Cultural

An inconvenient “truth”
Una “verdad” incómoda
Autor: Javier Restrepo Gonzalez
13 de Mayo de 2012


Los resultados de las investigaciones sobre el estrés y el dolor en el toro de lidia, realizadas por el doctor Juan Carlos Illera, resultan sorprendentes y polémicos, pero también retan a las organizaciones defensoras de los animales

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Foto: Giuseppe Restrepo 

El médico veterinario Juan Carlos Illera, de la Universidad Complutense de Madrid, expuso su investigación a los aficionados de Bogotá, Cali, Manizales y Medellín por iniciativa de la Asociación Pro Defensa de la Fiesta Brava, Asotauro.

¿Siente dolor el toro durante la lidia? ¿Se estresa? La respuesta obvia para cualquier persona, sea o no aficionada a la tauromaquia, debería ser sí. Pero las investigaciones realizadas por el Departamento de Fisiología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid dan unos atenuantes tan sorprendentes que, por ello mismo, se tornan polémicos.


Las investigaciones, valga decirlo de una vez, ni niegan que el toro se estrese ni niegan que el toro sienta dolor, como lo hacen ver los contradictores de la investigación (contradictores, por cierto, desde la retórica, mas no desde la ciencia), sino que revelan que la lidia no es el momento de mayor estrés para el animal y que su sistema nervioso es capaz de bloquear el dolor tan rápido que por ello mismo regresa a la “pelea” una y otra vez.


El doctor Juan Carlos Illera, quien niega ser aficionado a los toros, dice dormirse en las corridas y califica a las plazas como “los lugares más incómodos de España”, es el autor de tales investigaciones, las cuales comenzó en 1993 en Las Ventas de Madrid, y cuyos resultados él mismo no creyó en sus inicios.


“Hasta entonces el toro había sido objeto de investigaciones sobre sus extremidades y sobre sus astas, pero nada sobre su fisiología”, dijo al iniciar su exposición ante los aficionados de Medellín, reunidos en días pasados en el Diez Hotel.


El interés por el toro de lidia surgió dentro de la línea de investigación de “fisiología del estrés en animales salvajes” y la hipótesis fue lo más predecible del mundo: que el toro se estresa durante la lidia.


Primeros pasos


Con 150 animales analizados en la Plaza de Toros de Las Ventas la hipótesis quedó por el piso. A estos ejemplares se les tomaron muestras de saliva al salir de la dehesa, al llegar a la plaza, antes de salir al ruedo y una vez muertos. Los factores medidos indicaban que el estrés era más alto antes de la lidia que después.


Así las cosas el grupo del doctor Illera optó por cambiar el método de medición. Debió esperar dos años para reanudar el trabajo, pues muchos ganaderos se opusieron a que sus ejemplares fueran medidos. Fue entonces cuando acudió a plazas distintas a Las Ventas, pero al final regresó a la Catedral del Toreo con sus tubos y sus jeringas.


Después de 800 animales estudiados, el resultado seguía siendo contrario a la hipótesis.
“Con diez factores es posible publicar un trabajo en una revista científica, en temas como el cáncer, ¡y aquí ya íbamos por 800!”, resalta el científico. Pero aún así, los primeros resultados se hicieron públicos -no aún en una revista científica- hace 6 años, después de analizar 1.500 toros.


Mediante el implante de un microchip, los investigadores pudieron leer los indicadores del estrés, ya no solo antes o después de la lidia sino incluso en cada momento de la misma.


Los microchips son los mismos que se usan en los corredores de fondo para saber qué pasa en el cuerpo, más allá de la presión arterial. Se trata, pues, de la última tecnología en investigación.


El estrés


Una definición de estrés, dada por el propio equipo del doctor Illera, fue: “una respuesta no específica del organismo ante cualquier demanda que se le imponga”. Esto es muchos órganos que responden al instinto de autoprotección del cuerpo, el cual surge ante causas físicas y sicológicas de alta o baja duración o intermitencia.


La respuesta al estrés se produce en el sistema neurológico del animal y en el sistema endocrino. La vía de respuesta es la liberación de epinefrina desde la médula adrenal la cual da velocidad a la circulación de la sangre. El organismo “entiende” que le falta alimento y por ello manda más sangre a todo el cuerpo. De manera simultánea se libera la norepinefrina, cuyo efecto es el contrario de la epinefrina.


Se liberan también las hormonas Adrenocorticotropa (Acth) y Cortisol, la cual actúa, entre otros, sobre el páncreas -generando más insulina- y sobre el hígado -generando más glucosa-.


Estas complejas reacciones endocrinas producen en el animal un comportamiento determinado: ante la percepción de un estímulo, que es la amenaza, el animal puede reaccionar luchando o huyendo. La mayoría de los toros luchan. Por lo tanto el toro ataca todo lo que se mueve y solo un 10% trata de huir. Los que saltan al callejón siempre van tras algo que les llama la atención, lo que de paso desmonta el mito de la mansedumbre de estos toros.


El astado, cuando sale al ruedo, se encuentra ante algo desconocido, explica el doctor Illera. Por lo tanto se prepara para atacar al “dueño” de ese territorio. Lo recorre y lo identifica con el olfato. Es cuando el torero observa su comportamiento.  Cuando el animal tiene control territorial queda en alerta. Es cuando se para. Está listo para defender ese territorio.


Si bien en las primeras mediciones se determinó que el mayor estrés lo pasa un toro en el camión que lo transporta de la ganadería a la plaza, el sistema de microchip permitió comparar el estrés en las fases de la lidia: salida, puya, banderillas y estoque. El punto más alto, que es la salida al ruedo, marcó 20 nanogramos por mililitro (ng/ml) de la hormona Acth, mientras al momento del estoque marcó 7,5 ng/ml. El cortisol, por su parte, pasa de 40 ng/ml en la salida a 20 ng/ml al momento de la “suerte suprema”.


El dolor


Lo primero que aclara el doctor Illera es que en los animales no se puede medir el dolor “en términos de padecimiento o pena”.


Los estímulos en los seres vivos se pueden clasificar por su localización en cutáneos, musculares, articulares y viscerales. El estímulo envía al cerebro un mensaje que libera la proteína llamada proopiomelanocortina (Pomc), que a su vez activa los neurotransmisores conocidos como beta endorfinas y beta encefalinas encargados de bloquear los receptores del dolor.


El doctor Illera señala que de este modo el toro sube su umbral de dolor, es decir, siente menos dolor. Las endorfinas pasan de 5 pg/ml (picogramos por mililitros) en la salida a 15 pg/ml en la puya, 20 pg/ml en banderillas y 25 pg/ml en el estoque.


Como se ve, mientras las hormonas del estrés bajan, los bloqueadores de dolor suben.
Pero hay más. Si como dijo Friedrich Nietzsche, “el dolor solo está en nuestro cerebro”, entonces se analizó el impacto del estímulo en el cerebro del toro. Se encontró que el tamaño del tálamo es mayor en el toro de lidia que en otros vacunos, por lo cual la información (el dolor) circula más rápido y la respuesta de reacción es más acelerada.


Si la velocidad de la neurona talámica del toro de lidia es de 48 metros por segundo (un 70% más rápido que en otros vacunos), dice el doctor Illera que entre 3,4 y 4,2 segundos después del estímulo, el animal deja de sentir dolor. “Por eso regresa a la puya”, sentencia.


Estos resultados, como es apenas lógico, son un insumo nuevo para los defensores de la fiesta brava, quienes se siguen caracterizando por aportar argumentos al debate mientras esperan que así mismo actúen sus contradictores, y no solo por las vías de la agresión.




La corrida vs. otros festejos


La investigación del Departamento de Fisiología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid se dio a la tarea de comparar los niveles de estrés en los distintos festejos taurinos existentes, encontrando que la corrida de toros tradicional es el evento en el que los toros sufren menos estrés, comparado con las corridas de rejones, los recortes y la lidia portuguesa, en la que el toro no muere.


Medidos los índices de cortisol, que es llamada la glándula del estrés, se encontró que mientras en el transporte el índice es de 45 ng/ml en general, al final de la corrida de rejones es de 35 ng/ml, al final de los recortes es de 40 ng/ml y al final de la lidia portuguesa es de 45 ng/ml. Al final de una corrida de toros, es de 20 ng/ml.


La explicación es que en rejones, el mayor tiempo de lidia y el mayor esfuerzo físico inciden, al igual que en los recortes; y en la lidia portuguesa la razón es que tras la faena el toro regresa al camión de transporte para ser llevado al matadero.





Contradictores en el papel


En un reportaje que hiciera el diario "Público" de España en 2009 (http://bit.ly/JpUtdo), se menciona la existencia de una Asociación de Veterinarios abolicionistas de la tauromaquia, registrada en el Ministerio del Interior de ese país bajo el número 591.095.


Tal asociación, alojada en la dirección web https://sites.google.com/a/avatau.com/www/, habría sido creada "ad hoc" para "contestar a las teorías de Illera".


Sin embargo en su portal web no hay ningún contenido que conteste directamente las tesis de Illera ni ninguna investigación propia que demuestre algo contrario.


Lo que sí hacen es promover el antitaurinismo a través de métodos ampliamente conocidos: manifestaciones, propaganda negra, afiches y pancartas, así como lobby ante autoridades autonómicas.


Según "Público", estos activistas "denuncian que la carrera veterinaria depende aún demasiado de los puestos de trabajo que genera la tauromaquia y que por eso no permiten que se alcen voces críticas contra la lidia".






Comentarios
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LUIS
2012/05/13 06:19:07 pm
Felicitaciones a El Mundo por publicar artículo de tan elevado nivel intelectual sobre tema tan dbatido no siempre con verdades sino con insultos y mendacidades.
José
2012/05/13 04:14:07 pm
En nuestra página, que se menciona en el artículo, existen numerosos escritos que rebaten, a través de extensas revisiones bibliográficas, el estudio del que se hace eco su diario. Nosotros no podemos rebatir esta hipótesis por medio de estudios de campo. Primero porque no nos dedicamos a la investigación y segundo porque resulta evidente que los ganaderos y los empresarios taurinos no nos lo iban a permitir. De cualquier forma, y como he dicho hemos explicado las razones por las que este estudio no tiene validez científica y así lo hemos explicado recientemente en la facultad de veterinaria de Cáceres a los alumnos de la asignatura de taurología.