Columnistas

México, tan lejos de Dios
Autor: Carlos Cadena Gaitán
11 de Febrero de 2013


Cuentan que a finales del siglo XIX, el presidente de México Porfirio Díaz declaró ante un medio internacional lo que sería una de sus más celebres frases: “Pobre México. Tan lejos de Dios, tan cerca de Estados Unidos”.


Cuentan que a finales del siglo XIX, el presidente de México Porfirio Díaz declaró ante un medio internacional lo que sería una de sus más celebres frases: “Pobre México. Tan lejos de Dios, tan cerca de Estados Unidos”.


Esa frase pasó a la historia como un resumen de lo que sería esa relación de interdependencia en muchas áreas, entre dos países poderosos. Más allá de que le hayan quitado a México un territorio inmenso (desde Tejas hasta California), la influencia del gigante del norte se siente quizá con más fuerza en el México moderno.


Por décadas, casi todas las grandes ciudades mexicanas han calcado el fracasado modelo de desarrollo urbano de los Estados Unidos. Con ciudades sobre-extendidas, altamente dependientes del carro particular, fracturadas por autopistas y viaductos inhumanos que terminan por destruir la vitalidad del corazón de las ciudades. Además de la destrucción de la calidad de vida, y la interacción humana en los barrios históricos, este modelo es devastador precisamente porque se auto-perpetúa: mientras más carros, se pide más autopistas; mientras más inseguridad en el centro, más gente huye hacia las afueras.


Sin embargo, algunos chispazos de innovación urbana están cambiando el status quo. En la mega ciudad de México DF se construyó la línea 4 del Metrobús (el sistema BRT local), que  cruza las estrechas vías del centro histórico. Se rompe así el mito que los sistemas BRT sólo funcionan en grandes vías rápidas.


Más aún, en una ciudad donde entran dos nuevos carros por cada bebé que nace, se quiebra de un tajo la resistencia hacia la bicicleta con el sistema público EcoBici. Desde la inauguración de esta estrategia integral de movilidad en bicicleta, ya han logrado montar a la cicla a hombres en corbata, mujeres en tacones, y hasta adultos mayores, quienes ahora son una imagen común en la más famosa avenida del país: El Paseo de la Reforma. Me cuenta el gestor de esta estrategia, Iván de la Lanza, que al principio los llamaban locos, les decían que jamás lograrían montar a nadie en una bicicleta en esta caótica ciudad. Ahora, son 50.000 usuarios, haciendo 18.000 viajes diarios, y las planeadas fases de expansión le apuntan a quintuplicar el número de usuarios.


Otro ejemplo valioso lo encontré en Guadalajara. La segunda ciudad de México, y capital de Jalisco; tierra del tequila. Infortunadamente, una serie de actores políticos han hecho de la expansión de vías su bandera de campaña por muchos años. Peor aún, algunos han llegado a torpedear valiosos proyectos (como la línea 2 del Macrobús BRT), simplemente por estrategia política. Aunque Guadalajara sigue siendo la ciudad más motorizada de nuestra región, su movimiento ciudadano es remarcable e incansable.


A través de la creación de la Plataforma Metropolitana por la Sustentabilidad, han logrado superar el gran obstáculo para el trabajo de seguimiento ciudadano: el ego de los líderes de los diferentes grupos. Más aún, a través de su creatividad han logrado frenar desastrosos proyectos como el de la infame Vía Express de Guadalajara (segundo piso vial), y han establecido una sólida inteligencia colectiva que los políticos no pueden ignorar.


Gracias a GDL en Bici, Ciudad para Todos, Cuadra Urb, CEJ, etc., por mostrarle a Latinoamérica que podemos curar la indiferencia y el individualismo; la gran enfermedad urbana de nuestra región. Y es que como me dice uno de los activistas: “No importa quién termine electo, al final ellos siempre terminan su período, y los únicos que siempre quedamos somos nosotros, los ciudadanos, presionando”.