Columnistas

EPM, ¿motor de desarrollo social de Medellín?
Autor: Luis Fernando Múnera López
29 de Junio de 2015


Qué bueno que Empresas Públicas de Medellín se convirtiese en el motor del desarrollo social de Medellín. Lejos de lo que podría pensarse, esto no constituiría una desviación de su objeto social; por el contrario, le permitiría retomar el rumbo que viene perdiendo desde hace varios años.

luisfernandomunera1@une.net.co


El artículo 3.° de sus estatutos le asigna a EPM la función de procurar “el bienestar general y el mejoramiento de la calidad de vida de la población”. 


De hecho, la empresa viene aproximándose a ello a través de la Fundación EPM, que desarrolla programas sociales muy importantes. Sin embargo, ni ella, ni EPM casa matriz, ni las otras empresas del grupo alcanzan todavía a impactar a fondo el desarrollo social integral de la comunidad. Lo grave es que el Municipio de Medellín y las empresas privadas tampoco lo consiguen.


¿Qué necesita Medellín? Es una ciudad rica que crece aceleradamente, pero eso no se traduce en más bienestar para el común de su gente. La riqueza y el crecimiento no constituyen desarrollo. La garantía de una vida digna y con calidad para todos los habitantes es lo que constituye el verdadero desarrollo. 


La inversión que se hace en Medellín en bienestar y calidad de vida para su gente es pequeña en comparación con los recursos disponibles y con las necesidades de la comunidad. La inversión por habitante en Medellín aumentó el 53% entre el 2012 y el 2014. Es, de lejos, la más alta en Colombia. Sin embargo, a pesar de este esfuerzo, la pobreza en la ciudad sigue sin mejorar, según la encuesta Medellín cómo vamos entregada esta semana (El Colombiano, 26 de junio de 2015). Seguimos siendo la ciudad grande más inequitativa de Colombia. 


¿Qué puede hacer EPM frente a esto? La Fundación EPM adelanta varios programas puntuales muy importantes pero muy limitados. Debería buscarse que también se vincule eficazmente a otras iniciativas del Municipio de Medellín orientadas a elevar de manera más integral el nivel de vida de las familias en los barrios de la ciudad, como son Medellín Solidaria y Proyectos Urbanos Integrales. Este podría ser un camino para que su tarea tenga más alcance y más impacto.


¿Por qué afirmo que EPM se desvió de su rumbo? Desde hace años, la empresa viene en una loca carrera en pro del crecimiento y el lucro como su finalidad principal. El gerente general, Juan Esteban Calle Restrepo, anunció: “En 2022 el Grupo EPM espera posicionarse como uno de los 50 grupos empresariales más importantes en América Latina. Para ese año deberá alcanzar, con criterios de competitividad responsable, ingresos de USD 16.000 millones y Ebitda de USD 5.500 millones”. 


La rentabilidad no es mala, pero no constituye la esencia del objeto de EPM y no está bien que en la formulación de esa meta se omita toda consideración al cumplimiento del servicio social que le corresponde como empresa del Estado. 


EPM exige que su negocio de energía tenga una rentabilidad intrínseca mínima del 11,7% anual. Por esa razón, durante los últimos siete años ha aumentado su tarifa de energía para el usuario final entre el 10 y el 12% por año, mientras que la inflación fue apenas del orden del 3,5% anual. El costo de generación de energía que EPM carga en sus facturas es hoy de $156/kWh, mientras que el costo directo de producción de su electricidad es inferior a los $80/kWh. El margen de utilidad es gigantesco. Es un abuso intolerable e inexplicable.


Es inmoral que gracias a esas tarifas exorbitantes la empresa muestre en 2014 utilidades por valor de 1,8 billones de pesos, de los cuales un billón, el 60 %, se trasladó al Municipio de Medellín. Esas no son tarifas justas, son un impuesto disfrazado.


Como conclusión de lo anterior se propone que EPM corrija el rumbo que ha tomado y se oriente a generar el verdadero desarrollo social que Medellín, su dueña, necesita. La Fundación EPM deberá vincularse a programas que procuren el verdadero desarrollo social, para reducir eficazmente la pobreza y la inequidad. 


Rentabilidad social más que financiera es el reto que les queda al próximo alcalde de Medellín y al próximo gerente de EPM.