Columnistas

Mockus: Lamentable frustración
Autor: Sergio De La Torre
5 de Febrero de 2012


Vuelvo al tema anterior para recabar en que Antanas Mockus, en su confrontación electoral con Uribe, habría obtenido mejores resultados de no haber sido por lo siguiente:

Vuelvo al tema anterior para recabar en que Antanas Mockus, en su confrontación electoral con Uribe, habría obtenido mejores resultados de no haber sido por lo siguiente:


1. Las improvisaciones y vacíos conceptuales en que se dejó pillar en los debates televisivos.


2. Las payasadas, así no fueran tantas como antes. Los estribillos en coro, la pantomima y los saltitos en tarima, muy conmovedores, por cierto. Y ese tonito frívolo y liviano que acompañaba sus presentaciones públicas.


3. Y lo más costoso, el maniqueísmo. La pretensión  de ser impoluto, y además el único en el torneo, con lo que implícitamente se señalaba a los demás de impuros, o al menos de sospechosos. Hay que cuidarse de los corruptos, claro está, pero de antiguo la humanidad aprendió a recelar de aquellos que blasonan de honrados, pues la rectitud no se proclama como virtud, ni se reivindica como un título, sino que se ejercita en silencio.


El profesor no deja de ser un hecho relevante de la política colombiana en las últimas décadas. Supone una ruptura con lo que venía de atrás, desde 1957 propiamente, cuando al derrumbarse la sangrienta y prolongada dictadura civil y militar de aquel entonces, se restableció en parte la democracia. Lo que se traía, viejo ya de 50 años, mostraba signos de oxidación en 2010. La venalidad rampante en la Administración, la desaparición de todo límite o talanquera y, lo que es peor, de las viejas y arraigadas inhibiciones morales frente al latrocinio, frente a la tentación de raponear los dineros oficiales, con solo que estuvieran al alcance de la mano, todo ello, en fin, sumado a la rutina que atrofia y empobrece, y a la mediocridad en el ejercicio de la política.  La política, ¡vamos!, antes tan pudorosa y exigente, y ahora tan invadida de avivatos, logreros y oportunistas en pos de larga y cómoda pitanza. Como ciertas ferias adonde gustan ir rebuscadores y malandrines de toda laya y extracción. Aclaro: cuando digo extracción abarco todo el espectro político, desde la derecha hasta la izquierda pasando por el centro. Pues la “cultura del atajo”, de que se habla hoy, también contaminó a la política y desde ella al Estado, en todas sus áreas y ramas, sin excepción alguna.


En ese contexto, Mockus personificó algo muy novedoso, que presagiaba una pronta depuración en el manejo de la cosa pública. No tanto por lo que decía como por lo que fue su paso por la alcaldía bogotana en dos ocasiones. Limpio, franco y sin componendas con el cabildo distrital, donde suele concentrarse todo aquello que hace de la política algo que la ciudadanía mira con desvío.


Lo que habla de un candidato a cualquier cargo son sus antecedentes, no su discurso y ademanes. Hoy buscamos pulcritud y confianza más que promesas, compromisos y programas. Antes que un visionario, la gente quiere un administrador, cauto, transparente, que administre lo que hay. El clamor general es porque en lugar de festinarlos, se inviertan con cuidado y probidad los impuestos que pagamos todos y el gobierno recauda. ¡Cuál no  será la corrupción que rumba en el sector público, que el ciudadano (quien, parejamente con la comunidad a que pertenece, ya se resignó a reducir su nivel de apetencias y expectativas) se da por bien servido con que apenas se conserve lo existente, así no crezca! Lo cual, de suyo, ya es síntoma que denota grave enfermedad en el cuerpo social, o en aquello que pomposamente llamamos república.


Pues bien, Mockus, en un momento dado de su vida, surgió como el antídoto contra dicha enfermedad, para ser administrado no desde afuera sino desde adentro del Establecimiento. Pero (y eso ya lo describimos) no tardó en estropearse a sí mismo, malogrando de paso la inmensa esperanza que despertó. Resta por explicar el fenómeno de los Verdes, para demostrar que los muchos votos que el profesor alcanzó a sacar hace dos años, no se depositaron por tan dichoso color sino por Mockus mismo. Que, mutatis mutandis, fue lo que acaeció en Antioquia con el actual gobernador, quien arrasó en las urnas como Sergio Fajardo y no como “verde”, apelativo al parecer todavía impropio en Colombia, por lo ajeno, exótico, artificioso y prematuro.