Área Metropolitana para el valle de San Nicolás

Autor: Luis Fernando Múnera López
5 febrero de 2018 - 12:09 AM

El valle de San Nicolás no es el segundo piso de Medellín, sino una región que debe desarrollarse manteniendo sus valores culturales y respetando a su población nativa

Los municipios del valle de San Nicolás o valle del río Negro conforman una unidad territorial homogénea, con necesidades y potencialidades que van más allá de sus límites municipales. 

En mayo de 2016 los alcaldes de Rionegro, Marinilla, El Santuario, Carmen de Viboral, Guarne y El Retiro firmaron un acta de compromiso para crear el área metropolitana que los agrupe. En mi opinión, esa área metropolitana debería incluir los firmantes y también La Ceja y La Unión. Este proyecto, que no se ha concretado, es una necesidad importante y urgente para facilitar el desarrollo social y físico de la región, evitando, en lo posible, que en ella se repitan los errores graves que se cometieron en el valle de Aburrá, especialmente en Medellín. ¡Ojalá! 

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La ley les asigna a las áreas metropolitanas los objetivos de programar y coordinar el desarrollo sustentable, el desarrollo humano, el ordenamiento territorial y la prestación racional de servicios públicos, mediante una administración coordinada entre los municipios asociados.
El desarrollo social armónico es la primera necesidad. La comunidad nativa del oriente sufre la presión de los foráneos por la compra de sus tierras para fincas de recreo, industrias y comercios, los cuales, si bien pueden constituir oportunidades de desarrollo, en la práctica son una amenaza para la calidad de vida y la cultura de las comunidades nativas, y para sus actividades tradicionales de agricultura y ganadería. Las administraciones municipales, lejos de proteger a sus comunidades raizales, agravan la situación con impuestos municipales onerosos que son impagables y las obligan a vender la tierra. Se requiere una planeación ordenada en materia de desarrollo social para que las comunidades nativas sean beneficiarias y no víctimas del desarrollo.
Es necesario también fortalecer la cobertura y la calidad de los servicios de salud y educación. También deben mejorarse las facilidades para el deporte, la recreación y la cultura. Es muy preocupante que no exista infraestructura para que en estos municipios los jóvenes y los adultos aprovechen productivamente el tiempo libre.
El ordenamiento territorial es otra necesidad primordial. La ocupación del suelo en las áreas urbana y rural de los municipios se está convirtiendo en un caos a pasos agigantados, bien sea porque los planes de ordenamiento territorial son deficientes o porque las administraciones municipales son laxas en su aplicación y control. Con muy contadas excepciones, la expansión de la construcción urbana carece de planeamiento y control en estos municipios. Es urgente, antes de que los daños sean gigantescos e irreversibles, un plan de ordenamiento territorial de toda la región, al cual deban acoplarse los planes municipales. Y un sistema de control eficaz para su cumplimiento.

La región sufre de una gran deficiencia en los servicios públicos de agua potable y saneamiento básico. Las fuentes hídricas aparentemente son abundantes, pero están desprotegidas y mal aprovechadas. La mayoría de los municipios de la región no tienen buen suministro de acueducto en su casco urbano y menos aún en las veredas. No existen plantas de tratamiento de las aguas servidas con la capacidad y calidad necesarias para garantizar el saneamiento de las corrientes de agua.
El valle de San Nicolás está funcionando como polo de atracción para toda clase de inversiones, pero no se avanza en la construcción de la infraestructura física requerida. En pocos meses entrará en operación el túnel entre Medellín y Rionegro, y, tal como se quejaron recientemente los alcaldes de estos municipios, es inconcebible que no se haya iniciado el mejoramiento de la red de vías intermunicipales en la región. Las pocas que existen tienen un alto nivel de saturación y colapsarán cuando el túnel empiece a funcionar.

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El valle de San Nicolás no es el segundo piso de Medellín, sino una región que debe desarrollarse manteniendo sus valores culturales y respetando a su población nativa. La conformación del área metropolitana debe ser un instrumento eficaz para lograrlo.

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