Sigue el debate en torno al Festival de Poesía Medellín
Eduardo Escobar lamenta politización de la poesía
A las denuncias contra el director del Festival Internacional de Poesía formuladas por el poeta Harold Alvarado Tenorio y publicadas por EL MUNDO, se suman las que expresa en su columna de esta semana el poeta Eduardo Escobar. Harold Alvarado Tenorio no es el único intelectual que cuestiona las finanzas y los nexos de los organizadores del Festival Internacional de Poesía de Medellín con la izquierda política. Luego de que los directores del Festival le respondieran a Alvarado, a través de la publicación venezolana “Letralia”, diciendo que este poeta es un “paraintelectual”, otro alto representante de las Letras Colombianas, el poeta y columnista Eduardo Escobar ha dejado saber que se une a aquellos que creen que este festival ha sido sitiado por promotores de la extrema “izquierda asesina”.
Escobar, una de las máximas figuras del Nadaísmo, asegura, entre otras cosas, en su columna de esta semana, en “El Colombiano” que: “El Festival de Poesía de Medellín, ahora en marcha, fue copado hace años por el Partido Comunista. Y degeneró en pantomima lastimosa. El pintoresco jolgorio que comenzara como una tenida fraternal entre lírica y sicodélica acabó convertido en una maquinaria de desprestigio del gobierno entre sus despistados huéspedes internacionales, y de propaganda solapada de las pandillas de la izquierda asesina. Haciéndolos cómplices inocentes del terrorismo, la tortura, los campos de concentración y el abuso infantil de una horda de bárbaros.
Pero la Poesía aguanta todo. Hasta a sus poetas puestos en plan de voceadores encubiertos de proyectos vergonzosos. Justificando los puñales del fratricidio mientras se exhiben con las rosas del homenaje”, concluye Escobar.
Antecedente
Estas consideraciones del famoso poeta nadaísta tienen antecedente en la defensa del poeta antioqueño José Manuel Arango (hoy fallecido), cuando, según cita “Arquitrave”, fue descalificado por Fernando Rendón, director del Festival, por haber aceptado una condecoración de manos del entonces gobernador Álvaro Uribe Vélez. En esa oportunidad, Arango respondió diciendo que: “En cuanto a la ‘condición de intelectual oficial’ que me atribuye: parece que según el señor Rendón un escritor que recibe un premio se convierte en ‘intelectual oficial’, mientras que él, que acepta cada año dineros de organismos públicos y de empresas privadas y apoyos de embajadas y gobiernos, que dirige una institución, que nombra a dedo (de entre los de su camarilla, desde luego) a los que irán a representar la poesía de nuestro país en los festivales que se celebran por el mundo, él sin embargo puede mantenerse milagrosamente al margen y por fuera de la ‘oficialidad cultural y académica’ y de los ‘círculos del poder’. No sé cuál es la singular idea de poder que maneja el señor Rendón. En todo caso parece que no le basta con el que ya tiene y lo quiere absoluto, puesto que no tolera criticas, y acude a tergiversaciones, acusaciones y hasta amenazas contra los que se atreven a ver deficiencias o vicios en su festival”.
El poeta Arango, considerado como una de las mayores glorias de la poesía contemporánea de Colombia, no se limitó a criticar la supuesta intolerancia de los organizadores del festival, sino que, cuestionó otros varios aspectos de este certamen. Aseguró, por ejemplo, que: «El Festival de Poesía tiene más aspectos negativos que positivos. Y el problema no está en si la poesía debe leerse públicamente o no (...) Se trata de otros aspectos del festival. Por ejemplo, se preocu¬pan más por la cantidad que por la calidad, importa mucho más el número de poetas participantes, de países, mientras más lejos queden, mejor, traídos sin ningún criterio. Sería mejor que en vez de 70 poetas trajeran 10 buenos, y eso les serviría más a los jóvenes que van a oírlos.
Por otra parte, y esto ha sido muy negativo para la poesía colombiana, como se invitan poetas de todo el mundo, se reciben invitaciones de todo el mundo. Pero a los orga¬nizadores no se les ocurre enviar en representación de Colombia a poetas como Fernando Charry Lara, o Jaime Jaramillo Escobar o Giovanni Quessep o Elkin Restrepo. No, van ellos, los 5 ó 6 que controlan el Festival. Y no van como organizadores de festivales sino como poetas. Si el Festival estuviera en manos de una institución, una universidad por ejemplo, se podría distin¬guir mejor entre poetas y emisarios culturales”.
Otro asunto de gran importancia para los intelectuales críticos del Festival ha sido el presunto interés de los organizadores de este por impulsar el comunismo, a través de los actos masivos del certamen, financiado con fondos públicos. Acerca de esto, el columnista de EL MUNDO Darío Acevedo Carmona, en su texto “La Poesía profanada”, ha hecho hincapié en que: “En los actos de lectura de poemas, un presentador leía como abrebocas un texto político tipo proclama antigobiernista. Es como si en una sala de cine antes de la exhibición de la cinta el dueño del teatro o sus accionistas aprovecharan nuestra presencia para realizar una determinada campaña política”.
Continúa Carmona: “Los directores del Festival, abusando de la buena fe del público, tomándose por asalto la opinión y el sentir de los asistentes, pretendieron uniformizarnos políticamente al abrir un paraguas que en vez de asegurarnos y respetar la comunión sagrada en torno a la poesía nos divide al dejar gentes por fuera, pues quienes se congregan para escuchar a los poetas invitados lo hacen sin preguntarse por la procedencia política o ideológica”.
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“Urticado” - Roca también critica |
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Gabriel Jaime Franco, codirector del Festival de Poesía, aseguró, hace pocos días, que el proyecto de ley que se adelantó para declarar a este evento Patrimonio Nacional “urticó” en alto grado al poeta Juan Manuel Roca. Roca, uno de los representantes más reconocidos de su generación, ha preferido mantener distancia en el reciente debate que se ha propuesto. Sin embargo, en años anteriores, expresó afirmaciones contra el Festival, como las siguientes: “(...) Fastidia el mesianismo, lo mismo que el carácter macro que le imprimen: se cuentan los poetas, los países, las lenguas y hasta el público como si fueran unidades de penicilina. Los organizadores tendrían que cambiar el discurso cuando señalan el festival como una panacea para todos los males. Sus declaraciones son las mismas año tras año. La arrogancia es mala consejera, las críticas son las que mejoran cualquier evento” (El Colombiano, 26 de junio de 1999).
El poeta Harold Alvarado, en uno de sus escritos, trae a colación que Roca, además, habría aseverado que: “Jorge Barón reúne más gente que el Festival de Poesía y en vez de dar poesía, da agüita a su gente y sin embargo eso nada significa para la cultura” y que: “El Festival de Poesía de Medellín no puede cambiar la pobreza de la poesía colombiana porque sus actos son episódicos, para un público que atiende por hambre o desolación los espectáculos que le ofrece un variopinto desfile de hombres y mujeres venidas de otro mundo que gritan o cantan o murmuran de lenguas incomprensibles”.
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