Columnistas


El guiño del rector
Autor: Carlos Arturo Soto Lombana
19 de Abril de 2016


En mi columna anterior escribí sobre el modelo de democracia universitaria que tiene la Universidad de Nariño.

En mi columna anterior escribí sobre el modelo de democracia universitaria que tiene la Universidad de Nariño. En esta Universidad son los estamentos universitarios (estudiantes y profesores) quienes eligen mediante voto directo a sus decanos y rector. El fundamento legal de esta conquista tiene respaldo en la constitución política de Colombia, en el artículo 68, que dice: “La comunidad educativa participará en la dirección de las instituciones de educación”.


El caso de la Universidad de Nariño es único en Colombia; las demás IES (Instituciones de Educación Superior) tienen un modelo de gobierno que deposita en los consejos directivos la designación de los rectores y decanos, y en algunos casos, los consejos directivos han delegado en la figura de los rectores la designación de los decanos.


Así por ejemplo, mientras en la Universidad de Antioquia los decanos son designados por el Consejo Superior Universitario (CSU), en la Universidad Pedagógica Nacional es el rector quien designa a los decanos. Mientras en la Universidad de Antioquia los decanos no son subordinados del rector, en la Universidad Pedagógica Nacional los decanos si están subordinados al rector. La diferencia en estos dos modelos de administrativos tiene grandes implicaciones en el gobierno universitario.


Hace algunos años, una ministra de Educación, alarmada por las posturas críticas que un decano asumió sobre temas de política pública en educación, le solicito al rector de aquel momento remover al funcionario de su puesto. Dado que el rector no tenía competencia para cumplir esta solicitud, la ministra acudió a sus representantes en el CSU, lo que no tuvo respuesta favorable en la medida que los decanos son elegidos para cumplir un período estatutario y su remoción sólo se puede dar por cuestiones objetivas como la valoración negativa de la gestión, el cumplimiento del período, o la renuncia del decano.


Siempre he considerado que el modelo de designación de decanos que tiene la Universidad de Antioquia es digno de defender; está fundamentado en indicadores objetivos como la hoja de vida y la propuesta de gobierno de los candidatos; lastimosamente la consulta a los estamentos no tiene un peso específico en la elección, más allá de indicarle al representante profesoral por cuál candidato deben votar (estudiantes y egresados tienen escasa participación en la consulta). Lo cierto es que en la Universidad de Antioquia es el CSU el máximo órgano de dirección que tiene la responsabilidad de elegir a los decanos y es deber de los decanos articularse con las iniciativas del rector y de común acuerdo empujar en la misma dirección los planes de acción y de desarrollo que aprueba el CSU.


Por lo anterior, no encuentro plausible que en la elección de los decanos en la Universidad de Antioquia el CSU pregunte al rector sobre su guiño a uno u otro candidato. Permitir esto es trasgredir la filosofía que inspira el Estatuto Orgánico y genera con el tiempo un desbalance en el gobierno universitario de la Universidad. El ejemplo más claro de la importancia del modelo de democracia universitaria de la U de A lo constituye el reciente proceso de discusión institucional sobre el cambio en el examen de admisión, que terminó con la derogatoria del acuerdo académico 480 a pesar de contar con el respaldo de todo el equipo rectoral.


Desafortunadamente algunas voces autorizadas de la institución como el Dr. Jaime Restrepo Cuartas, consideran que la no aprobación de la propuesta del rector (léase examen de admisión), constituye: “…un enfrentamiento entre la máxima autoridad de la U y el órgano rector de la parte académica institucional” (El Colombiano, 27 de febrero). Tal vez esto es lo que ha motivado al exrector sugerir al CSU que en la elección de los decanos se tenga en cuenta el guiño del rector.