Columnistas

Los perseguidos privilegiados
Autor: Hernán Mira
21 de Febrero de 2012


En el cuento de Rulfo “El hombre” se presenta bien dramática y exquisitamente cómo un hombre, muy fácil, puede pasar de perseguidor a perseguido o viceversa.

En el cuento de Rulfo “El hombre” se presenta bien dramática y exquisitamente cómo un hombre, muy fácil, puede pasar de perseguidor a perseguido o viceversa. Guardadas las justas proporciones que hay entre la ficción literaria y la realidad, el caso del ex comisionado Luis Carlos Restrepo y otros altos funcionarios del gobierno pasado puede verse perfectamente bajo esta óptica. Lo de María del Pilar Hurtado es, quizás, lo más claro; persiguió a opositores del régimen y ahora se declara perseguida por la justicia y se exilia, aupada y patrocinada por quien fue su patrón, el ex presidente Uribe. Eso se busca replicar ahora con Restrepo.


Estas ocurrencias, que últimamente han inundado los medios y polarizado la opinión nacional, las analiza con toda claridad, el criminólogo y profesor en la U. de A., William Fredy Pérez, en el artículo De torpezas, caraduras y quejumbrosos, que ahora vale la pena reseñar. Son las reiteradas quejas de algunos miembros y asesores del gobierno pasado por la falta de garantías judiciales en Colombia y desviaciones de la justicia penal en contra de ex funcionarios públicos, políticos y oficiales de la fuerza pública, las mismas de hoy que motivan el análisis.


Después de tratar las garantías como un estorbo – en el anterior gobierno, dice Pérez- hay que ser muy caradura para reclamarlas; después de minar el proceso penal con tantos trucos de autoincriminación, hay que ser descarado para criticar sus lógicas; después de pulverizar la idea de regla de derecho, hay que ser bastante desfachatado para denunciar la discrecionalidad judicial; después de salvar cada impasse legal con la constante reforma del orden constitucional o después de saltar de excepción en excepción, hay que ser cínico para reclamar certeza.


Después de proclamar la superioridad de los resultados sobre los medios, hay que ser ciertamente obsceno para pedir procesos reglados; después de desatar programas de delaciones premiadas, hay que ser francamente atrevidos para lamentar que los delincuentes sean dignos de alguna credibilidad; después de poner a circular recompensas y negociaciones, hay que ser grosero para criticar el turbulento soporte probatorio de capturas y condenas; después de haber presumido la culpa de cada crítico, hay que ser impúdico para denunciar persecuciones infundadas.  Aunque ellos saben que tienen como todos nosotros los mismos derechos, lo cierto es que se han acostumbrado a una aplicación y a un ejercicio diferenciado, muy privilegiado, de las garantías.  


Coda. Pregunto si la ‘rerereeleccionitis’ planteada en la U. de A., fuera de contrariar la Constitución vigente, no va contra el mismo Estatuto General, Art. 5º: “La Universidad tiene un carácter democrático y pluralista, por lo cual no limita ni restringe los derechos, libertades y oportunidades (...). Está siempre abierta a quienes en igualdad de oportunidades demuestren tener las capacidades requeridas…”. Así, ¿sí podemos formar en la democracia y ciudadanía, como estamos obligados en la Universidad?