quienes integran la población carcelaria tienen que dormir uno encima de otro, ahí sí, aprovechando al principio de la noche cualquier oportunidad.


Y en desarrollo del juicio que parece hecho a su medida y diseñado por ellos mismos, van cuando quieren, contestan cuando les da la gana, se excusan porque sí y porque no, y le toman el pelo al juez, al fiscal y lo que es peor, porque es una bofetada inmerecida, a la justicia y al pueblo colombianos. Pero eso sí, que vivan el principio de oportunidad y la ley para los de ruana.