Largo & Ancho
Un jesuita notable
Autor: Rubén Darío Barrientos
4 de Junio de 2009


Los jesuitas tienen algo en común: su profundidad y su hondura intelectual. Ciegos a lo superficial, siempre producen hechos que suscitan comentarios por la esplendidez de sus talantes educador y formador. Afectos a la instrucción, le inoculan humanismo a sus actos y, son vigorosos, en tratándose de despertar exigencia. Han soportado en todas las eras los embates de los recelosos y, por sobre todas las cosas, han hecho imperar los valores de vida a través de su ingenio y su eficacia.

En el año 2003 llegó a Medellín un jesuita, de nombre José Leonardo Rincón. Vino como rector del Colegio San Ignacio y ahora –al cabo de seis años de disciplinada y fecunda gestión- deja el cargo para que lo ocupe el padre Horacio Arango. Se marcha lleno de charreteras de gestión, impregnado de galardones de obra y en medio de la abundancia de un líder indoblegable. Cuenta en un trasunto valioso, que produjo a título de informe de actividades, que “la misión que recibí de mis superiores fue explícita: reposicionar el Colegio San Ignacio en el contexto regional”. Es verdad de a puño, que deja la institución en el grado superlativo de ser una de las mejores del país. Sus ejecutorias fueron eximias y son hechos notorios sus éxitos que nadie podrá discutir, que sí envidiar.

Frente a su visión del colegio esbozada en este año, para el horizonte de un sexenio, plasmó: “en el 2015 seremos una educación referente a nivel nacional e internacional por nuestra propuesta educativa vanguardista, con sentido de responsabilidad social y desarrollo sostenible”. Su timón es impactante, porque siempre interpretó los retos de esta ciudad y los anhelos de los padres de familia. A los estudiantes les dedicó sus mejores horas, sin egoísmos y con la nobleza de un pedagogo que siembra educación.

Logró certificaciones para el colegio, como la que obtuvo bajo los estándares internacionales de la ISO 9001-2000 entregada por el Icontec y obtuvo el reconocimiento como una entidad ejemplar en América Latina por su responsabilidad social (de manos de una entidad mexicana). Hay un premio que no lo tendrá a él como rector y será recibido en diciembre de este 2009: el reconocimiento al mejor colegio del país en pruebas de estado en el período 2000-2008 por el Ministerio de Educación Nacional.

Pero él, como arquitecto que echó parte de sus bases, lo disfrutará a rabiar.

Fue Presidente de FLACSI, una red de 96 colegios de Latinoamérica. Proyectó el colegio a la ciudad y al país y mantuvo los ribetes de ser un expositor internacional muy calificado.

Consolidó las Cátedras de Liderazgo, echó los cimientos para que en el 2010 los alumnos tengan una exposición formal de muchas horas en una segunda lengua, realizó grandes obras locativas y realzó las tareas con el medio ambiente.

Buscó ser esencial con los problemas y ello lo demostró desde el fondo del comienzo. Siempre se caracterizó por su respeto al idioma, por el buen decir y por la postura de adjetivos asentados con destreza. Nunca le puso precio a la verdad, porque se distinguió por el pensar transparente y por ser directo con lo esencial. Se va tranquilo, con su inventiva, con su sindéresis, con su pequeño éxito de cada día que se juntó en alud de realizaciones. Muchas gracias por el temple, por la hondura, por la vocación y por su lucha denodada por formar jóvenes para una sociedad que verá en ellos la integralidad. Usted es de los que luchan por lograr un mundo mejor…