Internacional

Profitable crops, a solution for coca
Cultivos rentables, solución a la coca
30 de Noviembre de 2013


Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, Unodc, los precios que recibe el cultivador de coca no reaccionan, están en los mismos niveles de los últimos años, por lo que el campesino no tiene nuevos incentivos para sembrar.


Foto: Cortesía 

En el año 2000, los gobiernos de Estados Unidos y Colombia lanzaron en conjunto operaciones intensas de fumigación y destrucción de los cultivos de coca y amapola utilizados para hacer cocaína y heroína, respectivamente.

Esther Rebollo


Agencia Efe


 


La solución al problema de la coca en Colombia pasa por implementar proyectos productivos rentables en las zonas rurales más aisladas, construir infraestructuras para que los campesinos puedan transportar y comercializar sus productos y acabar con la estigmatización de una planta que puede tener usos legales.


Estas son las recomendaciones que el economista experto en narcotráfico Felipe Tascón hace a los representantes del Gobierno y las Farc, quienes el jueves comenzaron a negociar en La Habana.


Para entender por qué la coca y su derivado, la cocaína, han sido motor de la guerra basta con conocer la reciente historia de Colombia, afirmó Tascón.


“En primer lugar este país nunca tuvo una reforma agraria y el latifundio generó emigraciones, en algunos casos forzadas por la guerra y en otros por causas económicas”, manifestó.


“A ello se suma la mala calidad del suelo en terrenos andinos y amazónicos, donde la coca, traída originariamente de Bolivia, se adapta; además la ausencia de vías y los TLC que obligan a Colombia a competir con economías subsidiadas como las europeas o la de Estados Unidos”.


Según Tascón, que es consultor de la ONU, la Unión Europea y el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, “esos cuatro factores hacen que, pese al impacto de la guerra en la vida de los campesinos cocaleros, se siga con el cultivo porque es el único producto con posibilidades económicas en muchas zonas”.


Y es que, detalló, “si un campesino cultiva yuca o fríjol no puede transportarlo sin carreteras ni caminos, mientras que si cultiva coca la transforma en pasta básica, y convierte así una arroba de hoja, que ocupa un metro cúbico, en tan solo 18, 20 o 25 gramos, que sí puede transportar a pie”.


“La clave está en que el Estado solo tiene presencia en las zonas donde se cultiva coca por la vía militar y debe tenerla por la vía de la salud pública y la educación” añadió.


Si a ello se une que hay terrenos que no asimilan otro tipo de cultivo, el Estado, según Tascón, debería plantearse mantener la coca en algunas zonas.


“En Bolivia hay ejemplos desde el Gobierno que promueven usos lícitos medicinales, harinas o suplementos nutricionales para esta droga”.


Se refirió así a las consecuencias de la lucha contra las drogas, en la que los campesinos, a quienes ni la coca ya les resulta rentable, son las víctimas, al criticar las fumigaciones aéreas con químicos que arrasan todo tipo de cultivos, tanto legales como ilegales.


“Las fumigaciones son algo totalmente burocratizado. Fumigan diez metros de coca, más 30 de fríjol, más 50 de ríos. Vacían un tanque sin control y el resultado final no es eliminar la coca, sino afectar al campesino y al ambiente, ya que el campesino reacciona abriendo más monte, metiéndose más adentro”, insistió.



Evidencias

En el municipio de La Sierra, departamento del Cauca, hasta el momento se han afectado los pequeños agricultores que habitan las veredas del Oso, Providencia, El Retiro, Primavera, Palo Grande, San Pedro Alto, San Pedro Bajo, El Llano, Los Robles y La Cuchilla.


Los efectos negativos de las fumigaciones aéreas han ocasionado pérdidas en cultivos como café, plátano, maíz, caña, fríjol, potreros y bosques de reserva forestal de las microcuencas La Semita, El Oso, Cerro Negro y La Cutánea.


Uno de los peores daños causados por estas fumigaciones fue la aplicación del herbicida sobre el bosque protector de la microcuenca de la quebrada de Curiaco, en el municipio de Almarguer, que es la encargada de abastecer el acueducto de la cabecera municipal, afectando de esta manera a los tres mil habitantes que se benefician de este servicio.


En el Putumayo, a los campesinos les aqueja es el ruido de los aviones que pasan fumigándolos, escoltados por helicópteros. Las poblaciones afectadas se están quedando sin comida, mueren sus animales y se afecta el medio ambiente.