Columnistas

Toros e intolerancia
Autor: Dario Ruiz Gómez
16 de Enero de 2012


Considero que la medida tomada por el gobernador y el alcalde de Medellín de retirarle el apoyo oficial a la Feria Taurina es acertada y respetable.

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Considero que la medida tomada por el gobernador y el alcalde de Medellín de retirarle el apoyo oficial a la Feria Taurina es acertada y respetable. Pero es necesario recordar que tanto el Gobierno socialista como el actual gobierno de Rajoy continúan considerando la fiesta de los toros como un Patrimonio Nacional. El gobierno de Cataluña cerró la plaza de toros de Barcelona, pero, como se demostró, ese cierre respondió a una estrategia política basada en el odio a todo lo español que caracteriza a los nacionalistas catalanes y no, pues, como rechazo a la fiesta misma. El antitaurinismo en Colombia y sobre todo en Medellín ha surgido  como la ideología de ciertos grupos que no han tenido empacho alguno en recurrir a la violencia, al show del desnudo y a la barbaridad de destruir una escultura con tal de demostrar que son una nueva versión de San Francisco. Importantes escritores y pensadores como Ortega y Gasset, Hemingway, Mario Vargas Llosa, e infinidad de grandes escritores españoles, mexicanos, han respondido a una tradición donde grandes cronistas como Cossio, como Gregorio Corrochano, como Antonio Pérez Tabernero elevaron el idioma español a grandes alturas con un estilo renovador. ¿No cantó a la fiesta brava García Lorca?


¿A qué conclusión se llegó después de esta discusión en España? A que a nadie se puede imponer por decreto que no asista a una corrida de toros, ya que hacerlo sería imponerle una medida que vulnera su libertad. Quienes convierten en ideología política sus gustos personales caen inevitablemente en una desagradable demostración de intolerancia, ya que si a un alto dirigente político, por ejemplo, no le gusta la carne por ser vegetariano y detesta el whisky porque odia el alcohol, se hace claro que esos políticos no pueden imponerles a los demás colombianos, que nos deleitamos con un bistec o con un buen whisky, que hagamos lo mismo que ellos, ya que este es el camino que lleva a un grupo político a convertirse en una secta religiosa, pues de la moral se pasa al más terrible de los moralismos.


Yo crecí en mi adolescencia española entre la fiesta de los toros y modestamente puedo decir que conozco sus hondos significados estéticos y su dramaturgia. Considero, como lo dijo alguna vez Juan Goytisolo, que al estilo sobrio y conciso de Gregorio Corrochano, le debe mucho la narrativa moderna española. Pero me aterra la falsa fiesta colectiva con gentes embrutecidas por el aguardiente, así como me molesta el hecho de que la educación dependa del estado cantinero; me horroriza esa terrible enfermedad social que se llama ludopatía, fomentada por la inmisericorde proliferación de casinos. El estatus de respeto a los animales es fundamental y urgente para evitar el sufrimiento de éstos.


¿Hemos visto a esas hermosas jóvenes desnudarse para denunciar la diaria y alucinante violencia que día a día se ejerce en esta ciudad contra los niños? Caballos reventados, caballos golpeados, ¿la perversión de una disciplina como la equitación, el caballo de paso fino, no es a la vez la falta de respeto a las habilidades del caballo, a la ética del jinete para devenir como hoy en una bochornosa parranda de vulgares “chalanes” que abusan del noble animal? Que dé un paso adelante quien quiera tirar la primera piedra.




Comentarios
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Wilson
2012/01/16 09:02:03 am
Si comen carne, ¿a qué animal van a defender? Puro cuento. Ni los anteriores ni los actuales son capaces de soportar la libertad plena del ciudadano, siempre querrán encadenarnos a algo.