Columnistas

Ingenuos, ampoco!
Autor: Iv醤 Garz髇 Vallejo
20 de Enero de 2012


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El tema de un nuevo intento de negociación con la guerrilla polariza al país. Eso no debería extrañar, pues es un asunto sensible, complejo, y con muchos intereses en juego. Lo que sí sorprende es la ingenuidad de ciertas posturas que se han esgrimido públicamente. Así, por ejemplo, Salud Hernández Mora despachó el asunto escribiendo en El Tiempo (15/1/2012) que “si (las Farc) de verdad quieren paz, que abandonen las armas, confiesen delitos, devuelvan secuestrados y restos de los desaparecidos, restituyan a sus víctimas y se incorporen al programa de Reintegración”. La columnista española olvida que derrotar militarmente a las Farc es lo que el Estado ha tratado de hacer desde hace 50 años, ciertamente, con más éxito en algunos períodos que en otros. Claro, la mayoría de colombianos quisiéramos que las Fuerzas Militares vencieran a la guerrilla, pero, como no lo han logrado, y quizás no sea posible o, al menos, tarde muchos años, la salida negociada del conflicto aparece como una opción válida, menos costosa y más rápida que la militar. Si se tratara de deseos, ¡pues el deseo de muchos sería que ni siquiera se hubieran alzado en armas!


La ingenuidad de esta postura se convierte en un insulto a la inteligencia cuando el mismo domingo y en el mismo periódico, el expresidente Andrés Pastrana le suelta a su entrevistador perlas como que en la agenda del Caguán se había avanzado un 80% (¡!), y que si bien el problema de la negociación en Ralito “se hizo de espaldas al país”, un nuevo proceso con las Farc ¡debe ser secreto y en el exterior! Pastrana, al igual que Samper, deberían convencerse de una vez que no es posible reescribir la historia y que, más bien, los ingratos recuerdos que tenemos de sus gobiernos se recrudecen cuando asumen posiciones mezquinas.


Pero la ingenuidad frente a la negociación con las Farc llegó a su paroxismo cuando María Jimena Duzán graduó a “Timochenko” de novelista promisorio, y se refirió a sus cartas calificándolas como “bien escritas” (un presupuesto trascendental para lograr la paz, seguramente) y advirtiéndonos que su retórica está construida sobre premisas interesantes y novedosas (¡!) que demuestran que detrás de este jefe guerrillero… ¡hay un hombre que se preocupa por leer en medio de la guerra! Con conmovedora sinceridad, la periodista escribe que “un ser así, capaz de hacernos sentir ese dolor a través de una carta, tiene que ser (¿?) un hombre que no está pensando en morir, sino en vivir… un hombre que escribe así no puede ser una persona insensible a los deseos de paz de tantos colombianos” (Semana, edición 1550).


Paradójicamente, el pacifismo del dúo Pastrana-Duzán y el guerrerismo de Salud Hernández tienen la misma base: la ingenuidad como actitud política, la candidez como visión del enemigo. Algo que creíamos superado. Aunque quizás no se trate de algo tan teórico, pues la misma lagartería que está detrás de la insospechada confesión de Pastrana de que “se la volvería a jugar” por la paz (como pidiendo el puesto de Alto Comisionado para la Paz) se adivina en aquella desprevenida confesión de Duzán: “me uno a quienes, como el profesor Medófilo Medina, quieren establecer un debate epistolar con Timochenko”.


¿Será que todo se reduce a buscar una chanfa o una oportunidad para figurar en un tema que concita tanta atención? Porque si es así, mejor dejémoslo ahí, pues infructuoso será tratar de entender tanta ingenuidad.


Apostilla: ¿Será que Pékerman debe incluir en su grupo de asesores al chamán Jorge González para que nos ayude a clasificar al Mundial 2014?