Columnistas

Tú me eliges, yo te ayudo
Autor: Rubén Darío Barrientos
24 de Julio de 2014


Cinco magistrados del Consejo de Estado, se declararon impedidos para decidir el caso del procurador Ordóñez (la legalidad de su reelección).

rdbarrientos@une.net.co


Cinco magistrados del Consejo de Estado, se declararon impedidos para decidir el caso del procurador Ordóñez (la legalidad de su reelección). Todos ellos, tienen familiares que trabajan en la Procuraduría: Enrique Gil (una cuñada), María Claudia Rojas (un hijo), María Elizabeth García (una hermana), Berta Lucía Ramírez (un hijo) y Hernán Andrade (una sobrina). Ya hay dos consejeros recusados, entre ellos el ponente inicial Alberto Yepes, por bocón, dado que anticipadamente divulgó en los medios su decisión. Quería hacer el show, así como nos acostumbraron los magistrados de la Corte Constitucional: Gaviria, Hernández y Araújo, quienes primero iban a Caracol o RCN a dar a conocer las sentencias y luego por la tarde las firmaban y notificaban.


Este lamentable escenario muestra el auge de los carruseles, amiguismos, reciprocidades y favores. Es inocultable el beneficio que reciben las personas que intervienen en la postulación. No olvidemos que al procurador lo elige el Senado, de una terna integrada por el Consejo de Estado, la Corte Suprema de Justicia y el Presidente de la República. En esta piñata de nombramientos, el país no olvida que el procurador ya le había hecho favores a José Leonidas Bustos, magistrado de la Corte Suprema de Justicia (la esposa), al Consejero de Estado, Gustavo Eduardo Gómez (la hija), al magistrado de la Corte Suprema de Justicia, Javier Zapata (la hermana) y al magistrado de la Corte Suprema de Justicia, Jorge Luis Quintero (el hermano). Ello, sin traer a cuento los nombramientos de familiares de senadores de Cambio Radical y del Polo Democrático. 


No menos censurable fue el hecho de que cuando se dio inicio a la sesión de reelección del procurador, el presidente de la comisión ética del Senado anunció que había 28 recusaciones contra congresistas y que 39 se habían declarado impedidos. Sin embargo, pasando de “agache”, muchos de ellos votaron y por eso el resultado final: Ordóñez sacó 80 votos a favor y votaron 93 senadores. Aclaro que no estoy satanizando solo al procurador. Son culpables los propios magistrados que salen a pedir puestos para sus familiares, sin ninguna pena, y los congresistas que no tienen vergüenza en solicitar chanfas para los suyos. Pero sobre todas las cosas, el sistema actual es errático porque se presta para hacer todas estas jugadas non sanctas y que desdicen de la pulcritud de los actos y de las nominaciones.


Ordóñez fue magistrado del Consejo de Estado. Y luego, este alto tribunal lo ternó para jefe del ministerio público. Allí están las raíces de los favoritismos y de las intrigas. Entre otras cosas, en la Procuraduría hay infinidad de cargos de libre nombramiento y remoción, que deberían ser excepcionales. En ese terreno abonado, “tú me eliges y yo te ayudo”. No hay duda de que la rama judicial y las entidades de control, deberían independizarse de los partidos políticos. A todos nos hablan de los “concursos de méritos” y de la “carrera administrativa”. Pero todo parece pura retórica. 


El caso del procurador es un ejemplo que ilustra, pero no es el único. Por eso son inaplazables las reformas congresionales a la justicia y a la designación de algunos nombramientos con apéndices politiqueros. Los concursos y la meritocracia deben prevalecer, para que el funcionario se sienta libre de las ataduras de los favores. Y a la rama judicial hay que despolitizarla, para que trabaje en lo que debe hacer: impartir justicia a secas.