Palabra y obra

Carlos Ciro: “I translate from a feeling of the sense”
Carlos Ciro: “Traduzco desde una emoción del sentido”
14 de Junio de 2014


El poeta y ensayista Carlos Ciro relató cómo fue el proceso de traducción de la obra de Fernando Pessoa, para el libro “Yo soy una antología”, recientemente publicado por la Editorial de la Universidad de Antioquia.


Foto: Cortesía 

Carlos Ciro durante el proceso de estudio de la obra de Fernando Pessoa.

Óscar Jairo González Hernández


Profesor Facultad de Comunicación


 y Lenguajes Audiovisuales


Universidad de Medellín


Especial para EL MUNDO


¿En qué momento se dan en usted, en su formación desde las inquietudes y problemas en los que se involucra, la relación del pensar y el poetizar y cómo las ha mantenido en su evolución o involución? 


“No puedo determinar, de manera precisa, un momento en el que la relación entre el pensar y el poetizar se me haya revelado como una relación intrínseca, como una conjunción que elude cualquier intento de separación, de disyunción; quizá el primer contacto con el término filosófico griego poiesis (ποίησις) aunado con una sensación sobrecogedora de la importancia capital del lenguaje en la configuración y comprensión del mundo haya sido el desencadenante de esa búsqueda que no sabe qué busca, pero va”.


-¿En la membrana misma de su poesía, el lector se halla siempre moviéndose entre oquedades, cavernas, fisuras, grietas, texturas, por qué esa intención tan visual y tan táctil?


“Considero una condición natural de la palabra escrita -de esas marcas que rompen la continuidad lisa del papel- la de presentarse tal y como las texturas terrenas que a un tiempo ocultan y muestran, señalan y borran, fijan y transmutan; y que son, una y otras, acotaciones del mundo, mojones de lo real que permiten mantener el sueño”.


-¿En la relación de la ciencia y la poesía, en la que usted se mueve, con mayor o menor intensidad e interés, cómo se mezclan una y otra?


“A mi ver, todas las parcelas del conocimiento humano, todas las aventuras del espíritu (sean estas ciencias o artes) ocurren y tienen por materia un lenguaje; y, en consecuencia, todas se reconcilian y se interconectan allí, en esos puntos donde unas u otras consiguen que algo haga el tránsito del no-ser al ser, la poiesis”.


-¿Cómo se evidenció para usted, la necesidad y la temperatura de la poesía y en qué medida media esa necesidad y temperatura del lector de poesía que es? 


“Sin duda mi necesidad es la del lector, la del leedor, y mi escritura es resonancia, es la señal de la confluencia de ondas y vibraciones leídas en mi estanque de palabras acumuladas, mi escritura es testimonio de la idéntica materia de los valles y las crestas de estas ondas y es el movimiento que busca su quietud”.


-¿De dónde y cómo y por qué se dio en usted, consciente o inconscientemente su nexo (nexus) con la poesía y la estética de Fernando Pessoa? 


“El hallazgo en la obra pessoana, tanto poética como reflexiva, de una consciencia lúcida (quizá incluso hiperlúcida) de la pasmosa inconsistencia del principio de realidad y la aceptación valerosa y tranquila de las consecuencias que dicha inconsistencia trae consigo como la imposibilidad de la identidad, la equivalencia que disuelve todos los contrarios; e incluso, la inmensa improbabilidad de toda alternativa”.


-¿Cómo lee usted a Pessoa, desde o no sus heterónimos; tiene usted como lector unos heterónimos para leerlo?


“Leo a Pessoa como leo cualquier otro autor, tal vez siguiendo, por ponerlo en palabras, la sentencia del semiheterónimo Bernardo Soares: ‘Leer es soñar de la mano de otro’”.


-¿Cómo lleva a cabo, desde qué sensaciones o racionalidad y de movimiento del escuchar, la traducción de los textos de Pessoa, básicamente la poesía?


“Traduzco desde una emoción del sentido. Encontrando el punto de resonancia de la idea que cada poema o cada escrito trae consigo, procuro verter esa idea en mi lengua y aguzo el oído como a un filtro hasta que sienta en ella el sabor del agua fresca”.


-¿Cómo hace usted para traducir a Fernando Pessoa: incluye o borra sus teorías estéticas como el sensacionismo, el teatro estático o una estética no aristotélica, por decir? 


“Quisiera pensar que cuando traduzco a Pessoa tengo en mente todo lo que he leído de él y sobre él, el conjunto de su obra publicada en sus tres lenguas de escritura (portugués, inglés, francés; y también las circunstancias vitales y sociales que acompañaron su escritura y que me ha sido dado conocer o descubrir; y, sobre todo, el derrotero que trazan sus escritos de auto-interpretación”.


-¿En qué momentos duda de la eficacia y el alcance de esa traducción, o por el contrario no le interesan ni la eficacia ni el alcance de las mismas? 


“Creo que la intención íntima de la escritura pessoana deja por fuera cualquier pretensión de efecto o de alcance; en la escritura pessoana se pone en obra una pulverización no solo de la ‘personalidad’ de quien escribe sino también de la escritura misma: se escribe para borrarse, borrando. Confío en que la traducción, más que consciente de su alcance o de su eficiencia, mantiene la tensión de la intención del original y acepta su condición de deriva”.


-¿Qué intencionalidad y provocación de poseso o no, tiene como poeta y como traductor, de usted mismo poeta y de traductor de poesía? 


“En uno de los manuscritos de Pessoa para el famoso poema I de la serie El guardador de rebaños, atribuida al heterónimo Alberto Caeiro, se lee: ‘Ser poeta no es una ambición mía / es mi manera de mirar hacia mi sombra’; oso tomar para mí el espíritu de esa frase, y decir: ser poeta o traductor de poesía no es una intención mía, es mi manera de mirar las sombras que me acompañan cuando algún destello las delata”.


-¿Podría indicarnos unos principios estéticos que usted se da y forma para su creación poética o los necesita y por qué?


“Un capítulo interesante y resonado de la vida de Pessoa fue su relación epistolar (y su breve encuentro) con el controvertido poeta y ocultista inglés Aleister Crowley quien en sus Textos sagrados de Thelema enunció el que tal vez sea el más general de los principios estéticos: ‘Haz lo que quieras será el todo de la Ley’”.


-¿Y del traductor de Fernando Pessoa, considerando que Wilde decía que: (…) “Revelar el arte y ocultar al artista es la finalidad del arte”? 


“Tengo a la traducción por conversación intemporal y repetible, por diálogo incesante entre el autor y el traductor, ambos balbuciendo en procura de que las palabras alguna vez se adecuen a las cosas y que ocurra el decir poético que les dé forma y lugar en el mundo”.


-¿Qué tanto, en cuánto que han iniciado e incitado en su formación sensitiva los poetas Henri Michaux e Yves Bonnefoy, y cómo han alienado o liberado su relación con Fernando Pessoa?


“Michaux, Bonnefoy, Rilke, Celan, Jaccottet, Jabès, Trakl, Sófocles, Shakespeare, Eliot, Ungaretti, Joubert, y un largo etcétera que me gusta pensar bien filtrado y que sigue aceptando presencias y ausencias son compañía permanente en mi formación sensitiva y me incitan, una y otra vez, a la alienación constructiva de mis relaciones, en general con la poesía y el pensamiento; y, en particular, con la obra de Pessoa”.


-¿Qué es y en qué consiste en toda la dimensión totalizante de la tarea que usted realiza, lo que denominas: Lo incesante? 


“Lo incesante es el vértigo, esa quietud que no cesa”.



“Ah! La angustia”

“Ah! La angustia, la abyecta rabia, la desesperación


De no yacer en mí mismo desnudo


Con ánimo de gritar, sin que sangre el seco corazón


En un último, austero alarido!


Hablo -las palabras que digo son nada más un sonido:


Sufro -Soy yo.


Ah, extraer de la música el secreto, el tono


De su alarido!


Ah, la furia -aflicción que grita en vano


Pues los gritos se tensan


Y alcanzan el silencio traído por el aire


En la noche, nada más allí!


Enero 15 de 1920”.


Versión de Rafael Díaz Borbón.




Carlos Ciro

Esta es la semblanza autobiográfica del poeta y ensayista Carlos Ciro.


“Carlos Ciro nació en Medellín el ducentesimovigesimoprimer día de 1974; un viernes nublado hacia las 11:15 h. de la mañana, después de diez meses de amena gestación en el vientre de su paciente madre. El firmamento de su primera noche exhibió una luna gibada menguante (iluminada en un 69,34 % de su superficie visible) que cruzaba la constelación de Aries. 


Habida cuenta de su desarrollo posterior, es dable pensar que buena parte de ese primer día se haya resistido con llanto al cambio de hábitat. Su familia, numerosísima para los cánones actuales, estaba conformada, además de por su madre, Luz Rocío y su padre, Alcides de la Cruz, por cinco hermanas (Marta María, Fabiola Inés, Beatriz Elena, Lucila y Ángela María) y dos hermanos (Jorge Alberto y José Manuel). 


La casa de la familia ubicada sobre Ecuador (topónimo de la carrera 48) era habitada también por el ruido -entonces moderado- de esta vía arterial que en la sociedad ultra-católica de entonces conducía las procesiones sacras entre la Iglesia del Señor de las Misericordias de Manrique y la Catedral Basílica Metropolitana de la Inmaculada Concepción de María en el Parque Bolívar, y por los ocasionales ladridos roncos de ‘Capitán’, un pastor belga, tal vez de una casa vecina, sobre cuyo lomo fuera montado el niño para algunas fotos en su primer año de vida (…)”.