Los eternos ciclos

Autor: Pedro Juan González Carvajal
14 abril de 2020 - 12:04 AM

Debemos dejar salir a borbotones nuestros atributos humanos de la responsabilidad, la tolerancia, la templanza, la solidaridad, la paciencia y el respeto.

Medellín

En 1348 ante una peste en Florencia, un grupo de amigos, siete damas y tres caballeros se fueron a resguardar al campo cerca de la ciudad y para entretenerse se propusieron contar diez cuentos diarios durante su estancia que finalmente fue de diez días, y nació entonces la magnífica obra El Decamerón o también llamada El Príncipe Galeoto, de Giovanni Boccaccio.

Cien cuentos entre picarescos y eróticos que sirvieron para hacer más llevaderos los largos y pesados días del bucólico encierro.

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En nuestra situación de cuarentena voluntaria, ¿Qué estaríamos haciendo sin energía eléctrica, sin televisión y sin internet? No todos tenemos el hábito de la lectura o de la meditación o las alternativas de la conversación o las actividades manuales. Posiblemente se incrementaría, ahí sí, la violencia intrafamiliar y los datos de mortandad crecientes serían por la falta de coexistencia pacífica, más que por el virus.

En épocas más o menos recientes hemos sabido que por allá en Londres en 1655, los ciudadanos se tuvieron que resguardar ante la peste bubónica, entre ellos Newton quien aprovechó el tiempo e introdujo grandes avances en el cálculo diferencial, la teoría sobre la óptica, las leyes del movimiento y la Ley de la Gravedad. Que en 1720 se dio la llamada peste de Marsella. Que en 1820 padecieron la pandemia de cólera. Que en 1920 apareció la terrible gripa española y que ahora en 2020 estamos en medio de la pandemia producida por el coronavirus –covid-19- . (Coincidencialmente cada 100 años).

Esta última durísima prueba nos ha dado el verdadero contexto de lo que es y de lo que implica el concepto de la globalización, relacionado hasta hace pocas semanas, solamente con procesos de carácter económico.

A la peste de Florencia se le asocia como uno de los insumos de la aparición paulatina de lo que hoy conocemos como Renacimiento, con sus dos acepciones: La primera, el renacer del hombre, el contar con una segunda oportunidad y la segunda, con el volver a colocar al hombre en el centro del universo, concepto perdido en Occidente ante la omnipotencia y omnipresencia del autoritario Imperio Romano. Si cabe la similitud, en este nuevo renacimiento, en esta nueva oportunidad que nos da la vida, debemos comenzar por colocar en el centro de cualquier discusión y cualquier actividad a la naturaleza y adquirir plena conciencia, de lo que le hemos hecho y de lo que no podemos continuar haciendo, ante la gravedad de esta advertencia.

Las señales de vida que nos muestra la naturaleza en este instante son por lo menos conmovedoras: Cielos despejados. Delfines, patos, peces y aguas limpias en los canales de Venecia. Aguas limpias y delfines en la Bahía de Cartagena. Animales semisalvajes que caminan libremente en algunas ciudades cercanas a los bosques. Aves como los tucanes que se atreven a salir y a volar sin temores ante la ausencia de humanos en Medellín, así como ciertos trayectos del Río Medellín que nos muestran aguas cristalinas.

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Es el momento de sacar a flote nuestra casta individual y colectiva. En estos momentos coyunturales es cuando sobresalen la mediocridad o la grandeza. Debemos dejar salir a borbotones nuestros atributos humanos de la responsabilidad, la tolerancia, la templanza, la solidaridad, la paciencia y el respeto.

Aprovechemos el tiempo y con prudente optimismo y completo compromiso miremos el futuro como una nueva oportunidad que se nos está dando… y sinceramente considero que es la última.

 

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