Editorial

Infamia de las Farc y sus socios
3 de Febrero de 2012


Si algo prueban esas últimas acciones criminales, es que a las Farc sólo les interesa mantener y consolidar su lucrativo negocio y que los colombianos no podemos caer de nuevo en la trampa de aceptar supuestos diálogos de paz.

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Nos unimos a la ola de repudio nacional contra los aleves atentados terroristas de las Farc y sus socios en el narcotráfico, ocurridos el miércoles en Tumaco (Nariño) y el jueves en Villarrica (Cauca), que segaron la vida –según balance provisional de las autoridades – a 17 personas, entre civiles y policías, y dejaron heridas a otras 90, toda gente sencilla y trabajadora, tanto los policías que prestaban servicio en los comandos atacados como los cientos de ciudadanos que a esa hora, poco después del medio día, laboraban o se desplazaban por esos lugares habitualmente muy concurridos de las dos poblaciones.


Desde estas columnas, rendimos homenaje póstumo a los compatriotas sacrificados, expresamos nuestras condolencias a sus familias y nuestra solidaridad con quienes resultaron heridos o afectados en sus viviendas, negocios y medios de subsistencia, por cuenta de terroristas desalmados, que un día publican falaces comunicados hablando de paz y presentándose como personeros de las demandas del pueblo, y al otro día lo asesinan cobardemente en calles, plazas y campos de Colombia.


Con sus comandantes huyendo o refugiados en el extranjero, las Farc están prácticamente derrotadas y sin capacidad de presentar combate a las Fuerzas Militares y de Policía, y en su desespero echan mano – como en muchas otras ocasiones de su guerra de medio siglo contra las instituciones democráticas – del ataque a mansalva y sobre seguro, buscando hacer el mayor daño posible con el menor riesgo para sus ejecutantes. Pero, además, desde que esa organización terrorista se involucró de lleno en el narcotráfico y se convirtió en un nuevo y poderoso cartel de la droga, allí donde no puede desplazar a sus competidores se alía con ellos, como es el caso – según las autoridades – de lo que está ocurriendo en Nariño y Cauca, donde comparten con las llamadas ‘bacrim’ las rutas y rentas del narcotráfico.


De modo que no sería nada extraño que los atentados de Tumaco y Villarrica hagan parte de un plan para sacudirse la presión de las autoridades y poder mover sus cargamentos hacia la frontera, por donde además se surten de armas y vituallas. Al menos esa es la hipótesis que está manejando el Ministerio de Defensa, que dice tener información de inteligencia sobre una alianza, en el caso de Nariño, entre el frente 29 de las Farc y la banda ‘los rastrojos’.  De hecho, hay que felicitar al Gobierno y a las fuerzas de seguridad por los resultados de las primeras pesquisas. El propio presidente Santos, después de presidir un consejo de seguridad en Tumaco, reveló que ya había dos presuntos guerrilleros capturados y ocho más plenamente identificados, como autores materiales de los atentados.


En cuanto a los autores intelectuales, las autoridades están tras la pista de alias ‘Rambo’, jefe de la columna móvil ‘Daniel Aldana’, y de su lugarteniente, Óscar Armando Sinisterra Sevillano, alias ‘Óliver’, jefe de milicias urbanas en la región. Del primero, identificado como Gustavo González Sánchez, el prontuario conocido indica que es el mandamás del narcotráfico en la zona comprendida por los municipios de Tumaco, Barbacoas, Magüí, Roberto Payán, El Charco y Olaya Herrera, y responsable de la exportación de 90 toneladas de coca al año. Según los investigadores, el pacto consiste en que las Farc se encargan de custodiar los cultivos ilícitos y laboratorios y los ‘rastrojos’ de transportar y traficar la droga.


Si algo prueban esas últimas acciones criminales, es que a las Farc sólo les interesa mantener y consolidar su lucrativo negocio y que los colombianos no podemos caer de nuevo en la trampa de aceptar supuestos diálogos de paz. En ese sentido apoyamos al presidente Santos en la orden que ha dado a los comandantes de las FFMM de “arreciar con más contundencia y más determinación en la lucha contra el terrorismo”.  Pero con la misma verticalidad con que apoyamos su política de seguridad, le sugerimos revisar la política de recompensas, un mecanismo que francamente nos parece que está desbordado y resulta contraproducente, pues convierte a los circunstantes en cómplices que ya no regalarán su preciosa condición que les permite cobrar las jugosas recompensas.




Comentarios
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rodrigo
2012/02/03 06:35:36 am
hace mucho tiempo la insurgencia se convirtió en narcoguerrilla, y por lo tanto no es oible ningun argumentos que dichos fascinerosos planteen. ha sido un desgaste infructuoso a que se ha sometido la sociedad colombina; por un lado la permisividad y estulticia de pastrana y finalmente las rabietas bélicas de uribe velez que concentro el gasto para la guerra en corrupción.