Mundo deportivo

The five-time champion left an exemplary legacy
“El pentacampeón” dejó un legado ejemplar
Autor: Javier Ramirez
20 de Noviembre de 2014


A los 82 años, Ramón Hoyos Vallejo murió ayer a causa de un paro cardíaco que le aconteció por complicaciones de salud. Sus cenizas reposan en el osario de la parroquia El Espíritu Santo, del barrio Prado.


Foto: EL MUNDO 

“El escarabajo de la montaña”, como también se le llamó en su época a Ramón Hoyos, dio origen al mote con que hoy se identifica a los ciclistas colombianos en todo el mundo.

Era cuestión de capacidad, de preparación, de afición y vocación, pero sobre todo de valor y coraje. Era el comienzo del ciclismo colombiano y la agreste geografía del territorio nacional se tornaba más en un desafío que en una invitación para aquellos muchachos que aceptaban el reto de atravesar el país en busca del título de la Vuelta a Colombia en bicicleta, un deporte que apenas nacía en nuestro país.


El cundinamarqués Efraín Forero Triviño y el francés José Beyaert habían inscrito sus nombres como campeones de las dos primeras ediciones, por allá en 1951 y 1952, una época en que las piedras, el barro y los ríos cubrían las carreteras colombianas, convirtiendo cada jornada en una verdadera aventura para quien intentaba recorrerlas.


Una década en la que el deporte, y especialmente el ciclismo, se practicaban con la simple intención de representar los colores del departamento y de defender la camiseta de la tierra.


Entonces apareció el primer equipo antioqueño y con él el primer gran campeón, la primera gran figura del deporte y del ciclismo colombiano: Ramón Hoyos Vallejo, a quien después se le llamó cariñosamente Don Ramón de Marinilla, un reconocimiento a sus gestas y a su tierra natal, ese municipio del Oriente antioqueño que lo vio nacer el 26 de mayo de 1932.


En apenas seis años, Ramón Hoyos se convirtió en pentacampeón de la Vuelta a Colombia, dando origen a lo que en aquel tiempo se denominó “Los Paisas en Caravana”, por la hegemonía que consolidó el equipo de esta comarca en la primera década del que hoy es el deporte nacional.


Una seguidilla de triunfos (1953, 1954, 1955, 1956, 1958) que se vio interrumpida solamente en 1957 cuando el entonces técnico de Antioquia, “El Macanudo” Julio Arrastía Bricca, decidió retirar el equipo porque se acusaba a su hombre líder de haberse “remolcado”.


Los más ganadores: el pentacampeón Ramón Hoyos y a su lado el séxtuple campeón de Vuelta a Colombia, Rafael Antonio Niño.


Hombre de carácter


La fuerza, el temperamento y el carácter que exhibió en las carreteras fueron las mismas cualidades que acompañaron a Don Ramón en sus 82 años de vida.


“Fue un hombre trabajador, serio, emprendedor, temperamental pero muy servicial”. Así lo recuerda Jorge, el menor de los cinco hijos del pentacampeón, quien se encontraba en la Clínica Las Vegas recibiendo atención especializada a causa de una infección urinaria cuando tuvo un cuadro cardíaco que no superó.


Es que “El escarabajo de la montaña”, como fue bautizado desde sus comienzos, por su facilidad en el ascenso y su capacidad de lucha y sacrificio, fue siempre un hombre extrovertido, que no se guardaba nada, directo, de voz y semblante recio.


“Era un tanto cascarrabias, muy celoso con sus triunfos y había que saberlo llevar por su temperamento, pero sobre todo fue un gran campeón, un ejemplo para todos, y así lo vamos a recordar”, recalcó a su vez Martín Emilio “Cochise” Rodríguez, el campeón que continuó el dominio del ciclismo antioqueño en la década de los sesenta y quien vivió y sufrió los avatares del ciclismo en carretera junto a Don Ramón.


Ramón Hoyos aún posee el récord de más etapas ganadas en una sola edición de la Vuelta a Colombia, con 12.


“Tuve la fortuna de compartir muchos momentos con él, por encima de todo queda un buen recuerdo porque fue un gran campeón, un deportista sin tacha, que abrió el camino del ciclismo de Antioquia y de Colombia”, destacó “Cochise” anotando que la caravana de la Vuelta del Porvenir guardó ayer un minuto de silencio en su honor.


Y es que las glorias deportivas de Don Ramón le hicieron merecedor de elogios y reconocimientos indelebles, entre ellos del pintor y escultor Fernando Botero, que inmortalizó su trayectoria en el lienzo “Apoteosis de Ramón Hoyos”, y del Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, que escribió catorce artículos sobre su vida.


“Fui gran admirador de él en sus comienzos. Él fue ejemplo para nosotros y para las generaciones que nos siguieron, fue un guía y un faro en el camino”, anotó Javier “El Ñato” Suárez, otro de los grandes escaladores de la década de los sesenta que continuó el ejemplar legado de  Don Ramón de Marinilla.


“Él (Ramón Hoyos) se había retirado en el año 59 y volvió en el 64. Corríamos la etapa Caucasia-Yarumal, porque la Vuelta había empezado en Santa Marta. Ese día él se fugó en Tarazá y nos tomó buena ventaja, pero cuando lo alcanzamos en el Valdivia nos dimos cuenta que no podía más por los cólicos y el daño de estómago que tenía”, recuerda “El Ñato” Suárez como anécdota de la Vuelta que compartió con “El escarabajo de la montaña”, el hombre que escribió las primeras páginas de gloria del ciclismo colombiano.