Apego seguro, un escudo de protección para la infancia

Autor: Redacción
29 mayo de 2019 - 05:33 PM

En una familia donde se construye un vínculo afectivo a través del amor, el diálogo y el respeto, se le cierran las puertas a esas situaciones que atentan contra la integridad de niños, niñas y adolescentes.

Medellín, Antioquia

No hay disculpas. Mamás, papás, familia, es urgente, llegó la hora de emprender la reparación de una misión incumplida por años, que generación tras generación ha ido deteriorando la estabilidad, la tranquilidad y la seguridad de Niños, Niñas y Adolescentes (NNA), haciéndolos cada vez más vulnerables.

Una realidad que hoy le grita a Medellín, Antioquia y Colombia que no pueden darse el lujo de perder más tiempo. Que es urgente empezar a tapar esos vacíos para proteger a toda la infancia, reconocer sus derechos y velar por su sano desarrollo. Porque el costo de no hacerlo es demasiado alto.

Y esa labor se hace a partir del apego seguro o vínculo afectivo que, en el futuro, funciona como un escudo protector contra los riesgos que hoy asechan a NNA: el consumo de sustancias psicoactivas, la depresión, el reclutamiento por parte de grupos delincuenciales, el embarazo adolescente, entre otras situaciones que pueden poner en riesgo su vida y su adecuado desarrollo.

Lea: Educar con amor es prevenir y evitar riesgos

“Hay que dejar esa paranoia social amparada en que como tenemos dificultades no podemos educar a nuestros hijos. No podemos seguir atascados en ese cuento de que hay unas circunstancias adversas a nivel institucional, a nivel familiar, o que es por la discriminación racial, cultural o económica. No más justificaciones. El apego seguro se puede construir en cualquier momento, en cualquier lugar, no depende de una condición económica”, afirma el pediatra Sergio Laasch.

“Es que ese vínculo afectivo se construye con amor, no con cosas, es la disposición para acompañar una vida de manera amorosa, una vida que necesita saber del cuidado, y es clave para que ese desarrollo emocional logre estructurar una identidad tranquila, no una identidad que pueda ser patológica, o que pueda desarrollar otras afectaciones por no tener a alguien que le dé bases de tranquilidad y seguridad a ese niño”, argumenta Diana Carolina Gallego, psicóloga de la Corporación de Amor al Niño “Cariño”.

“Es que el niño no recuerda lo que le dicen, recuerda cómo lo hacen sentir, y esa es la importancia del vínculo afectivo o de ese apego seguro, porque ahí están las bases que le permiten a una persona caminar con seguridad, las que le permiten dar pasos sin temor a la equivocación, porque entiende que se puede devolver y encontrar apoyo”, resalta la psicóloga.

“Por más de diez años hemos trabajado en nuestros diferentes programas con familias vulnerables, con niños y niñas que han perdido el cuidado parental, con adolescentes que nunca han sido adoptados y con mujeres que han sido madres muy jóvenes. Durante este tiempo hemos corroborado y estamos convencidos de que cuando un niño tiene un apego seguro, cuando tiene un referente afectivo a su lado que le brinda cariño, lo guía, lo apoya y protege incondicionalmente, logra que él se sienta seguro, motivado, mantenga siempre una actitud positiva, sea capaz de regular sus emociones y de relacionarse empáticamente con los demás”, señala Martha Eugenia Segura, directora de la Fundación Apego.

 

Cómo se construye

Según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, “los vínculos afectivos se entienden como aquellas conexiones emocionales que existen entre las personas, basadas en el cariño, el respeto y la empatía. Por lo tanto, cuando los niños, las niñas y los adolescentes cuentan con vínculos afectivos sanos, fortalecen la capacidad de establecer relaciones seguras en su vida adulta pues les permite potenciar su autoestima además de tener seguridad y confianza en los demás”.

Y desde esa mirada, la familia sigue siendo el primer entorno protector para NNA, porque es allí donde se les debe brindar el amor y el cuidado que les garantizan un desarrollo integral y seguro.

Diversos estudios aseguran que los primeros años de vida son fundamentales para los niños y las niñas, porque es durante este tiempo que se construyen esos vínculos afectivos entre ellos y sus principales cuidadores, que en la mayoría de los casos resultan ser mamá o papá. De esta manera, es determinante que al interior de los hogares se promueva una cultura de apego porque es en el seno de la familia en el que se les provee seguridad emocional, protección, apoyo, autoestima, confianza y autonomía.

“De hecho, a partir de la interacción que tienen con sus cuidadores, los niños y las niñas van construyendo su identidad. Por eso es clave que los adultos sean un modelo positivo y de confianza para ellos”, señala la directora de la Fundación Apego.

Es muy sencillo, expone el pediatria Laasch: “Ese vínculo afectivo empieza a fortalecerse con un abrazo, una caricia, desde el juego, los gestos, las miradas, los masajes, todo eso que estimula al niño y que va generando contactos a través de las diferentes estructuras cerebrales que permiten que el niño tenga una mejor capacidad de acción personal y social a futuro. Y eso se logra en los primeros siete años”.

Y explica que “cuando ese vínculo afectivo permite la independencia, también permite que el niño vaya descubriendo, que se vaya equivocando, que vaya acertando y se le vayan corrigiendo los errores, facilita una estabilidad emocional que a futuro le permite reaccionar mucho mejor ante cualquier situación”.

Posición que comparte y refuerza la psicóloga Gallego, cuando advierte que el apego seguro no es más que “el cariño y el esmero que se le dedican al niño, fundamental además porque eso es lo que él va a reflejar en su vida. Es el proceso que le va a permitir consolidar su identidad, que le va a permitir el reconocimiento del otro, y cuando reconoce al otro, siempre tendrá relaciones basadas en el respeto.”

De esa manera, dice la psicóloga, “el niño está viviendo la experiencia del cuidado, y saber del cuidado le va a permitir desarrollar el cuidado por otros. Si a mí no me cuidan, no voy a saber cómo cuidar. Yo tengo que saber del cuidado para mí, para poderme dirigir a otros que en distintos momentos de la vida puedan necesitar que yo esté ahí para ellos”, ese es el mensaje que se está enviando. "Cuando el niño es cuidado, va a saber cuidar al otro; cuando es respetado, va a saber respetar al otro; va a saber en qué momento le está haciendo daño a otros. Porque eso fue lo que se le mostró”, indica la psicóloga.

A manera de ejemplo, Martha Segura explica que es factible que un adolescente esté expuesto a encontrar amistades poco asertivas, que quizás lo lleven a querer explorar, conocer y probar el alcohol, las drogas y a realizar acciones que pongan en riesgo su bienestar. “En nuestra experiencia hemos encontrado que cuando los jóvenes tienen o han tenido desde niños un apego seguro se blindan de muchas cosas, entre ellas, de la drogadicción, de llegar a infringir la ley, entre otras situaciones que vayan en contravía de su salud y cuidado. Cuando se tiene ese vínculo afectivo cerca, el joven piensa, reflexiona, tiene confianza en sus padres o cuidadores y es consciente de qué cosas pueden causarle daño. Incluso, hemos visto también cómo el tener vínculos afectivos ha ayudado a aquellos niños y niñas que han pasado por traumas o situaciones complejas, a que puedan superar estas situaciones debido a que se sienten valorados, respetados y amados”.

 

Educar a la familia

Es cierto que para un padre, una madre o un cuidador no resulta tarea fácil la crianza y el proceso de formación de los niños y las niñas, pues no existe un manual o una receta, como si existe para conducir, cocinar o hacer ejercicio, que detalle paso a paso cómo deben ser criados los hijos. Además, porque todas las familias y todos los niños son diferentes, así como los contextos sociales en que se mueven.

Pero en este sentido el pediatra Sergio Laasch apunta que lo verdaderamente lamentable es que “nuestro  proceso educativo está en un segundo o tercer lugar en el proceso formativo, aunque realmente es una labor que no necesita mucha economía, ni del Estado y ni siquiera por parte de la familia. Es establecer criterios de conducta, con volantes, cartillas o la información que se le entregue a las mamás cuando acuden a los controles en la etapa de gestación, bien sea en su EPS, con el ginecólogo o en cualquier otro espacio al que visita, para que le expliquen y le orienten sobre el proceso educativo y formativo, cómo puede estimular a su hijo, en su visión, su tacto, el oído, el gusto. Es una intervención relativamente económica, que logra muy buenos resultados y que si cuenta con el apoyo institucional sería mucho mejor porque llega con mejor impacto, pero es innegable que se puede lograr mucho con muy poquita inversión y muy poquito costo”.

Por eso, asegura que “el primer paso empieza por educar a los papás. Educación sobre cómo debe ser la crianza de los niños, con la participación de ellos o de terceras personas. Es verdad que hay papás que no lo pueden hacer por sus ocupaciones laborales, u otras situaciones, pero el niño siempre puede tener un estímulo independiente de las circunstancias, independiente de la economía, independiente de lo que lo rodea, independiente de si es en África o en Norte América, o si es en Medellín o en una zona apartada del país. Si se logra que tenga ese contacto, que alguien lo cuide, que lo esté estimulando en el día a día, que alguien lo mire, que esté haciéndolo reír, que le ayude a descubrir cosas nuevas cada día, ese niño es capaz de salir adelante independiente de las dificultades”.

Eso sí, precisa, “una vez nace el bebé hay que educar a toda la familia, de modo que al niño lo estén educando y cuidando en un proceso de conocimiento de las cosas cada vez mayor, y eso es lograr un resultado a futuro”.

“Es importante que las personas pensemos y tengamos claro que todos necesitamos del apego, desde que nacemos somos vulnerables y requerimos relaciones sanas, empáticas, necesitamos que otra persona nos quiera, que le importemos y que nos valore”, enfatiza la directora de la Fundación Apego.

“Los adultos deberían saber que lo que necesita un niño es amor, es tener a alguien al lado que lo cuide, que le brinde abrigo, que lo apoye, que lo anime cuando las cosas no salen bien”, relató Robinson Alejando Amador, de 24 años, quien participó del programa Referentes Afectivos de la Fundación Apego.

 

Graves consecuencias

Otros estudios le dan validez a la perspectiva del pediatra Laasch, en el sentido de que el vínculo afectivo no puede depender de las condiciones económicas. Hoy se sabe que la soledad es una de las situaciones que más afecta a NNA en el diario vivir, unas veces porque papá o mamá se fueron y muchas otras porque hay hogares donde cada quien vive su vida o porque papá y mamá trabajan y tienen muchos compromisos sociales, entonces no tienen tiempo para sus hijos, y esos niños no tienen una voz que los acompañe, no reciben estímulos y por lo tanto tampoco tienen límites que le permitan encontrarse con la libertad, saber hasta dónde pueden ir sin hacerle daño al otro.

Por eso, dice la psicóloga Gallego, “los papás deben saber lo importante del vínculo afectivo desde el primer día de vida de su hijo, desde el primer día de la gestación, que es cuando debe iniciar ese proceso de estimulación temprana, con sonidos, palabras, música, etcétera”.

De lo contrario lo que se tiene son graves consecuencias: “Cuando se altera el vínculo afectivo, el niño es puesto en el lugar del objeto, de la cosificación. Cuando yo no reconozco al otro y no lo respeto, lo convierto en un objeto que pongo donde yo quiero y lo trato como yo quiero”, dice la psicóloga.

La Organización Mundial de la Salud -OMS- asegura que “los niños y las niñas que no experimentan el cuidado cariñoso y sensible necesario para que sus capacidades prosperen, son menos sanos, crecen mal, aprenden menos y completan menos grados en la escuela”, porque pueden verse afectados por situaciones de soledad, miedo, inseguridad, abandono, maltrato, desarraigo, ira y frustración, entre otras.

Por eso, la misma OMS ha convocado a los países a adoptar cada vez más un modelo de educación que, además de incentivar el aprendizaje tradicional (matemáticas, lenguaje, ciencias sociales) desarrolle destrezas psico-emocionales que contribuyan a la autoprotección de los jóvenes ayudándolos a construir proyectos de vida pro-sociales.

 

Tejiendo Hogares

Consciente de ese olvido o incumplimiento que hoy tiene la sociedad de trabajar en la misión de construir ese vínculo afectivo que sirve como escudo de protección, la Alcaldía de Medellín, por medio del programa Tejiendo Hogares, busca aumentar la cobertura de apoyo a la familia para entregarle a mamás, papás, agentes educativos y cuidadores, herramientas de crianza basadas en la disciplina positiva que les permitan relacionarse con los niños de mañera amorosa y respetuosa.

“Estamos convencidos de que la familia es el eje transformador de la sociedad”, pero también “sabemos que los niños no vienen con manual y que como padres nos enfrentamos a un montón de situaciones en las que no sabemos cómo proceder. Por eso desde Tejiendo Hogares queremos orientar a las personas para que tengan relaciones basadas en el amor, los límites y el respeto”, dijo la primera dama de la ciudad, Margarita María Gómez Marín, al confirmar que más de 30.000 padres, cuidadores y docentes de Medellín han participado en jornadas que se realizan en instituciones educativas, empresas y otros espacios de ciudad en las que recibieron herramientas para mejorar las relaciones en el hogar y acompañar a las familias en los retos que se presentan durante el proceso de crianza de los niños.

El proceso busca fortalecer las relaciones por intermedio de experiencias que hacen que los asistentes se pongan en el lugar de NNA y descubran las acciones que funcionan en su educación. También ayudan a comprender lo que se esconde detrás del mal comportamiento y a identificar lo que los niños piensan, sienten y deciden de acuerdo con los estilos de crianza.

“Los talleres no son exclusivamente para cambiar el comportamiento de los niños, sino una reflexión sobre cómo yo me puedo transformar para mejorar la vida de mi familia”, señaló Juanita Arango, una de las madres beneficiadas.

 

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