Derechos Humanos

Education, victim of the conflict
La educación, víctima del conflicto
Autor: Deisy Johana Pareja
3 de Marzo de 2013


Aunque la Personería de Medellín y algunos docentes reconocen que la guerra entre bandas criminales ha causado deserción escolar, la Secretaría de Educación afirma que la  cifra no es abismal.


Foto: Esneyder Gutiérrez Cardona 

Muchos de los alumnos de la Escuela San Javier La Loma de la Comuna 13, tienen que pasar al menos tres fronteras invisibles y escuchar balaceras en las horas de la tarde. 


Carlos* de 12 años, no ha podido terminar sus estudios primarios porque para acceder a su colegio tiene que cruzar varias fronteras invisibles, lo que podría costarle la vida, pues un supuesto integrante de un combo le advirtió que no transitara cerca de la institución. 


A lo que se le suma el terror que causó la tortura y el asesinato de dos niños de 11 años a manos de miembros de bandas criminales por cruzar una frontera en la Comuna 13. El hecho les hizo comprender a los habitantes de la zona que la orden que imparten los delincuentes es en serio. 


Según Yaneth Rivera, la madre del menor, como su hijo cerca de 40 niños no se han atrevido a reanudar sus estudios y otros 60 no son constantes en las clases.


Los padres de familia temen arriesgar la vida de sus hijos al transitar por las fronteras de los barrios El Hueco, La Y, El Cristo, El Morro y El Corazón, en este último está ubicado el colegio Vida y Paz, donde estudia Carlos. 


“Al miedo de cruzar las zonas prohibidas se le suma el riesgo de ser víctimas de una bala pérdida y de  ser vinculados a los grupos ilegales”, dice Rivera.


La misma problemática afrontan los alumnos de La Institución Educativa Loma Hermosa, también de la Comuna 13, rodeada de tres fronteras que controlan las bandas de San Pedro y La Loma.


De allí, según registró la Personería de Medellín, en el último año han renunciado el rector y seis docentes por presuntas amenazas de grupos armados. Un profesor de la institución confirmó que también han desertado más de 220 estudiantes.


Aunque la Secretearía de Educación no tiene el cálculo de cuántas instituciones públicas están en medio de zonas controladas por combos, la Personería de Medellín presume que  el número es alto. 


Jesús Alberto Sánchez, personero delegado para los Derechos Humanos, explica que las fronteras se hacen más visibles cuando inicia la jornada académica, debido a que los alumnos que viven en otros barrios tienen que romperlas para llegar a sus colegios. 


El Ministerio Público en su informe de Derechos Humanos de 2012 explica que la violencia, el desplazamiento forzado, la amenaza a docentes, las fronteras invisibles y los combates entre grupos armados son algunos de los principales factores que afectan la calidad de la educación.


La Personería hizo una investigación con más de 60 Instituciones públicas de la ciudad y encontró que el 90 por ciento de los entrevistados, maestros, padres y rectores coincidieron con que el conflicto limita el acceso a la educación. 


Aunque son muchas las madres que aseguran que no envían a sus hijos a la escuela por la presencia de grupos armados en los alrededores, Luz Elena Gaviria, secretaria de Educación, afirma que la deserción escolar no es alarmante. La Comuna 8 registra una matrícula del 88 por ciento y la 13, del 99 por ciento. 


Sin embargo y como lo explica Yaneth Rivera: “matriculé a mi hijo, pero solo pudo asistir la primera semana, como él hay un sinnúmero de estudiantes que aunque ya pagaron el año, no se atreven a desafiar las leyes de los combos”, concluye. 




Poca deserción


Aunque Luz Elena Gaviria, secretaria de Educación, reconoce que el  conflicto de la ciudad es complejo, asegura que la deserción es muy baja.


La funcionaria explica que a la fecha, están matriculados 294.246 estudiantes en colegios oficiales, lo que significa un 95,29%. En febrero del año anterior, solo se alcanzó 124.912 matriculas. 


La comuna 8 registra 18.863 estudiantes matriculados  y 2.948 sin matricularse, la 13 reporta 16.716  matriculas y 1.482 menores descolarizados.