Columnistas

¿Calumnias o saludos a la bandera?
Autor: Rubén Darío Barrientos
1 de Marzo de 2012


Se le atribuye a Laureano Gómez la frase “calumniad y calumniad, que de la calumnia algo quedará”. La verdad es que en este país sí se cometen muchas calumnias, pero son contadas en los dedos de la mano las que terminan con castigos.

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Se le atribuye a Laureano Gómez la frase “calumniad y calumniad, que de la calumnia algo quedará”. La verdad es que en este país sí se cometen muchas calumnias, pero son contadas en los dedos de la mano las que terminan con castigos. El ácido columnista Alfredo Molano, denunciado por la familia Araújo de Valledupar, tardó tres años para que un juez lo eximiera de los cargos señalados a raíz de una columna de opinión, en la cual cuestionaba actuaciones de esa familia.


A la columnista Claudia López, el expresidente Ernesto Samper no pudo asestarle el golpe de una condena, tras denunciarla por calumnia. Una decisión que tardó casi cinco años, le dio prevalencia a la libertad de opinión y, como en el caso de Molano, hubo absolución y “botada de corriente”. Hubo alegatos jurídicos prolijos, gastos onerosos de abogado y de aquello nada. El país también recuerda la querella por calumnia contra Álvaro Uribe Vélez, en razón de un artículo publicado en The Washington Post.


A Pachito Santos y a José Obdulio Gaviria, también les dieron de esa medicina, porque en el año 2007 habían acusado a unos representantes de sindicatos de hacer apología a la violencia. Pachito concilió y aclaró públicamente que su versión no era cierta (que había tomado ello, basándose en una publicación de internet) y a José Obdulio, ya le vimos una retractación en El Tiempo y otra en EL MUNDO, que seguramente harán fenecer la acción penal.


Gina Parody, tampoco se ha salvado de este prurito y afronta una querella ante la Fiscalía General de la Nación. A Alonso Salazar, algunos líderes comunales de Medellín le instauraron denuncia penal por calumnia, porque el exalcalde los tildó de “fichas de reductos paramilitares”. En fin, los ejemplos abundan, pero las condenas escasean. Al que sí le dieron su tiro de gracia en este tema, fue al abogado antioqueño Gustavo Salazar, quien tras ser denunciado por el exvicefiscal Antonio José Sintura, le condenaron a dieciséis meses.


Recientemente, hubo un hecho que acaparó la atención de muchos países: el presidente de Ecuador, Rafael Correa, presentó denuncia penal por calumnia contra el periódico “El Universo”. Allí hubo condena, pero se armó el rifirrafe. Y Correa perdonó (condena de tres años de prisión y pago indemnizatorio de US$40 millones). La presión internacional se volcó a defender “el derecho a la libertad de expresión”. Otro bullicio, que quedó en nada.


En las redes sociales, se aprecian posibles casos de calumnias, en donde los autores se anidan en un anonimato. Se parapetan en los trolls y los fakes (creación de contenidos e imitaciones de usuarios). La pena por calumnia en Colombia es de uno a cuatro años de prisión y multa de diez a mil salarios mínimos legales mensuales vigentes. Es cierto que la frontera entre opinión y delito es de una delgadez tal, que pareciera amparar a quienes osen hablar durito.


El análisis legal ha tenido todos los ires y venires. En una ocasión, el exsenador Juan Gómez Martínez quiso endurecer la pena del delito y cobijar al director del medio y al periodista. El proyecto de ley se hundió. El represente a la Cámara de San Andrés, Alberto Gordon, radicó un proyecto de ley para despenalizar la calumnia, basándose en la panacea de la rectificación y la retractación. Y Roy Barreras se sumó luego a ello, bajo los criterios de la reparación simbólica, sin castigo de cárcel.


Este “delito de opinión” se presenta casi siempre con columnistas. Hoy, los punibles de injuria y calumnia son excarcelables. Por donde se le mire, estamos frente a un saludo a la bandera. No pasa nada y las cárceles no se llenarán de calumniadores.    




Comentarios
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JUAN
2012/03/01 08:59:36 am
Excelente artículo, el cual trata una dolorosa verdad que consume al país por sus cuatro puntos cardinales y en todos los estatus de la sociedad. El que tenga entendederas para entender que entienda. Si a los chismosos y calumniadores se les castigara de ela forma más ejemplarizante, tendríamos lenguas para cubrir las "autopistas de montaña".- Juanfer