Columnistas

Aerocivil, una Cenicienta
Autor: Alberto Maya Restrepo
30 de Enero de 2012


Parece que nuestra Aeronáutica Civil es un organismo de malas. Pocas veces llega a su dirección alguien que entienda sus complejidades y que obre con criterio y energía.

Parece que nuestra Aeronáutica Civil es un organismo de malas. Pocas veces llega a su dirección alguien que entienda sus complejidades y que obre con criterio y energía. En varias oportunidades mencioné que el anterior jefe de esa entidad, Fernando Augusto Sanclemente Alzate, se sostuvo inexplicablemente en el puesto y en mucho contribuyó a su “estabilidad laboral” el entonces minTransporte, Andrés Uriel Gallego Henao, quien le brindó soporte en cada ocasión en la que se veía comprometida, digamos, la débil autoridad del director, “autoridad” soportada en débiles conocimientos.


Con el nuevo gobierno llegó a esa dirección el doctor Santiago Castro, a quien creí persona de carácter y de firme resolución, pero lo acontecido con el manejo errático dado al caso del aeropuerto de Barranquilla en las recientes semanas da idea de que Castro como que baila al son que le toquen el Presidente Santos y su minTransporte, Germán Cardona, sin importar que por la mañana el director de Aerocivil se muestre templado exponiendo una determinación “tomada a conciencia” y por la tarde las cosas marchen de para otro lado porque a sus superiores así les pareció, con lo que el principio de autoridad queda en entredicho y otra vez la Aerocivil se ve flaquear y sin rumbo cierto.


En la actual administración del aeropuerto de Barranquilla hay españoles involucrados y desde hace tiempo se viene hablando de los problemas en el manejo de esas instalaciones y de enfrentamientos entre la autoridad aeronáutica colombiana y la firma encargada del mencionado terminal aéreo. Ese asunto está en el punto de que habrá que creerle más a la Contraloría General de la República y a la Procuraduría General de la Nación que a lo que piense y diga Aerocivil.


Tengo la percepción de que al Presidente Santos lo perjudica esa especie de manía de querer estar siempre a bien con todo mundo, así caminos trazados por alguna de las entidades del Estado tengan que ser abruptamente cambiados para dar gusto a quien protesta por lo que se había decidido y anunciado con entereza. Podría decir que la flaqueza en la aplicación de normas y políticas es tal que se ponen en riesgo, en este caso, elementos clave como la seguridad, la que debe estar implícita en cualquier acción de Aerocivil.


Lo de siempre: si no hay quién entienda qué es, para qué sirve y cómo se maneja la aviación comercial, difícilmente se logra que la oficina encargada de su regulación marche correctamente. Con el puesto de director de Aerocivil no se pueden “pagar” favores políticos; allí hay que nombrar a persona entendida y compenetrada con el medio y que la dejen obrar según parámetros de seguridad, honestidad y correcta planeación. Así como parecen haber otros funcionarios del gobierno ignorantes de sus misiones y de las tareas que deben cumplir, con la Aerocivil no se pueden correr esos riesgos y ha de reconocerse su condición eminentemente técnica.