Luego de trece años, el arzobispo Alberto Giraldo deja la Arquidiócesis de la ciudad
Medellín despide a su Pastor
29 de Abril de 2010


Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo deja hoy su cargo como Arzobispo. La comunidad religiosa de la capital antioqueña le ofrecerá una eucaristía solemne a las 10:00 a.m. en la Catedral Metropolitana.


Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo ordenó cuatro Obispos, y cerca de trescientos Sacerdotes. Fotos Archivo.

María Cecilia González Callejas

El actual Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Medellín, monseñor Alberto Giraldo Jaramillo, quien fue Arzobispo de la ciudad durante trece años, se despide hoy de la comunidad arquidiocesana, y dentro de una semana, tomará posesión el nuevo jerarca, monseñor Ricardo Tobón Restrepo.

Conversamos con monseñor Giraldo Jaramillo para conocer los momentos, situaciones y personas que enriquecieron su vida y labor pastoral durante estos años, de igual forma para hacer un balance de lo que fue su gestión al frente de uno de los distritos eclesiales más importantes del país.

¿Qué es lo que más recuerda de su infancia?

“La cercanía y el cariño de mis padres y de mis abuelos. Una vida muy sencilla y muy en unidad, porque no se trataba de una familia rica, sino muy piadosa. Fue central para nosotros la oración diaria del rosario, y la participación en la misa dominical. Había unos diálogos, yo los llamaría catequísticos, con papá y mamá que nos iban conduciendo en circunstancias muy concretas para una vida de fidelidad al evangelio”.

¿En qué momento decide ser sacerdote? ¿Cuándo siente ese llamado de Dios?

“Yo empecé a pensar en el sacerdocio desde muy niño, y creo que lo que más influyó fue la presencia de un familiar de mi abuelo que era sacerdote. Él fue prácticamente de los primeros fundadores del seminario de Yarumal y él iba mucho a mi casa y hablaba de la vida misionera. Yo tuve la oportunidad de leer las Crónicas Misionales de Monseñor Miguel Ángel Builes, entonces empecé a soñar en la vida sacerdotal como una vida misionera".

¿Qué experiencias le quedaron de haber sido formador y profesor de los seminarios de Manizales y Bogotá?

“Aprendí mucho. Ser testigo de la vocación de unos jóvenes nos interpela a quienes hemos sido formadores. Cada uno tiene una historia distinta con unos sueños y unas posibilidades diversas.

Por otro lado la responsabilidad de preparar unas clases nos exige leer, buscar, mantenernos al día para poder servir como la Iglesia quiere en un seminario”.

Usted fue delegado de la Iglesia en Colombia en los diálogos de paz y en la liberación de algunos secuestrados, ¿qué anécdota recuerda de esta experiencia?

“Mucho antes de ser presidente de la Conferencia me tocó intervenir en la liberación de algunos secuestrados y también tuve que intervenir en los diálogos, por lo menos con dos grupos armados, antes de llegar a lo que todo el país supo después.

Considero que lo fundamental es que nosotros nos demos cuenta de que estamos tratando con personas. Ésta persona que está en un grupo armado es un ser humano, por ejemplo es papá, o es mamá, es hijo de familia, tiene una historia, ha tenido unos sufrimientos, ha tenido unas contradicciones en su vida.

En algunas reuniones de una comisión de paz que tuvimos en Popayán, se consagró una expresión que a mí me parece que es muy importante: ‘Para un diálogo de paz, se necesita una terapia del lenguaje’ porque no vamos a lograr un diálogo de paz si en nuestro mismo lenguaje nos mostramos agresivos, ofensivos, desafiantes o prepotentes frente a aquel con quien vamos a dialogar”.

¿Cuáles son los valores que considera lo caracterizan en su labor pastoral?

“Creo que lo que más me ha ayudado en mi vida es saber que la obra no la voy haciendo yo, sino que la va haciendo el Señor. Y ya después de tantos años, yo me atrevo a decir que lo central para que nuestra vida funcione es la oración, es decir, aquellos espacios, aquellas circunstancias en las que nos ponemos dóciles a mi Dios para que él actúe, tal vez por medio de nuestro trabajo”.

Del tiempo que estuvo en Medellín ¿Qué se lleva de los paisas?

- “Me llevo los mejores recuerdos. Tengo que agradecerle al Señor el haberme regalado una ciudad y una región con una gran riqueza de vocaciones sacerdotales, con unos medios de realización y crecimiento estupendos. Los seminarios, la universidad, las posibilidades de evangelización que aquí se tienen y al mismo tiempo lo que se ha podido hacer desde aquí en otras diócesis y en otras regiones tanto de Colombia, como del mundo entero.

Me llevo de Medellín, ante todo, una actitud de acción de gracias al Señor por todo lo que el mismo Dios ha realizado en estos años aquí en la Arquidiócesis”.


¿Qué fue lo más difícil de ser Arzobispo de Medellín?

“Lo más difícil es encontrar los medios concretos para llegar a todas y cada una de las personas. Cómo llegar al violento, a la juventud tan numerosa, a los desplazados, a los desempleados. Miro pues las dificultades y los desafíos desde el punto de vista de personas que las hacen totalmente distintas”.

Y en contraste con la pregunta anterior ¿Qué fue lo más gratificante de ser Arzobispo de Medellín?

“Encontrar que no estaba solo. Primero estoy desde luego con Dios nuestro Señor, con la Virgen María; estoy con un grupo de hermanos Obispos, de hermanos Sacerdotes, y con muchísima gente que quiere hacer el bien en la ciudad.

Habría posibilidad de enumerar muchas personas e instituciones que quieren hacer de Medellín y de esta zona de la Arquidiócesis una ciudad y una región amable, progresista, pacífica; una ciudad en la que uno dice: ‘Qué bueno vivir aquí’”.

¿Usted por qué le daría gracias a Dios en este momento?

“Por todo. Le doy gracias a Dios por mi vida y por todas las personas, todas, todas, todas, las que voy encontrando día a día en aquellas responsabilidades que Él me confía”.

¿Qué vendrá para su vida cuando entregue su cargo actual?

“Bueno, la respuesta la dará mi Dios. Uno programa algunas cosas, uno dice me dedicaré a leer, a escribir, a orar, y luego todos sabemos que después de tantos años la vida llega a un final. Éstos son los temas para reflexionar y pensar una vez haya salido de Medellín”.

Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo le deja a la ciudad de Medellín un legado de paz y reconciliación. No solo fue el Arzobispo de la Arquidiócesis de Medellín, sino que será recordado como hermano, amigo, y Pastor.

Finalmente él se despide de la Arquidiócesis y de la ciudad agradeciendo por el apoyo brindado: “Que Dios bendiga a todas aquellas personas que durante estos trece años que he estado en Medellín, y sobre todo durante estos últimos días me han hecho sentir su cercanía, su apoyo, su comprensión, su paciencia. Yo no soy perfecto, a pesar de mis muchas limitaciones he sentido el apoyo y la ayuda de todos. Que Dios los bendiga”.