Y si quieren indicar preferencia, “antes que ir a la cárcel, prefiero morir”: prefiero morirme que ir a la cárcel. “Antes que sencilla, muerta” o, lo mismo, “antes muerta que sencilla”.

“Antes que” o “antes de que me vaya”
Ambas construcciones son correctas: “Antes de que me vaya” o “antes que me vaya”. Cuestión de gusto y oído. Y lo mismo le ocurre a “después”: “Después de que me vaya” o “después que me vaya”. Talvez la segunda suene extraña, como incompleta, y funcione mejor “después que yo me vaya”, pero son todas estas opciones, en todo caso, igualmente correctas.
No funciona “antes que llegar, se detuvieron a comer algo”, pero sí funciona “antes de llegar, se detuvieron a comer algo” (elijan la segunda en estos casos). Tampoco funciona “antes que esta semana, estuve mejor”, pero sí “antes de esta semana, estuve mejor”.
Y si quieren indicar preferencia, “antes que ir a la cárcel, prefiero morir”: prefiero morirme que ir a la cárcel. “Antes que sencilla, muerta” o, lo mismo, “antes muerta que sencilla”.
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De esas que casi nunca usamos
Atán. En este caso, me atrevo a decir que nunca. Ni el mismísimo Word la reconoce. Este es un viejo adverbio equivalente a “tan”: corrió tan rápido como pudo. Un texto de 1521 decía: “Solisico Señora, pues que rebuelves essas cosas atán altas”.
Curiosidades del idioma
La historia de “rufián”. Una persona perversa es un “rufián”. También lo es, específicamente, el proxeneta, ser perverso, aquel que lleva a otra persona a la prostitución y se lucra de ello. Una de sus historias la relaciona con los “pelirrojos” (rufus en latín). Los pelirrojos no han sido muy queridos que digamos en algunas culturas. Además, las prostitutas romanas usaban pelucas rubias (más rojas encendidas que “monas”, que es como entendemos hoy la palabra “rubia”, más cercana del dorado).