Cultural

Hugo Mujica: poetry in a raindrop
Hugo Mujica: la poesía en una gota de lluvia
Autor: Jaime Darío Zapata Villarreal
21 de Junio de 2016


El poeta argentino es una de las voces más originales de la poesía actual en español. Traducido a varios idiomas, Mujica ha logrado crear un estilo propio anclado en la parquedad, en la precisión de la palabra.


En la brevedad, en lo mínimo de la palabra, la poesía de Hugo Mujica (Argentina, 1942) se refugia adentro y encuentra su sitio. Es una poesía que resta, que suma sólo lo necesario y se aleja del ornamento y la retórica. Es una escritura que se origina desde la extrañeza ante el exceso, como un abrirse ante el silencio y aguardar su abrazo. Se podría decir que Mujica atesora, en su pulso, una poética de la levedad.


Invitado especial de este año al Festival Internacional de Poesía de Medellín, Mujica no sólo participará en varias lecturas en la ciudad y otros municipios sino que realizará, bajo su tutoría, algunos talleres de poesía. En entrevista con El MUNDO, Mujica habló de su biografía, de sus orígenes en la escritura, de la poesía (entiéndase este término en toda su amplitud) que lo mueve, de su visión de la Argentina y de otros asuntos más o menos importantes. 


Hugo, ¿qué momentos de su biografía son cruciales para entender su poesía?


Mi biografía es sintética, como es lo mío. Yo podría dividir mi vida en tres nacimientos: primero cuando nací y me dieron el nacimiento y con el nacimiento me dieron un lenguaje, una lengua madre. Y después a los 19 años cuando decidí irme de Argentina, de todo lo conocido: decidí viajar y conocer. Así viví diez años en New York y ahí siento que nací a mí mismo, hasta que yo me tuve que dar la vida. A mí tampoco me dieron un lenguaje: yo tuve que conquistarlo. Mi tercer nacimiento es cuando entro en la vida monástica (siete años de silencio absoluto) y ahí siento que nací a la poesía y en la poesía a la trascendencia. Y que en vez de ser un tercer lenguaje esto fue la entrada en mi vida del silencio. Y creo que todavía sigo ahí.


¿Cómo influyó ese silencio elegido en su obra literaria?


Para mí esa experiencia de los siete años de silencio y en gran parte de soledad son fundativos para ese tercer nacimiento. Y desde ahí sigo hablando. Para mí el silencio no fue una opción intelectual, fue más bien un ámbito de vida, un paisaje, un lugar desde el cual yo empecé a concebir la vida como una escucha y no la vida como aquel que habla sobre la vida. Lo que aprendí allí fue a abrirme a través de la escucha, que es la forma en que el silencio se encarna en uno; y dejar así que la vida venga, empezar a entender desde la vida y no sobre la vida. A mí me gusta pensar que yo escribo tratando de decir lo que la vida me cuenta a mí que aprende de ella misma viviéndome.


Usted es un autor tardío en cuanto a publicación.¿Cuándo y dónde se produjo esa ruptura inicial para empezar a escribir y a publicar? ¿Cuál fue el detonante?


Desde chico mi expresividad fue la pintura. A los 8 o 9 años en la escuela primaria ganaba premios por mis dibujos. Y por eso después yo concebí mi vida como pintor. A través de esa expresividad yo sentía que yo era yo. Después en algún momento eso se agotó, me llevó hasta algún lugar del camino y después de tres o cuatro años de no hacer nada (físicamente hablando) apareció la poesía. Si bien es tardía en la estadística (mi primer libro de poesía se publicó en 1983), por otro lado es la continuidad de la creación. A mí lo que más me intriga en la vida es el acto creador, más allá que lo que de eso surge. La continuidad en mi vida es esa pasión por la creatividad. Esa chispa de no ser al ser es lo que me deslumbra: enciende su apagarse. Y eso para mí es la libertad.


¿Y en qué aspecto esa pasión por la pintura y por el arte se pueden visibilizar en su obra?


Yo dibujo el poema. Para mí la comprensión y la visibilidad es una. Y después viene el sentido. El dibujo predispone a cómo uno va a abrirse o no a eso que se está diciendo. Yo no puedo entender el poema si no está diagramado. Hay un momento que es como tiene que estar. Así, exacto.


¿Cuéntenos un poco de sus rituales de escritura (si es que tiene alguno)?


Yo necesito gran cupo de silencio (que no es interrumpido por la música, al contrario) y de soledad también. Tampoco nunca me siento a escribir: me siento a leer. Con el tiempo uno se hace más sensible a dejarse afectar, entonces se necesita menos de la preparación. Uno empieza a estar sensible cuando algo nos busca para decirse, y para mí el hecho es sostener ese clima: expectante o auditivo, depara que cuando algo está ahí zumbando uno debe ir detrás de eso para ver para dónde lo lleva.


Foto: Bladimir Venencia 

Hugo Mujica. 


Uno al leerlo puede notar un estilo propio, un estilo “Mujica”, una voz propia:¿Cómo se llega a crear algo tan único que es identificable tan sólo al leer unas líneas?


Y el estilo no lo buscaste, sale solo. En mi caso es un estilo de vida que se plasma en la escritura: que es esa brevedad, esa esencialidad. Por ejemplo yo cuando doy clase tengo problema: acabo a los cinco minutos porque ya he dicho todo. Después hay que seguir pedaleando porque faltan los 45 minutos restantes. Para mí es un estilo de vida, mi casa es muy despojada, y no es que lo busque,  es que yo me siento afín con el vacío. Y eso se plasma también en la página.La página está casi vacía, lo importante reposa abajo, y todo eso es mi forma de entender la vida. Por eso es sospechoso cuando alguien copia el estilo del otro, porque el estilo del otro es su estar parado en la vida. Por ejemplo, la formación que encontré en el monasterio es que me enviaban al bosque. Y me decían que no hiciera nada, ni que rezara porque rezar es sacar cuentas. Era aprender que nosotros llenamos la vida de cosas para creer que a través de esas cosas estamos viviendo. Y para mí esos años fueron de despojo.


En su obra en general están muy presentes el agua, la lluvia y los mares, ¿es por algo en particular? 


Concibo la vida como río. La idea del agua es eso que se va adaptando, lo que va pasando. Estamos hechos de agua. A mí la metáfora que más me gusta es la de la fuente. Porque creo que una de las metáforas más nefastas que tuvimos en Occidente es la del camino que insiste en la constante postergación para llegar a alguna meta. En vez la fuente es lo que surge y se cumple en el surgir, no se cumple en el irse a determinado lugar. A mí me gusta esa idea del agua como surgente, como lo más transparente. 


¿Cuáles han sido sus mayores influencias a la hora de escribir? 


Existe un prejuicio de que el escritor sólo se relaciona con libros. La influencia número uno para mí en la escritura es la música. Yo en vez de elegir determinados libros para inspirarme elijo determinadas músicas que sé que me generarán determinados estados anímicos. Bach en primer lugar. La única prueba de la existencia de Dios es La pasión según San Mateo, y si Dios no existe entonces la pasión según San Mateo de Bach es Dios. Y en segundo lugar la pintura. Por muchos años tuve marcada una lámina de Morandi. Porque yo quería vivir como ese cuadro. Yo quiero escribir como pintaba Morandi. Si yo pudiera escribir un poema como un cuadro de Morandi ya está. Ahí está todo en su desnudez. 


¿Y cómo lee desde las otras artes?


Literatura es leer. Y leer no se ciñe sólo a un texto. En el cine también leo. Yo veo muchísimo cine: a mí me interesa esa gente en cualquier área del arte que abrieron lugares que no estaban abiertos.  Lars von Trier abrió esos lugares en los que la locura y el amor son lo mismo. Tarkovski, indispensable siempre. También me gustó Bergman, pero ya no está tan presente. Bergman llegó a la psiquis del ser humano, pero Tarkovski llegó al alma, y eso no lo hace cualquiera. En literatura  obviamente Heidegger, a quien le dediqué dos libros. Hölderlin en la poesía. Thomas Mann y La montaña mágica. El mundo alemán me ha formado mucho como escritor y sujeto. 


¿Qué papel cumple Argentina en su literatura?


Yo no estoy tan relacionado con Argentina. Viví más de 20 años por fuera. Ahora a mí me incluyen en onda que comienza desde Antonio Porchía, pasa por Roberto Juarroz y termina en mí. Porchía me parece abismal. Pero a mí me gusta mucho Olga Orozco, a pesar de ser muy distinta a mi poética, pero eso es lo lindo, no concibo con eso de que sólo me puede gustar aquello que se parece a mí. O sea, eso de sólo me puedo gustar yo mismo. 


¿Y Argentina como nación?


Creo que somos un país muy inteligente. Con un bagaje cultural grandísimo. Un bello país. Pero hemos sido incapaces de generar una historia. Vamos de desastre en desastre. Y es una lástima, sabes. 




Presentación del nuevo libro de Hugo Mujica

Hugo Mujica presentará en la librería Grammata este miércoles 22 de junio su último libro editado por Sílaba Editores titulado La palabra inicial. La mitología del poeta en la obra de Heidegger. El autor hará la presentación y conversará con el escritor y docente Juan Manuel Cuartas Restrepo.