Antioquia

There was Triumph in spite of it all
Hubo Triunfo a pesar de todo
Autor: Juan Jose Valencia García
8 de Febrero de 2012


El barrio de invasión, que ahora es legal, ajustará treinta años, pero sus habitantes reclaman presencia de la Administración Municipal para mejorar la infraestructura educativa, las vías y la calidad de las viviendas.


Los gaviones para contener a El Picacho ahora sirven de mesa de ajedrez a Jhon y Carlos. Desde allí, donde sopla fuerte el viento, se observa el barrio entero y el centro y el norte de Medellín.

María Falconery Torres, a escondidas de su esposo, se fue a buscar casa a El Triunfo. Andrés Marín, un hombre al que le lavaba la ropa en el barrio París, le contó que en El Picacho había lotes baldíos de los que se estaba apropiando la gente para construir vivienda.


“Ya no nos alcanzaba la plata para pagar arriendo en París. Mi esposo ya había visitado estos terrenos y no le habían gustado, pero cuando vine yo, me sonó la idea y lo convencí”, recuerda María.


Cuando la mujer llegó con su familia al barrio apenas habían “zocalitos” que dividían los lotes ya tomados por invasores, pero ninguna casa en pie. María cuenta que su esposo se quejaba todo el tiempo porque la ladera del morro estaba llena de piedras y ramas de Uña de Gato, una planta con espinas curvadas que venden en plazas de mercado como afrodisíaco, anticancerígeno, diurético, antirreumático, antiinflamatorio y anticonceptivo.


También le molestaban los arroyos cristalinos, unos que hoy ya no bajan del cerro. Pero las particularidades de la naturaleza no fueron los obstáculos más difíciles de asentarse allí.


En 1980 El Triunfo era un barrio de tres casas, entre ellas la de María, quien recuerda que 15 días después de haber construido una vivienda de madera, llegaron funcionarios que ella llama de “control de obras”, quienes tumbaron su ranchito y le prendieron fuego: “Lo perdimos todo, pero tuvimos el valor para volverlo a levantar y le pusimos una banderita de Colombia en el techo, para que respetaran nuestros derechos. El problema fue que al mes volvieron y de nuevo lo quemaron todo, hasta la banderita”. 


En 1983, en un camión que tenía Eutimio López, uno de los habitantes del barrio, los vecinos fueron hasta la Alcaldía de Medellín, que en esa época funcionaba donde está ahora el Museo de Antioquia, y exigieron que los reconocieran como un barrio legal. Diez años después los incorporaron al perímetro urbano y los asimilaron como ciudadanos.   


De esa historia hace ya 29 años, ahora el barrio El Triunfo es el que más alto ha trepado El Picacho, en la Comuna 6 de Medellín.



El colegio


El Colegio Anexo El Triunfo es la única institución educativa que tienen en ese barrio, sus habitantes lo llaman "la ratonera", porque su entrada era un corredor estrecho, porque estaba en medio de casas que hace poco fueron demolidas para ampliarlo y porque fue construido con las uñas, con el propio esfuerzo de la comunidad, como se han construido las calles, las casas, los andenes, las escalas, todo en el barrio según los vecinos. "A la Administración no hay nada que agradecerle por aquí, nos pusieron contadores para cobrar servicios públicos, pero nada más", afirma Víctor Pineda, uno de los habitantes.


María Falconery Torres y Rocío Carmona fueron las primeras profesoras del colegio a mediados de la década de los 80: "Éramos las profesoras de un montón de niños pero no sabíamos nada, entonces les enseñábamos las vocales y a escribir papá y mamá", recuerda María Falconery, y agrega que los pupitres eran tablas sobre rocas. "Pero ni hablar tanto porque ya nos quitaron el colegio", se queja la primera profesora de El Triunfo.


Albeiro Arteaga, habitante de El Triunfo, asegura que Alonso Salazar, exalcalde de Medellín, prometió reformar el colegio. "Lo que hicieron fue construir otro en el barrio Doce de Octubre y el de aquí lo dejaron igual. Ahora los niños deben atravesar dos barrios: El Progreso y el Mirador del Doce de Octubre para recibir sus clases".





En alto riesgo


El cerro El Picacho, tan imponente y poderoso, nunca ha sido amenazante, así lo aseguran los habitantes del barrio, por eso mismo no entienden por qué se construyeron hace cinco años unos gaviones para detener la montaña en caso de alguna emergencia. La idea, cuentan, era que por donde están esos muros de contención se creara un acceso turístico al morro.


"Además de que quedaron mal hechos, porque muchos tienen grietas, nunca hemos tenido ninguna emergencia por deslizamiento, ese dinero se pudo invertir en otras necesidades del barrio", advierte Víctor Pineda, quien recuerda que la única emergencia en el cerro El Picacho fue un incendio hace diez años que no destruyó casas ni amenazó vidas.


Sin embargo, en uno de los extremos del barrio hay un grupo de 30 casas, las que están más encumbradas en el morro, la mayoría de madera y lata, todas ilegales, todas en alto riesgo según la Alcaldía, que se comprometió a reubicar a las familias que la habitan, pero los años pasan y esas familias siguen más cerca de la cima del morro que de una solución de vivienda.