Derechos Humanos

House of torture in Medellín is being denounced
Denuncian casas de tortura en Medellín
Autor: Deisy Johana Pareja
20 de Junio de 2012


Defensores de derechos humanos afirman que las organizaciones criminales tienen casas de tortura donde eliminan a sus enemigos. La Fiscalía dice que no hay pruebas de su existencia.


Según las autoridades, la tortura es una táctica que aplican los grupos armados, mafias, guerrillas y bacrim para eliminar al enemigo y obtener información.

Gráfico: Álvaro Tuberquia Henao / EL MUNDO

No hay investigaciones, no hay rastro de cadáveres y pocos se atreven a hablar en voz alta de las casas de tortura utilizadas por grupos armados ilegales en el Valle de Aburrá. Allí, criminales desmiembran y hasta pican a sus víctimas. Luego las desaparecen. Así lo denuncian Luis Fernando Quijano, presidente de la Corporación para la Paz y el Desarrollo, Corpades, y Carlos Arcila, coordinador de la Mesa de DD.HH. del Valle de Aburrá.


“Según información de vecinos, en esas casas tienen aparatos sofisticados en los que muelen a la gente para luego tirarla por el retrete o al río Medellín, donde se desvanecen. No queda rastro”, revela Arcila.


Mari*, vecina de uno de los supuestos lugares donde se cometen estos crímenes en la Comuna 16, asegura que, aunque los habitantes del barrio no se atreven a comentar, es evidente que las personas que entran allí no vuelven a salir. “Cuando le suben el volumen a la música es porque están torturando a alguien y algunas veces, entre canciones, se escuchan quejidos de personas”, cuenta.


Jairo Herrán Vargas, expersonero de Medellín, confirma que mientras estuvo en el Ministerio Público conoció múltiples denuncias de las casas de tortura. “Los grupos armados desplazan a los habitantes de las viviendas y se apropian de ellas para hacer sus fechorías”. Y agrega: “estos asesinos detienen a las víctimas, las torturan para obtener información o para ajustar cuentas. A algunos los descuartizan y los arrojan al río Medellín”.


Quijano afirma que estos cuerpos también son enterrados en los solares y patios de estas casas. “Los autores de estos crímenes atroces son los llamados ‘carniceros’, personas que son entrenadas especialmente para desaparecer”, precisa.


A Corpades y a la Mesa de DD.HH. han llegado denuncias de la ubicación de estas casas en las partes altas de las comunas Popular, Santa Cruz, Doce de Octubre, Villa Hermosa, La Candelaria, San Javier y Belén. También en los corregimientos de San Antonio de Prado y Santa Elena, y los municipios de  Bello, Caldas e Itagüí.


El presidente de Corpades revela que, por información de vecinos, conoció que en los lugares donde tienen presencia los “urabeños” y la llamada “oficina” es común que haya casas de tortura. “La más famosa está en Belén y es conocida como ‘El matadero’”.


Fuentes confidenciales afirman que en el barrio La Bolsa, en Belén Rincón, operó una casa de tortura que hace menos de dos meses fue desmantelada por las autoridades, pero que hasta el momento no se ha revelado porque es información reservada. “En el operativo se capturó a una desmembradora de cuerpos”.


EL MUNDO indagó a las autoridades de la Policía Metropolitana pero no se obtuvo ninguna información.


Rodrigo Ardila, personero de Medellín, asegura que no ha recibido ningún tipo de denuncia de la comunidad sobre estos sitios clandestinos.


Jairo Herrán Vargas, expersonero, explica que el Ministerio anterior denunció que cuando reducían las cifras de homicidios subían las desapariciones forzadas. “Estas organizaciones prefieren la desaparición porque hay más garantías de impunidad que en el homicidio. Pues en el asesinato, así no se identifique al autor, la víctima está ahí. En cambio en la desaparición aparentemente no hay víctimas”, explica.


Aunque la actual Personería afirma no tener conocimiento sobre estos sitios de tortura, algunos líderes de derechos humanos en la ciudad dicen que las desapariciones forzadas continúan. “Si la tendencia era desaparecer y si continúan las disputas y la presencia de grupos armados, lo más seguro es que el fenómeno persista en la ciudad”, sentencia Herrán.


Búsqueda


De acuerdo con voceros del CTI de la Fiscalía, en el 2009, durante visitas en los barrios, la entidad recibió denuncias de las casas de tortura en Belén Rincón, en Buenos Aires, en La Balastrera, un sector del corregimiento de Santa Elena y cerca del sitio conocido como Hogares Claret, en el barrio Villa Turbay, de la Comuna 8.


A pesar de que no se registraron denuncias formales al respecto, la Fiscalía asegura que su Cuerpo Técnico de Investigación, CTI, llegó hasta los puntos informados por la comunidad para verificar la veracidad de las quejas.


“El CTI hizo investigaciones, pero no encontró evidencias, también hizo prospecciones con antropólogos forenses y perros, pero tampoco se hallaron fosas en las casas señaladas”, explican voceros de la entidad.


Los expertos del CTI de la Fiscalía afirman que mitos hay muchos, pero la realidad es que la gente no denuncia.
El expersonero, el presidente de Corpades y el coordinador de la Mesa de DD.HH. advierten que debido a que estas casas de tortura están relacionadas con el conflicto urbano, las personas temen denunciar ante las autoridades porque creen que pueden ser los próximos en desaparecer.



“La casa del terror”


Jairo Herrán, expersonero de Medellín, recuerda que en el barrio San José de la Cima, en la Comuna 3, zona Nororiental, la Policía descubrió una casa donde se cometían múltiples asesinatos y fue denominada por las autoridades y los vecinos como la "casa del terror".


El 27 de julio del 2010 el entonces alcalde de Medellín, Alonso Salazar y las autoridades demolieron la casa que fue el símbolo del miedo por el conflicto urbano por más de una década. "Los vecinos sabían que en esta casa se vendía droga, se cometían abusos sexuales y múltiples asesinatos, pero pocas veces denunciaron por miedo a represalias de las bandas criminales", dice Herrán.


De acuerdo con información de vecinos de la época, en esta casa clandestina sacaban costales y bolsas, sospechaban que eran cuerpos, pero nunca nadie se atrevió a comprobarlo, ni a denunciarlo.


"La llamada ‘casa del terror’ es una prueba que estos sitios no son un mito urbano, existen, y al interior de ellas se están haciendo cosas macabras que las autoridades no investigan y quedan en la impunidad", concluye Carlos Arcila, coordinador de la Mesa de DD.HH. del Valle de Aburrá.


 




Hornos crematorios


De acuerdo con Quijano y Arcila, moler los cuerpos para no dejar evidencias tarde o temprano dejará de ser un mito urbano, como lo fue los hornos crematorios que utilizaban los paramilitares del Bloque Cacique Nutibara de las Autodefensas para incinerar a sus víctimas en la década de los noventa, en el sur del Valle de Aburrá.


De estos hornos crematorios no había información precisa hasta que en el 2010 un desmovilizado confesó, en versiones libres, la utilización de esta práctica para desaparecer cuerpos. Según el relato "en esa época sus superiores dieron la orden de desaparecer a sus adversarios ‘de cualquier manera’, para no dejar rastros y evitar que las cifras de homicidios crecieran de manera desproporcionada en zonas urbanas".


El paramilitar aseguró que  la máquina estaba en una finca, ubicada entre los municipios de Caldas y La Estrella. Pese a que dio las coordenadas a las autoridades del CTI de la Fiscalía, los expertos no encontraron el horno crematorio, tampoco dientes, ni accesorios que probaran la existencia de la máquina.


Las autoridades continúan investigando y esperan que haya más desmovilizados dispuestos a confesar para comprobar la utilización de estas prácticas por parte de grupos al margen de la ley.