Territorio

Aiming to change the face of the Lower Cauca with rubber
Con caucho le quieren cambiar la cara al Bajo Cauca
Autor: Javier Restrepo Gonzalez
22 de Mayo de 2016


Un proyecto productivo que llegó a la región hace catorce años comienza a dar sus frutos. Alrededor de 1.800 familias tienen puestas en él sus esperanzas en un futuro mejor.


Después de una semana sin lluvias, la tierra rojiza empieza a quebrarse. La imagen se asemeja a la de un rompecabezas gigante con un contorno de brotes de hierba y uno que otro arbusto que ha sobrevivido a la degradación de la minería ilegal. La trocha se adivina por las huellas de las llantas de otros carros. Cuando llueva, ese rastro se borrará y entonces los habitantes de Vijagual y Cargueros, dos corregimientos del municipio de Nechí enclavados en medio de la devastación, serán los únicos capaces de orientarse como los tuaregs en el Sahara, para encontrar el camino a casa o a la plantación de caucho que aparece de la nada y se convierte en verde frontera que separa la desolación de la esperanza.


Son 110 hectáreas en las que alrededor de 55.000 árboles han madurado durante once años bajo el esmerado celo de 45 familias que han puesto en ellos su futuro. Originalmente eran 50 casas, pero la impaciencia o la incredulidad sacaron a cinco. Quienes quedaron se agruparon en la Asociación de Cultivadores de Caucho de Vijagual y Cargueros, Ascavia, una de las catorce organizaciones de productores de caucho del Bajo Cauca antioqueño y del sur de Córdoba, que le creyeron a un proyecto productivo cuyo propósito inicial era sustituir los cultivos ilícitos, según María Beatriz García, representante legal de Heveancor, la asociación que agrupa a todas las organizaciones de cultivadores en la región.


El árbol de caucho, equipado para recolectar su producción. 

Fotos: Fabián Gaviria Valencia


En Nechí, sin embargo, la iniciativa ha servido para quitarle mano de obra a la minería ilegal, según Juan Cabrera, uno de los fundadores de Ascavia, quien insiste en que los cultivos ilícitos no han sido problema en su tierra, sino la tentación de ganar dinero rápido -que no fácil- a la que están expuestos los jóvenes de su comunidad.


La idea que llegó en 2002 de la mano de la Fundación Panamericana para el Desarrollo, Fupad, logró salir adelante después de sortear muchas dificultades. Al alcanzar la etapa productiva, apareció como aliado externo Colombia Responde, una estrategia del Gobierno Nacional que cuenta con el apoyo de la cooperación internacional para la implementación de la Política Nacional de Consolidación Territorial.


Porque sí


Nadie da razón de por qué se sembró caucho. María Beatriz García es diplomática al señalar que “lo que se quería era traer un proyecto que fuera sostenible en la región como medio de economía para las familias, puesto que la parte cultural y la parte ambiental ya se veían muy afectadas (por la minería ilegal y los cultivos ilícitos)”.


Pero no es difícil deducir los motivos. Colombia importa más del 90% de sus requerimientos de caucho y la región cumple con las condiciones de altitud, vientos, lluvias y humedad en las cuales la Hevea brasiliensis se desarrolla en un menor tiempo y la vida útil del cultivo es prolongada. Y aunque con los años se han ido creando las condiciones para implementar proyectos apícolas y piscícolas, el caucho se está constituyendo poco a poco en la nueva cara del Bajo Cauca y del sur de Córdoba.


Para el caso de Ascavia, al no ser los campesinos los dueños de la tierra, el inicio del proyecto se atrasó por tres años. En 2006, cuando por fin se empezó a establecer el cultivo, la Fupad empacó maletas. “Pero después de doce meses, si uno está gateando tiene que mirar la manera de pararse”, relata Juan Cabrera, para señalar que a pesar de todo siguieron adelante, con la ayuda de los amigos que habían hecho hasta el momento, como ingenieros agrónomos, y con un tímido apoyo por parte de la Alcaldía.


En 2012, con la llegada de Colombia Responde, obtuvieron capacitación para el manejo de la plantación, para la organización administrativa de todas las asociaciones y para conseguir un aliado comercial que, hasta ahora, ha comprado toda la producción.


De derecha a izquierda: Santiago Márquez, Juan Cabrera y Juan Álvarez junto a algunos de los jóvenes que se forman en el cultivo. 


Un par de obstáculos


A pesar del panorama optimista que representaba el inicio de la etapa productiva, dos problemas salieron a la luz.


El primero, que es común a muchos campesinos en Colombia, fue la falta de vías para sacar el producto. La de Ascavia es, quizá, la situación más calamitosa. La trocha, en invierno, literalmente se borra. El pantano no deja avanzar ni volquetas ni camionetas todo terreno. La única opción de llegar al cultivo es el río Nechí, pero esta alternativa eleva los costos de producción.


Edilberto Mejía, hijo de un productor, cuenta esperanzado que el nuevo alcalde de Nechí, Miguel Enrique Franco, fue apoyado por los cultivadores bajo la promesa de arreglar la vía. En la cocina del campamento del cultivo, donde un grupo de productores le cuentan su experiencia a este reportero, le recuerdan en coro a Mejía que todos los alcaldes les han prometido lo mismo y ninguno ha cumplido. Que en todos los planes de desarrollo se ha incluido la obra, pero nadie la ha hecho. “No sabemos nada o si irá a hacer lo mismo que los demás”, concluye.


María Beatriz García relata que la mayoría de asociaciones tienen el mismo problema. “Pero en Ascavia es más grave, porque en otras partes la vía es mala pero se puede sacar la producción, pero acá no se puede” relata y expone que la asociación obtuvo una canoa propia para bajar los costos y está en planes de comprar un carro propio con el mismo fin.


La gestión de la representante legal la ha llevado a la Gobernación y al Departamento de la Prosperidad Social, pero hasta ahora no ha obtenido respuesta.


El segundo problema es paradójico: no hay mano de obra. En un país con el 10,9% de desempleo según el informe del Dane para el mes de marzo, los cultivadores necesitan de 25 personas por cada 100 hectáreas de caucho para recolectar el producto. Y no los consiguen. La razón obvia ya se expuso: la minería es más atractiva.


Don Juan Álvarez, otro de los fundadores de Ascavia, lo dice elocuentemente: “El cultivo es rentable si es la familia la que lo explota, de lo contrario la rentabilidad se iría en pagarle al recolector”. Pero muchos jóvenes prefieren trabajar un día en minería y ganar lo que obtendrían en quince días en el cultivo.


Pero no todos. Daniel Augusto Díaz Suárez, hijo de un productor, se interesó en el tema. Estudió técnica agropecuaria en el Sena y gracias a las gestiones de Heveancor y Colombia Responde se ha especializado en el caucho e incluso viajó a Guatemala para conocer los procesos en un país que es potencia en este producto.


Hoy día, Daniel enseña lo que sabe a 19 personas de Vijagual, casi todos hijos o nietos de los productores.


“El propósito es que ellos puedan replicar el conocimiento a las personas que están implementando el cultivo de caucho en la zona”, asegura.


Su capacitación incluye el manejo técnico del cultivo, la preparación para la vida laboral de los jóvenes y un proyecto de vida.


Irlena Sierra Flórez, una de sus estudiantes, cree que “la experiencia es importante y la sensación es fascinante porque cada día aprendemos más y son muchas cosas que vienen nuevas y que las podemos aplicar en la asociación”.


Para consolidar la formación de mano de obra, Ascavia construye un centro de prácticas en el campamento del cultivo. Esteban Zapata, quien es asesor, relata que gracias a la vinculación de Colombia Responde se pudo construir un centro de acopio, una bodega, un área administrativa y en este momento avanza el alojamiento para el primer centro de estudios técnicos en caucho, con capacidad para 20 personas, que permanecerían por una semana haciendo prácticas.


“Poco a poco hemos ganado espacios. La minería es atractiva, pero poco a poco se ha ganado terreno porque los jóvenes se han capacitado”, afirma María Beatriz García.


Futuro cierto


Como si de un sino del destino se tratara, las asociaciones se preparan para vivir un escenario que ya conocen: la salida del aliado. A diferencia de una década atrás, los campesinos y los gestores administrativos dicen estar preparados para caminar sin Colombia Responde.


“Todo este esfuerzo que se está haciendo es precisamente por eso, el programa ha sido nuestra mano derecha en la parte de fortalecimiento organizacional y estamos listos para afrontar el camino solos”, opina María Beatriz García.


“Si seguimos solos a los doce meses de haber empezado, si caminamos entonces, ¿por qué no vamos a caminar ahora? Si un amor se va, otro vendrá”, puntualiza Juan Cabrera.



La paciencia estira

Como cultivo de largo aliento, el caucho precisa de paciencia. Y los campesinos sí que saben de eso. Juan Álvarez, uno de los fundadores de Ascavia, relata que aproximadamente después de siete años de sembrado el árbol, el tronco debe tener un diámetro de 45 centímetros y la corteza un grosor de seis milímetros. Con estas medidas, el individuo arbóreo está listo para producir.


El primer paso es equipar el árbol con un soporte, una taza y una canaleta. Con una banderola se marca el panel de sangrado y luego se hace el rallado. El panel de sangría tiene cuatro secciones a cada lado del tronco. Según la teoría que el Sena les inculcó, cada sección de sangrado se puede rallar tres meses, de modo que “medio tronco” se podría explotar por un año.


Pero don Juan discrepa. “Cada asociación o cada país puede variar. En Guatemala dicen que hay que cuidar el ángulo de inclinación y con uno solo sería suficiente. Para una plantación joven el ángulo debe ser de 35 a 37 grados. Para una plantación adulta, la inclinación es de más de 40 grados porque es más gruesa la corteza”, explica con absoluta convicción.


Añade que lo más conveniente es rallar cuando llega el periodo de  lluvia, porque “al árbol hay que alimentarlo”.


Santiago Márquez, coordinador del laboratorio y encargado de la logística en el cultivo, relata que al laboratorio llega el látex empacado en unas pimpinas y allí se estabiliza. “Primero lo colamos para liberarlo de cualquier impureza que traiga del campo, lo cuantificamos, lo estabilizamos y lo almacenamos para luego entregárselo al aliado comercial en el puerto del municipio de Nechí”, explica y añade que del látex, como de la leche, no se desperdicia absolutamente nada. “Si lo tienes estabilizado lo puedes vender líquido y si se coagula lo vendes como sólido”.


Según Márquez, el látex que se está produciendo en Nechí llegó a tener hasta un 32% de caucho seco “lo que quiere decir que nuestro látex es de excelente calidad”.




La esperanza no se encoge

A pesar de que los primeros cultivos de caucho se establecieron en la zona entre 2005 y 2006 y de que la fase productiva comenzó en 2012, la esperanza ha mantenido firmes a las familias que decidieron jugarse su futuro con el proyecto productivo.


“Si no fuera así ya lo hubiéramos abandonado. Tenemos la fe de que esto va a transformar nuestras vidas y la de nuestros hijos”, relata María Beatriz García, representante legal de  Heveancor y recientemente nombrada como integrante de la Junta Directiva de la Confederación Cauchera Colombiana.


“Este es un cultivo que va despacio, pero con pasos fuertes, y hoy se ven cosas que se han conseguido”, señala, haciendo alusión a dos grandes logros de la organización: el primero, conformar su propia empresa comercializadora y, el segundo, poner las bases para la construcción de un horno crematorio que le permitirá procesar el látex y darle valor agregado a la hora de venderlo como materia prima.


“La empresa comercializadora ya está constituida y ya empezamos a comprar”, dijo y anunció que ya está el lote adecuado para la planta cremadora, que debe estar lista en cuatro meses, con un valor de $1.800 millones, con los recursos de Usaid y de la propia organización. Además se espera hacer una emisión de bonos para vincular a otras empresas caucheras del país y obtener capital de trabajo para cofinanciar la iniciativa, que en estos momentos está en la etapa de licitación y debe empezar a construirse en junio.


Santiago Márquez, coordinador del laboratorio de Heveancor, señala que Colombia importa el 93% del requerimiento interno de caucho, por lo cual “tenemos un potencial enorme, lo que necesitamos es entender que la plantación de látex es nuestro futuro”.