La protesta propone tareas, el vandalismo planea destrucción

Autor: Redacción
22 noviembre de 2019 - 09:29 PM

Las marchas del 21 de noviembre hacen un llamado que el Gobierno Nacional dice escuchar, mientras que los violentos le apuntan al caos y la anarquía para avanzar en medio del temor.

Medellín, Antioquia

Los gritos de descontento se escucharon en todos los rincones del país, y esa evidente inconformidad expresada por miles de marchistas deja una agenda abierta para que el Gobierno Nacional se enfoque en problemáticas sociales acumuladas y no resueltas a través de los años y que hoy hacen válidos los reclamos ciudadanos, como lo reconoció el mismo presidente Iván Duque, luego de las movilizaciones del jueves en todo el país.

Sindicatos, trabajadores, colectivos de defensores de derechos humanos, artistas y miles de estudiantes realizaron la protesta con arengas que cuestionaban el desempeño del actual Gobierno, pero también ese espacio del convocado paro nacional fue aprovechado por la doble cara del terrorismo y la anarquía, lo que deja una enorme preocupación frente a lo que tendrán que enfrentar el Gobierno y las autoridades para no permitir que los violentos se apoderen del país.

Lea: Convocantes al paro afirman que es contra el “paquetazo de Duque”

"Lo importante es que el Gobierno entienda a tiempo el mensaje y los demás sectores del poder que deben calibrar el mensaje central de estas manifestaciones, enormes y vigorosas”, dijo mientras marchaba el excandidato presidencial y líder de las negociaciones de paz entre el anterior Gobierno y la extinta guerrilla de las Farc, Humberto de la Calle Lombana, quien reconoció que en su caso “estamos buscando la efectiva implementación del acuerdo de paz que es una oportunidad para corregir inequidades muy profundas de la sociedad colombiana”, al tiempo que recalcó la necesidad que tiene la sociedad colombiana para aprender a exigir gobernabilidad sin recurrir a la violencia y la obligación del Gobierno a atender las inconformidades de los ciudadanos.

Las multitudinarias marchas contra lo que los promotores del paro denominaron “paquetazo de Duque” concluyeron pacíficamente, con apenas episodios aislados de desmanes, especialmente en Bogotá y Cali, pero al finalizar la tarde del jueves muchas zonas del país se enfrentaron al pánico y la zozobra por cuenta de encapuchados y vándalos que atacaron a la policía, saquearon y destruyeron locales comerciales y hasta viviendas particulares, sedes administrativas, pintaron fachadas y robaron a indefensos transeúntes.

En la histórica Plaza de Bolívar de Bogotá, vándalos atacaron y dañaron la fachada de la Alcaldía, el Palacio de Justicia e intentaron ingresar al Capitolio Nacional, sede principal del Congreso, donde fueron repelidos con chorros de agua por la Policía. Hechos que continuaron y se extendieron este viernes a distintos puntos de la capital del país.

Cali, la más afectada por los disturbios, vivió el terror por cuenta de encapuchados y pandillas de delincuentes regados por diferentes zonas de la ciudad, lo que obligó a la Alcaldía a decretar el toque de queda. “Después de ver la manifestación de unas 20.000 personas que concurrieron en paz hasta el Centro Administrativo Municipal, no tengo otra opción que decretar el toque de queda. Una serie de vándalos, desadaptados y delincuentes están atracando y saqueando negocios. Esto no lo vamos a admitir”, dijo el alcalde de la capital del Valle, Maurice Armitage.

Choques que, en menor grado, también alteraron la tranquilidad en ciudades como Manizales, Santa Marta y Bucaramanga. En Medellín, la UdeA fue blanco de los extremistas que pusieron en riesgo la vida de decenas de personas.

En total, 141 miembros de la Fuerza Pública resultaron heridos, de los cuales 138 son militares y tres policías; 122 personas presentaron lesiones leves; 98 sujetos fueron capturados, unos por porte y fabricación de armas de fuego, por violencia contra servidor público, por porte de estupefacientes, daño en bien ajeno y obstrucción de vías públicas, además de los cuantiosos daños materiales que ocasionaron por quema de vehículos y destrucción de bienes públicos; también 207 personas fueron conducidas para protección y aprehendidos ocho menores de edad.

Así, la jornada que inició en medio de la alegría, cánticos, comparsas y expresiones artísticas de los marchantes, terminó en medio del caos, ataques, gases lacrimógenos y el miedo generalizado por el accionar de los destructores.

 

El Gobierno escucha

“A pesar de los actos de violencia, atribuibles a vándalos que no representan el espíritu de los marchantes colombianos, demostramos que este país puede ejercer las libertades individuales sin vulnerar las libertades de los demás”, destacó el presidente Iván Duque al tiempo que condenó los hechos sucedidos con posterioridad a la marcha: “Son vandalismo puro y no obedecen a una expresión de la voluntad popular, ni serán legitimados por el derecho a la protesta”, dijo.

El jefe de Estado rechazó “los daños que el vandalismo y el pillaje arrojaron”, lo que relacionó con “los odios que los inspiran”.

“El crimen y la violencia sólo generan dolor, producen pobreza y Colombia entera lo repudia. Por eso quiero resaltar la actitud de la ciudadanía, que rechazó a los vándalos y dejó claro que para expresarse no se necesita acudir a la violencia. Los estudiantes, los trabajadores, los artistas y la gran mayoría de personas que se movilizaron lo hicieron con intención legítima de hacer sentir su voz. Y los escuchamos”, señaló Duque al invitar “a trabajar todos unidos para sacar nuestro país adelante”.

 

Un cacerolazo para la historia

El remate de la jornada de la protesta fue lo más sonoro, un cacerolazo para la historia. Hombres y mujeres, jóvenes y mayores, algunos padres junto a sus hijos, en ropa deportiva o pijama, salieron en Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga y Cartagena.

En la capital del país se presentó la partición más numerosa, con grupos de personas que, haciendo sonar tapas y ollas, se dirigieron desde distintos lugares hasta cerca de la casa del presidente Duque.

El golpeteo también se escuchó en barrios y unidades residenciales de la capital antioqueña, especialmente en el norte y el noroccidente.

Pero esta expresión también tuvo dos caras, unos salieron en apoyo a las marchas y la protesta que habían transcurrido durante el día en todo el país, y otros en rechazo a los violentos, para mostrarles que esa no es la manera de ser escuchados.

Los cacerolazos se repitieron ayer en Bogotá y con menor intensidad en algunos sectores de Medellín.

 

El Alma no se toca 

Marcador y papel en mano, docentes y algunos estudiantes de la Universidad de Antioquia madrugaron este viernes para expresar, con sentidos mensajes escritos, su rechazo a los violentos y a los infames ataques contra la infraestructura y la tranquilidad del Alma Mater.

“El alma no se toca”; “Lo que es todos no se daña”; “Es sencillo, queremos paz”; “Mi querida UdeA, queremos verte siempre abierta”; claman algunas de las frases que exigen respeto y aprecio por un espacio sagrado para la educación y la formación de todos y todas.

Al referirse a los hechos acontecidos en el campus universitario, en vísperas y después de las marchas del 21 de noviembre, el rector de la UdeA, John Jairo Arboleda Céspedes, relató que el miércoles “se registró un asalto al cajero automático que funciona al interior de la Universidad, pero además los asaltantes instalaron dispositivos explosivos alrededor del bloque y en las porterías de acceso a la Universidad, lo que obligó a la evacuación y el cierre”.

Y aunque oficialmente la Universidad no habló de cifras, se conoció que el hurto ascendería a 500 o 600 millones de pesos.

Asimismo, dijo el rector, tras la marcha del jueves se registró una ocupación forzosa del campus, violando todas las medidas de seguridad que se habían dispuesto por los hechos del día anterior. Los vándalos que invadieron la U. derribaron la puerta principal, sobre la calle Barranquilla, y luego ocasionaron otros daños físicos al interior del claustro, por lo cual se mantuvo la suspensión de clases y de las muchas otras actividades que allí se realizan, deportivas, recreativas y administrativas.

Sin embargo, Arboleda Céspedes envió un “mensaje esperanzador. Nosotros aprendemos de cada situación que se presenta en nuestra Universidad, en la sociedad, estamos comprometidos con reflexionar sobre lo que está sucediendo en este momento histórico del país, la fuerza de la movilización, la conciencia ciudadana, la política puesta en evidencia en estas movilizaciones, es un tema fundamental para el análisis en la Universidad”, reflexionó.

Al tiempo, agradeció “el respaldo, el cariño, el amor que esta sociedad antioqueña y medellinense tiene por su Universidad, por su Alma mater, y tan pronto tengamos las condiciones, lo más pronto posible, se reabrirá para que la comunidad universitaria pueda hacer lo que sabe hacer”.

Por último, valoró “las muestras de cariño puestas en las porterías, con flores y notas, que expresan ese apoyo incondicional para que la Universidad siga, como lo ha hecho a lo largo de dos siglos, construyendo la sociedad que es posible, y para que desde sus aulas pueda seguir entregando salidas y propuestas a una sociedad que se debate entre la guerra y la paz”.

 

En espera de un diálogo

“Ni las centrales obreras ni las organizaciones sociales hemos delegado nuestra representación de los trabajadores en politiqueros oportunistas que pretenden aparecer como adalides de la causa de los colombianos con fines electoreros”. En este sentido se pronunció este viernes el presidente de la Confederación General del Trabajo -CGT-, Julio Roberto Gómez, al referirse al llamado a los colombianos de algunos congresistas como Gustavo Petro y Gustavo Bolívar a continuar con la jornada nacional de protesta.

El dirigente fue enfático en advertir que las centrales obreras, los estudiantes universitarios y las organizaciones de indígenas y sociales convocaron a una jornada de protesta por 24 horas únicamente y agregó sólo el Comando Nacional del paro será el que decida qué nuevas acciones se llevarán a cabo.

“Estamos a la espera de que el presidente Iván Duque nos convoque para dialogar sobre los temas que nos preocupan y que motivaron la jornada de protesta como son la generación de empleo, el retiro de los proyectos de ley sobre reformas pensional y laboral. Ahora el balón está en el campo del presidente de la República y estamos a la espera de que nos convoque para comenzar a discutir sobre nuestras demandas”, recalcó el presidente de la CGT.

Reveló que el próximo lunes se reunirá nuevamente la Comisión Permanente de Concertación de Asuntos Laborales y Salariales y se plantea la posibilidad de que asista el presidente Duque. Ese escenario sería una buena oportunidad para que los representantes de los trabajadores y de los empresarios inicien la discusión sobre estos temas que originaron la jornada de protesta recalcó Julio Roberto Gómez.

 

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