Columnistas

Una ciudad en crecimiento
Autor: Jorge Arango Mejía
11 de Marzo de 2012


Hace algún tiempo, Armenia estaba estancada. Pasado el terremoto de 1999 y hecha a medias la reconstrucción, la ciudad se sumió en una especie de letargo.

Hace algún tiempo, Armenia estaba estancada. Pasado el terremoto de 1999 y hecha a medias la reconstrucción, la ciudad se sumió en una especie de letargo. Nada era semejante al ritmo vertiginoso de los años que siguieron a su fundación. Todo andaba a paso de tortuga, menos la corrupción del sector público, lamentablemente siempre creciente.


Ahora, todo ha cambiado para bien de la provincia perdida. Por todas partes hay edificios en construcción. Unos destinados a vivienda, otros a oficinas y los de más allá a centros comerciales. No es aventurado afirmar que el auge de la construcción es mayor que cualquiera de los anteriores. En síntesis, algo que jamás se había visto.


La iniciativa privada está empeñada en tareas de progreso. ¿Qué hace falta? Sencillamente, que la administración pública trabaje en la misma dirección. Hay obras inaplazables.


La primera, abrir vías que comuniquen la Avenida Centenario con la Bolívar y ésta con la 19 de enero. Hoy son tres ejes aislados. Esta incomunicación no puede continuar.


La segunda, completar el Parque de la Vida. Hay unos terrenos adyacentes, sobre la Avenida Centenario que, por su topografía, parecen destinados naturalmente para su ampliación. Ese es el propósito de Camilo Cano, quien, además, tiene el proyecto de construir dentro del parque la biblioteca municipal. Esto hay que tomarlo en serio, porque éste es el lugar ideal para que la gente se distraiga los días de fiesta.


Es urgente revivir el proyecto del Parque de la Secreta. Hace unos años, mediante una acción popular se impidió su construcción. Fue un lamentable error de la administración de justicia, basado en el torpe argumento de la posibilidad de un nuevo terremoto. Si esa fuera una razón válida, Tokio y San Francisco hace tiempo habrían desaparecido, porque sus habitantes las habrían abandonado.


Al parecer, la alcaldesa piensa transformar el sector comprendido entre la carreras 18 y la Avenida 19 de enero, de la calle 26 hacia el sur. Éste es un programa de gran importancia.


¿Cómo se financiarán estas obras? Sencillamente, mediante la contribución de valorización.  Para restablecerla hay que tener en cuenta unos principios elementales:
El primero, que no se extienda a los barrios de los estratos 1 y 2.  Así no se gravará a la gente de menores recursos.


El segundo, establecer plazos razonables para el pago de los tributos. Esto será posible si para acometer las obras se contratan empréstitos, garantizados, precisamente, con el recaudo de las contribuciones.


Recuérdese que la legislación vigente prevé la participación de los contribuyentes en el proceso de fijación de los gravámenes.


Repito: la ciudad no puede seguir incurriendo en la injusticia de pagar con los tributos que todos pagan, obras que valorizan los predios de unos cuantos privilegiados. Además, es lógico que se devuelva a la comunidad, al erario, al menos una parte del mayor valor que adquiere un inmueble
Insisto: la contribución de valorización, que antes de la reforma constitucional de 1991 era apenas una posibilidad, hoy es una obligación que la propia Constitución crea. Según el inciso segundo del artículo 82, “las entidades públicas participarán en la plusvalía que genere su acción urbanística”. ¿Qué interpretación diferente se le puede dar a este mandato? Y no se olvide que también el artículo 317 se refiere expresamente a la contribución de valorización.


En conclusión, a Armenia le ha llegado el momento del progreso. Ese momento tiene que estar acompañado de la recuperación del espacio público. Si, como lo espero con base en consideraciones estrictamente jurídicas, el Tribunal Administrativo del Quindío admite la demanda que presenté con ese fin, éste será el camino. Pero hay que mantener la tranquilidad: con proceso o sin proceso, con sentencia o sin sentencia, las autoridades municipales están obligadas a cumplir la obligación que la Constitución les impone. Tarde o temprano habrá una ciudad limpia y ordenada, por cuyas calles se pueda pasear.


Deportes Quindío. El Quindío va hacia el descenso. El equipo que hace años fuera orgullo de todos los quindianos,  ahora está en manos de un extraño a quien esta región nada le importa. Y lo más triste de todo es no haberlo recuperado, posibilidad que siempre ha existido, porque el municipio lo entregó en comodato. ¡Amanecerá y veremos!