Lecciones que nos da el coronavirus

Autor: Iván de J. Guzmán López
28 marzo de 2020 - 12:01 AM

Carl Sagan, lo advirtió desde 1994: “Muchos de los peligros a los que nos enfrentamos de hecho surgen de la ciencia y la tecnología, pero sobre todo porque nos hemos vuelto poderosos sin ser proporcionalmente sabios”. La sabiduría pasa por la humildad: la pandemia nos está enseñando que debemos encontrar formas más saludables de relacionamiento, de alimentación, de producción, de planeación de las ciudades, de respeto por la vida y por el planeta.

Medellín

Entre los grandes escritores que alguna vez leímos, al calor de la juventud y la influencia benéfica de una madre lectora, recordamos a los inolvidables de la República Checa, valga decir, a los clásicos Franz Kafka (con El proceso, a la cabeza de extraordinarias novelas y cuentos, como La metamorfosis),  Jaroslav Hazek  (conocido mundialmente por su novela El buen soldado), Milan Kundera (con La insoportable levedad del ser, a la cabeza de su producción), Max Brod (editor y albacea de Kafka, a quien debemos el no haber dejado perder la mayor parte su obra, al no acceder a su petición de quemar sus escritos luego de su muerte), y al gran poeta Rainer María Rilke (con su bella obra Cartas a un joven poeta, la muestra más leída de su gran trabajo epistolar, que desarrolló a lo largo de su vida, donde expone con claridad y belleza sin par sus opiniones sobre la creación artística, sus ideas sobre la vida, el amor, la soledad, la muerte y lo sobrenatural).

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Al poeta Rilke, específicamente, debemos una frase rotunda, contundente, que, para quienes cultivamos la literatura infantil (para los psicólogos, supongo yo), y en general para los grandes creadores, es definitiva. Pretender agregarle algo, sobra y malea. Dice Rilke: “La verdadera patria del hombre es la infancia”. La infancia es el pozo de donde proviene nuestra visión del mundo, nuestros valores, nuestras creencias. Allá volvemos en los momento definitivos, “para pedirle a Cristo Señor que me devuelva mi antigua alma de niño, madura de leyendas, con el gorro de plumas y el sable de madera”, como escribió el poeta Federico García Lorca, en su libro Balada de la placeta.

A esa infancia de aldea volvemos, cuando (en situaciones difíciles como esta, de confinamiento obligado y necesario) empezamos a evocar los valores del ayer: valores de solidaridad, amor, respeto, cuidado por el planeta; amor por la tierra, la fuente, el rio, el mar, la montaña; amor al campesino, al maestro, a nuestros profesionales, a los humildes, a la gente del común, a la empresa, a las instituciones y a Dios mismo. Hoy, viviendo en la aldea global, asistimos a una transgresión sistemática y necia de estos valores, donde la acumulación de riqueza, el egoísmo, el irrespeto, el enseñoreo de quienes ostentan cualquier manifestación mínima de poder, el irrespeto por la vida, el saqueo del planeta, el confinamiento a que venimos sometiendo a las especies animales y vegetales, al hombre mismo; la destrucción del medio ambiente y en general de nuestra casa (el Oikos, en la Grecia Antigua; la Pachamama, según nuestros ancestro), hacen que poco a poco nos mostremos indefensos y vulnerables, sin remedio alguno.

Los científicos estiman que en la vida silvestre existen cerca de un millón y medio de virus desconocidos, que podrían ocasionar una pandemia en cualquier momento, como la provocada ahora por el covid-19. El coronavirus sars-cov-2, causante de la actual pandemia, es parte de los tres coronavirus, de los siete conocidos, que han provocado terror en pleno siglo XXI. Algunos virus, dieron ya un ejemplo de cómo, en cuestión de semanas, la humanidad podría verse en jaque. Entre 1918 y 1919, el virus de la influenza (o gripe) mató a cerca de 100 millones de personas en todo el mundo; para entonces terminaba la Primera Guerra Mundial, que duró 5 años y mató a 10 millones de seres humanos. En las dos últimas décadas, la humanidad ha sufrido enfermedades infecciosas como el mal de las vacas locas (2000), el sars (2002), la gripe aviar (2004), la gripe A (2009), el Síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) de 2012, y el ébola en 2014. 

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Pero no hemos aprendido la lección. Carl Sagan, lo advirtió desde 1994: “Muchos de los peligros a los que nos enfrentamos de hecho surgen de la ciencia y la tecnología, pero sobre todo porque nos hemos vuelto poderosos sin ser proporcionalmente sabios”. La sabiduría pasa por la humildad: la pandemia nos está enseñando que debemos encontrar formas más saludables de relacionamiento, de alimentación, de producción, de planeación de las ciudades, de respeto por la vida y por el planeta. Nos está diciendo que tenemos un sistema educativo obsoleto (todavía signado por la concepción bancaria), donde el negocio de la presencialidad ha impedido el paso a la virtualidad, cerrando así oportunidades de educación a millones de personas segregadas en el mundo. Nos está diciendo que el teletrabajo (tan resistido por el Ministerio del Trabajo mismo) es una forma de descongestionar miles de ciudades y empresas, mejorando el tránsito, el medio ambiente y la productividad misma. La lección definitiva del coronavirus, dice que la vida es un don divino, y que la acumulación de riqueza desmedida, la pobreza, el desempleo y la miseria de millones de seres humanos, es inaceptable. La gran lección: el ultraje al planeta y a nuestros semejantes, es la peor necedad del ser humano.

Vuelvo a Rilke, vuelvo a mi infancia, vuelvo a mi aldea, sueño con un mundo fraternal, donde el coronavirus no tenga espacio para darnos enseñanzas.

 

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Comentarios:

Jairo Alberto
Jairo Alberto
2020-03-29 16:21:24
y tecnologia sin ser sabos,Esta pasa por la humildad . los datos de tu anterior escrito del muerte por diabetes 4300, por cancer 26800, por enfermedades coronarias 26400,por dia, de hambre padecen 821 millones de personas por falta de agua 780000 habitantes ,7 millones mueren por efectos de la contaminacion El crecimiento desordenado de las ciudades en los paises subdesarrollados , en los paises desarrollados produciendo productos de todo tipo desde radios hasta vehiculos , productos alimenticios con preservativos quimicos en cantidades irracionales,buscando rendimientos En la actual situacion escuchando ,leyendo y observando una querra informativa en muchos casos sin fundamento cientifico ,reproduciendose como eco. Que hemos hecho para seleccionar en nuestro entorno una forma saludable de vida aprehendiendo que es lo que realmente nos sirve El stress del trabajo , la falta de movilidad , la falta de tiempo para compartir en familia ,para el descanso , el voraz deseo de consumismo cantidad no calidad Esta cuarentena obligada nos servira para reflexionar y darnos cuenta que no tenemos nada somos simples hojas que caemos de los arboles y nos deshacemos por efecto de los microorganismos Dia a dia la carga de contaminacion es mas fuerte , las borrascas mas violentas , los huracanes mas inclementes y devastadores pero, la frontera agricola es mas amplia , donde habia un bosque se ha constuido un gran conjunto residencial o parque industrial , la ciudad crece desordenamente en las ciudades de los paises subdesarrollados en los paises desarrollados se le roba el rumbo natural a las aguas se cambia el paisaje original para darle cabida a laambicion de la construccion de lo moderno, dentro de la ciudad se destruye l microbosque para costrucciones de ambiciosos conjunto residenciales o mall comercial , donde todos los visitantes andan cableados sin dialgo ,para calmar sus ambicioso plan de consumismo
Jairo Alberto
Jairo Alberto
2020-03-29 15:35:56
Sabias palabras de Carl Sagan muchos de los peligros que enfrentamos surgen de la ciencia
Jairo Alberto
Jairo Alberto
2020-03-29 15:35:56
Sabias palabras de Carl Sagan muchos de los peligros que enfrentamos surgen de la ciencia

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