Palabra y obra

Andrés Delgado wrote a “Sabotage”
Andrés Delgado escribió un “Sabotaje”
27 de Octubre de 2012


El escritor Andrés Delgado presentó su novela “Sabotaje” en la pasada edición de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.


Andrés Delgado nació en Medellín en 1978. Ha sido militar, ingeniero y periodista. Su formación académica fue como ingeniero de producción de la Universidad Eafit. En esa misma universidad participó de un taller de escritores, pero él afirma que "los talleres literarios solo sirven para socializar. Para encontrarse con gente con la que se conversa sobre los temas que a uno le provocan curiosidad. Pero de resto no sirven para nada".

Sara Restrepo Rojas

Óscar Jairo González


La historia de Julián Cartagena. “La primera novela colombiana que habla sobre el pago del servicio militar obligatorio. En Colombia hay muchas historias del conflicto pero contadas desde el foco del periodismo, el testimonio, la reportería, pero no desde la ficción. Esta historia rompe esa tradición: habla de la Policía Militar, del entrenamiento en la guerra urbana, del amoldamiento psicológico que sufren los soldados”, así explica Andrés Delgado su novela “Sabotaje”, que lo hizo ganador de una Beca de Creación Artística de Medellín.
Él habla sobre este trabajo.


- ¿La escritura de una novela como “Sabotaje” ha sido para usted una catarsis?, ¿en qué momento decide escribirla?


“En ningún momento he querido vaciar mis tripas en la literatura. La palabra catarsis significa purificación o liberación. En este caso no creo que sea ni lo uno ni lo otro porque eso suena como si hubiera fumigado el aire y la plaga, cuando por el contrario luego de la publicación quedé más picado que nunca y con ganas de seguir respirando con hondura y conciencia.


Decidí escribirla cuando supe de las Becas de Creación de la Alcaldía y existía la posibilidad de encerrarme en el apartamento un año. Me aterran los escritores de fin de semana. O uno es escritor o no lo es. Punto.


Cuando me siento a trabajar en una novela no quiero pensar en nada más, no soy capaz de pensar en nada más. Esa radicalidad me ha valido ya dos divorcios, varios empleos y tres novelas.


Con la escritura de ‘Sabotaje’ fue lo mismo. Nunca hubiera tenido la paciencia para trabajar como ingeniero y escritor a la misma vez, ir a la empresa por el día y sentarme a escribir una o dos horas por la noche. Así no funciona. Por eso decidí escribirla cuando me gané la Beca de Creación del Municipio de Medellín”.


- ¿Para usted la escritura es una experiencia límite?


“Sí es una experiencia límite. Y lo es porque me genera una gran ansiedad y angustia. Yo no quisiera que esto sucediera y que la creación literaria fuera algo más relajada y tranquila, pero lo cierto es que no lo es. Alguno de los escritores grandes decía que su trabajo consistía en fumarse cincuenta cigarrillos en las mañanas mientras escribía, y desintoxicarse en la tarde cuando corregía lo que había escrito.


Creo que esa intranquilidad se debe a la alta dosis de soledad e introspección por un lado y por la búsqueda de las mejores palabras para lograr los efectos. Lo que yo creo es que en otras actividades vos te das cuenta muy rápido si tenés que mejorar o no. Por ejemplo en una oficina como empleado, hay alguien que te orienta y te deja sus órdenes y consignas. Y vos te podes relajar. Pero en la literatura vos vas solo sin tener la más mínima idea de lo que estás haciendo.


Supongo que eso es síntoma de novato y espero algún día superarlo. Pero como sea, la literatura es un arte que contrario a la música y a la pintura debe gran parte del trabajo a la madurez intelectual y no solo a las vísceras. Esa parte racional es la que genera tanta zozobra e impaciencia”.


- ¿Cuándo siente la necesidad de escribir novela o crónica? ¿Dónde radica la diferencia entre una y otra?


“La necesidad de escribir novela o crónica parte del mismo punto: despertarse temprano, estirar el cuello, tomar café humeante, mirar la luz electrizante de las seis de la mañana y respirar profundo el aire de la madrugada.


Durante el día descubrir la estupidez de la gente, descubrir la genialidad de esa misma gente, sus peleas y sus amores. Ver el brillo de los ojos de mis hijas cuando contesto sus preguntas, reírme con una amiga, escuchar jazz, visitar la abuela y creer que la vida no será en vano. Desde ese punto nace la necesidad de la escritura.


La diferencia entre novela y crónica es la intención, el medio y las estructuras. El periodismo exige a nivel formal unos elementos como los datos duros, las cifras, la actualidad, la novedad. Pero la novela, aunque se nutre del periodismo tiene otro objetivo: transmitir una emoción, el amor, el odio, el miedo;  y para trasmitir esas sensaciones se debe recurrir a otros recursos que son mucho más exigentes que los datos duros y las estadísticas. El periodismo es una herramienta para informarse y entender el mundo y como tal puede recurrir a la mentira. La literatura es un arte, y como tal tiene que decir la verdad”. 


- El lector encuentra en “Sabotaje” una serie de personajes como Juliana, Baby Alexandra,  La Chita Castro o Bedoya, quienes están relacionados con la vida de Julián Cartagena: ¿De dónde provienen esos personajes?


“Conocí personalmente a muchos de los personajes de la novela. Pero a la hora de escribirlos y caracterizarlos cambié mucha parte de lo que son. Esto con el fin de crear un personaje que le diera fuerza al relato.


Mis personajes no se agotan en la realidad, porque entonces la narración resultaría muy floja. Los personajes de la ficción obedecen a fines muy concretos que tiene el autor para lograr sus objetivos. Si se necesita que la obra tenga una pizca de cariño y dedicación, habrá que poner a Liliana, una amante delicada y paciente, que prepara cocteles de calamares y sirve vino en su mesa. Ese personaje tiene que funcionar. ¿Y qué es funcionar? Qué trasmitan una emoción, un sentimiento”.


- Usted basa su novela en la experiencia de una realidad, la suya: ¿Dónde queda la ficción?, ¿o no le interesaba para nada, dónde se da la fisura entre realidad y ficción?


“Esta novela es realista porque encaja en este género. Pero no porque todo lo que se cuenta sea lo que sucedió en las filas del ejército. Insisto: todo parte de una necesidad de efectividad. El relato tiene que ser efectivo, tiene que trasmitir una verdad, una emoción, una sensación.


Para lograr esto hay que recurrir a las herramientas que se estudian del teatro, el periodismo, la poesía, la música, la ingeniería, de todas partes hay que aprender los trucos para que las cosas funcionen. Por eso decir que la novela cuenta mi historia es totalmente falso.


Contarla en primera persona es solo una decisión técnica con la que pretendía instaurar al lector en el centro de las acciones. Pero en ningún momento pretendí escribir sobre mí. Por eso ‘Sabotaje’ no es mi historia, ni yo soy Julián Cartagena. Ojalá yo tuviera un carácter como el de Julián”.


- ¿Se siente usted influenciado por la literatura de esta generación, de autores como Sedaris, Palahniuk, David Foster Wallace?


“Creo que todos somos hijos de nuestro tiempo. Narrar historias en este momento como lo hicieran Alejandro Dumas, Carrasquilla o Capote, o cualquier otro del pasado, no tiene sentido. Cada uno de ellos leyó su realidad con ojos educados en su tiempo, y así mismo escribieron. Así nosotros.


Entonces sí estoy inscrito en una tendencia, en una línea, sea la que sea, pero no lo hago de manera consciente: ‘voy a escribir como Palahniuk’, no.


Uno escribe y lee con los ojos de la época, con la educación que se tiene, permeado por los medios, y luego esa escritura queda inevitablemente enmarcada y permeada con la época. Dumas nunca hubiera escrito como Foster Wallace, ni Sedaris como Flaubert. Aún los genios que escaparon a su tiempo estudiaron a fondo lo que luego destruirían”.


- Es evidente que la vida militar que lleva Julián Cartagena se desarrolla en la ciudad de Medellín, ¿por qué Medellín?


“Porque es la ciudad que mejor conozco. Y uno debe escribir de lo que conoce, decía Hemingway... y cuando se dio cuenta de que estaba equivocado se suicidó”.


- Su novela presenta la vida en el ejército con toda su problemática, ¿considera su novelac omo una novela histórica o no?


“’Sabotaje’ es una novela realista, altamente realista, fastidiosamente realista. Y si eso es ser histórico, entonces sí, la historia de Cartagena puede enmarcarse como una novela histórica. Pero nunca pienso en esas cosas cuando escribo”. 


- Observamos que su novela no es como los relatos que se publican en Colombia con frecuencia sobre temas de conflicto, ¿por qué buscó eso?


“La diferencia de Sabotaje es su intención. Esta novela no es sobre el conflicto colombiano como podría esperarse ya que narra una historia del ejército. En ‘Sabotaje’ sí hay un conflicto, pero un conflicto interior. Un muchacho que tiene ganarse un espacio en el mundo y en esa búsqueda cae en la trampa”.



Influencias Literarias


"Hay muchos escritores que me han marcado, desde Truman Capote, Palahniuk, Roberto Bolaño, hasta Federico Andahazi y Andrés Felipe Solano. Pero Mario Escobar Velásquez fue el primer profesor de literatura que tuve. En sus talleres comprendí la importancia de estudiar la técnica, aprender a verla en las novelas y cuentos e intentar aplicarla en la propia obra.


Pero así como a Mario le debo varios trucos, también hoy quisiera cumplir con el mito clásico de matar al padre. Especialmente porque siento que ese ultra-realismo de Mario es muy dañino para un arte que puede tener mayores libertades.


También hay muchos cronistas que me han influenciado: Emilio Fernández Cicco, Carlos Mario Correa, Martín Caparrós, Jon Lee Anderson, Gay Talese y otra vez Capote.


Mi primer curso de periodismo lo hice con Juan Pablo Meneses y su visión permeó todo lo que hago en periodismo. Hay una cosa que me molió el cerebro: Las crónicas tienen que venderse. Meneses es un mercenario y yo le aprendí ese utilitarismo. Hoy estoy hablando mucho de los primeros profesores porque marcan a fuego. Y por eso son tan dañinos. Por eso evito adoctrinar a mis hijas".