Pedofilia: Verdad y reparación, sin justicia

Autor: Manuel Manrique Castro
22 febrero de 2017 - 12:00 AM

Aunque con muchos años de retraso y terco encubrimiento a los pederastas, finalmente hubo pedido de perdón y reparación, aunque la justicia está aún pendiente. 

No pocas veces los movimientos religiosos promovidos por laicos dedicados a exaltar su fe acaban entre los fierros retorcidos de la pedofilia. Si alguno destaca por truculento es el Sodalicio de Vida Cristianan (SVC), nacido en el Perú a inicios de los años 70, en cuyo interior y producto de la pederastia de sus fundadores, ocurrieron numerosos casos de abuso físico, psicológico y sexual contra adolescentes que hoy son adultos, muchos de los cuales levantaron la voz hace 17 años e hicieron pública su traumática experiencia reclamando justicia.

Producto de la valentía de varios de ellos, encabezados por el periodista Pedro Salinas, y después de largos años de silencio y encubrimiento por parte de la jerarquía católica -como lo hizo en Boston y en tantos otros lugares- la semana pasada el SVC hizo públicos dos informes sobre los ultrajes cometidos por los pedófilos integrantes de esa entidad católica y en particular por uno de sus fundadores, Luis Fernando Figari, a quien la Santa Sede hace poco tiempo sancionó canónicamente y de quien el informe dice que ”abusó sexualmente de por lo menos un menor, abusó o manipuló u ofendió sexualmente a varios otros jóvenes; y abusó física y psicológicamente de docenas de otros”.  Para resguardarlo de las investigaciones de la justicia peruana, Figari fue llevado a Roma hace varios años donde, “dedicado al retiro espiritual” –según dice su comunidad-  recibe la protección del Vaticano.

Hace 46 años, media docena de jóvenes y un sacerdote, cabeza entonces de un reconocido colegio limeño, dedicado a la educación de las elites del país, fundaron el Sodalicio de Vida Cristiana, cuya buena estrella dentro de la Iglesia Católica le permitió crecer rápidamente gracias al apoyo de jerarquía eclesiástica peruana, llegar hasta el Vaticano y merecer el reconocimiento del Papa Juan Pablo II en 1997.

Acogida como fértil y novedosa, cuando la Iglesia Católica perdía aceleradamente fieles, especialmente entre las nuevas generaciones, el Vaticano elevó la idea a propuesta universal y la ofreció a todas las latitudes, para que los sodálites, laicos consagrados o sacerdotes, viviendo en comunidad y comprometidos al celibato, obediencia y comunidad de bienes, dedicaran su vida a Dios y a anunciar el Evangelio.  Ese era el noble propósito de esta organización que devino una maquinaria de pedofilia y abuso.

Con  los recientes informes divulgados producto del trabajo de dos norteamericanas y un irlandés, la Iglesia cambia su conducta cómplice de más de 15 años, aunque rechaza el posible involucramiento del Congreso peruano en una indagación oficial de los casos protagonizados por los pedófilos del Sodalicio. 

Hace menos de un año Alessandro Moroni, cabeza actual del SVC, pidió perdón a las víctimas, declaró persona no grata a Luis Figari y hace un mes anunció que llegó a un acuerdo de reparación pecuniaria con 47 víctimas por 2’800.000 dólares.  Aunque con muchos años de retraso y terco encubrimiento a los pederastas, finalmente hubo pedido de perdón y reparación, aunque la justicia está aún pendiente. 

Muy diferente a la reacción del arzobispo de Cali, monseñor Dario de Jesús Monsalve quien, frente al caso del cura pedófilo William de Jesús Mazo, condenado por la justicia colombiana a 33 años de prisión, eximió a la Iglesia de su responsabilidad, acusó a los padres de dejar solos a sus hijos y se negó a cualquier reparación económica.

El Vaticano está obligado a intervenir prontamente para colocar en su lugar al desubicado arzobispo caleño que aparentemente olvidó la decisión del Papa Francisco de expulsar de la iglesia a los obispos encubridores o negligentes en la atención a los casos de abuso sexual. No le haría mal a monseñor Monsalve revisar las decisiones recientes en los casos del Sodalicio donde puede encontrar referencias útiles exceptuando la excesiva demora, signo infortunado del manejo dado por la Iglesia a los casos de pedofilia.

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Comentarios:

Mariale
Mariale
2017-02-24 11:55:23
Cuánta claridad y sencillez para explicar el estado presente de una historia tan nefastamente encubierta y tan compleja. Muchas gracias Manuel Manrique, expresiones como esta, ordenan y sanan a sociedades enteras..

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