Palabra y obra

Medellín revises Félix Ángel’s trajectory
Medellín revisa la trayectoria de Félix Ángel
Autor: Daniel Grajales
16 de Septiembre de 2016


El artista habla sobre la exposición que tendrá en la Feria Art Medellín, la cual refleja diferentes momentos de su carrera.


Foto: Cortesía 

Detalle de la obra Gang (Pandilla), que es parte de un extenso mural. 

Félix Ángel describe a su familia como una de las “típicas familias antioqueñas, con  ideas y comportamientos del siglo XIX en plena postguerra del XX. Yo trataba de orientar a mi manera mis propios intereses, y ello me creó mala fama. Una de las quejas frecuentes de mi madre a mi padre era de que yo era muy ‘yo me mando’”.


Uno de los jugadores de béisbol de Félix Ángel, elaborado en el 2012.


Foto: Cortesía 

“Recuerdo haber sentido una gran curiosidad por todo aquello que de alguna forma estimulaba mi percepción, la cual impactaba mi raciocinio, de lo muy bello a lo ridículo. Ello me convirtió en un muchacho muy especial aunque casi nadie se diera cuenta”, relata el creador, radicado en Washington DC, desde 1977, quien en esta vez regresa a Medellín, ciudad en la que nació, a la que ha venido regularmente desde entonces, sea por encargos de obra como los murales del Metro de Medellín, la Universidad Pontificia Bolivariana y la Universidad Nacional, por compromisos académicos o para visitar a sus seres queridos; para recibir un homenaje en la Feria Art Medellín, en la cual presentará una decena de creaciones.


Ángel precisa que “en la Feria hay una mini-muestra de diferentes periodos, temas y técnicas que reflejan diversos intereses e inquietudes visuales a lo largo de mi carrera”.


La obra más antigua es The preppie killer (1989) y las más recientes son Composición con perros y caballos, “una obra que recapitula sobre imágenes ya conocidas”.


El artista explica que The preppie killer es una creación que nació “como resultado del incremento durante los 80’s de la drogadicción en los Estados Unidos (el mayor mercado de los narcotraficantes colombianos), importantes centros urbanos como Los Ángeles, Nueva York y Washington experimentaron un aumento de la violencia y alteración del comportamiento social hasta los niveles más afluentes”.  


Según él, “uno de los casos más destacados fue el de Robert Emmet Chambers, un muchacho que asesinó violentamente detrás del Museo Metropolitano,  en el  Parque Central  de Nueva York, en la madrugada del 26 de agosto de 1986 a Jennifer Levin, una chica que conoció en un bar. Por dos años la prensa no cesó de registrar el evento y bautizó al agresor como ‘the preppie killer’ (preppie es un término del noreste de los Estados Unidos que caracteriza un individuo que estudia en colegio privado y cuyos modales, educación, y manera de vestir son típicos de clase conservadora  media alta, o alta)”.  


Composición con perros y caballos (2015).


Foto: Cortesía 

La creación está “concebida al desenlace del notable suceso, la presente obra no pretende ser un retrato de Chambers. Evoca más bien la degradación de la violencia a que las drogas conllevan, camuflada de forma inofensiva con impronta inocente en medio de un paisaje engañosamente idílico y taciturno, enclavado en medio de una desordenada actividad urbana, a veces  fuera de control”.


Otra obra es Santa Elena, de la serie Montañas que “alude poéticamente a la geografía de Antioquia (cerca a Medellín), una mezcla de naturaleza agresiva y tímida intervención humana. La exploración formal responde a la conceptualización del modo de ser y la idiosincrasia colombiana, y en particular antioqueña, difícil de caracterizar por sus contradicciones implícitas: por un lado la determinación a no dejarse doblegar por la indómita naturaleza ha forjado una raza recia y estoica; por otro, la desconfianza por lo desconocido, y la poca apertura hacia el exterior, dispone al individuo a sacar partido de cualquier circunstancia con tal de lograr alguna ventaja, convencido de que en el largo plazo la geografía, como sus conciudadanos,  siempre encontrarán una manera de resarcirse egoístamente de cualquier iniciativa, no importa las dificultades y las buenas intenciones que el hombre tenga para mejorar la calidad de vida, propia y de los demás”. 


Santa Elena está visiblemente inspirada en la antigua carretera que va de Medellín al oriente de la ciudad, “con su precario recorrido, sinuosos recodos y traicioneros desfiladeros que de noche asume una imponente presencia  de salvaje hermosura y apabullante indiferencia”.


También exhibe la pieza “Arab spring (primavera árabe), prácticamente un mosaico de papel hecho con fragmentos de noticias gráficas relacionadas con los problemas del Medio Oriente. En la obra de Félix Ángel hay una relación directa entre el papel como recurso, y las situaciones sociales que resultan del constante reajuste de fallidas soluciones a los desafíos de la contemporaneidad”. 


“Consistente con el uso del collage como medio expresivo a todo lo largo de su carrera,  la  serie titulada Arqueologías de papel (2004) utiliza fragmentos de  imágenes publicadas en medios de comunicación ligadas a hechos actuales cuyo destino es corroborar la veracidad o el contenido de la información, fraccionadas como piezas de un mosaico. Las imágenes impresas se deconstruyen. Con los fragmentos surgen otras imágenes que a primer golpe de vista son puramente plásticas y estéticas, bellas y agradables en su apariencia, y evocan elementos u objetos, como la presente obra, similar a una alfombra oriental”.  


La muestra presenta una obra en cerámica esmaltada, que hace parte de un mural más extenso de tres módulos y se titula Gang (Pandilla). La figura que se repite y se desdobla, “la utilicé en el mural de la Bolivariana, en alusión al hecho de que la educación es lo único que puede cambiar la mentalidad violenta que tenemos”.


Félix Ángel acepta que su ciudad, Medellín, “sigue estando muy presente” en su obra, que “es inevitable”,  lo cual “tiene que ver con la obligación que toda persona tiene de aportar y contribuir a que las cosas mejoren, aun cuando a veces no se interprete de esa forma. Por supuesto que no todos los artistas sienten esa necesidad, pero yo sí, en parte, porque tengo una natural disposición a colaborar que viene del ejemplo de mis padres, quienes fueron seres muy generosos”.  


Concluye que “si todo el mundo ayudara al medio y a la gente con lo que tiene, y como puede, tendríamos un mejor país, un medio artístico más dinámico, más competitivo, menos envidioso. Pero somos muy chiquitos, y preferimos la propia comodidad propia, a costa de no ayudar, y lo peor, obstaculizar los esfuerzos de los demás.  Tenemos que cambiar esa actitud”.