Cultural

“My job as a drawer is to feel “
“Mi trabajo como dibujante es sentir”
4 de Agosto de 2015


El artista César del Valle, quien nació en Pereira en 1985, compartió detalles sobre la exposición Portraits, que tendrá abierta al público hasta el 31 de agosto en la Galería Particuliere de París, Francia.



César del Valle encuentra una conexión con el dibujo que le permite expresar diferentes reflexiones personales. 

Óscar Jairo González Hernández


Facultad de Comunicación


Comunicación y Lenguajes Audiovisuales


Universidad de Medellín


Alfred Kubin trata sobre lo que llama: “El trabajo del dibujante”: ¿Podría decirnos usted, cuál y cómo es su trabajo como tal? 


Mi trabajo como dibujante es sentir, pensar y hacer. Pensar en el cómo es este trabajo, me sugiere un todo en relación a este oficio. Es en esa pregunta y en sus posibles respuestas donde el dibujante se hace, pues, si por ejemplo después de mucha reflexión no hay un cómo que la formalice materialmente (textos, imágenes, acciones, gestos, entre otros), el dibujo no aparece. Pero en general, desde mi experiencia, puedo decir que es un trabajo contemplativo, desde el ver y el escuchar, y de un hacer por lo general lento. 


Mi trabajo se da en buena parte desde la tradición de este oficio, evidente en el manejo de una técnica y unas herramientas convencionales. La tradición en el paso del tiempo también se expande, de modo que hablar del dibujo desde ella, no significa necesariamente limitarlo o, por ejemplo, hablar sólo de figuración. Para ejemplificar dicha idea me gustaría mencionar a dos artistas contemporáneos, cuyo trabajo me llama mucho la atención en estos momentos y en los que evidentemente se pueden leer diferentes genealogías que no dejan de ser tradicionales: Anouk Griffioen (Holanda) y Kjell Varvin (Noruega).


Desde la serie Retratos, uno podría decir que se evidencia que usted alcanza mayores sensaciones, ya que no hace fotografía.


No obstante nuevas conclusiones a las que vaya llegando con mi trabajo, no dejo de sentir fascinación desde la noción más popular y convencional del dibujo: tomar la imagen de un objeto de la realidad y pasarla a un papel manualmente. Aunque una fría mímesis no soporta una segunda mirada. También me puedo encontrar con la exaltación, al ver la pertinencia del medio utilizado con la imagen, las ideas y las sensaciones. A lo que me podría referir por un lado  como un encuentro con lo efectivo, pero por otro y preferiblemente, con lo poético.  


Quiero mencionar que para los retratos me apoyo en la fotografía: desde su funcionalidad al permitirme conservar la imagen del modelo, para que yo me pueda tomar mi tiempo dibujando, como también desde algunas de sus reflexiones en torno a la imagen y a la representación.  


¿Cómo se relaciona su trabajo con la literatura y la poesía, el haiku, por ejemplo? 


Debo decir que no soy un lector juicioso, pero me gusta escuchar. Con la literatura y la poesía, la relación se da desde un temperamento contemplativo, y en ocasiones, quizás analítico. 


En la literatura he encontrado analogías en relación a recursos utilizados, siendo uno de los que más tengo presente el de la metaficción, que recuerdo, por ejemplo, en El Aleph de Borges o en Niebla de Unamuno. De la poesía me ha atraído la simpleza tanto de la forma como del motivo. También el vacío, el silencio y el gesto en ella, lo que me ha acercado recientemente y de modo particular a los trabajos y las conversaciones de Hugo Mujica, poeta argentino. 


Como hacedor, una mirada a la poesía y a la literatura, es una invitación a preguntarme dónde reside lo poético.   


La obra Retrato 8 (2015), elaborada por Del Valle en lápiz sobre papel, con dimensiones de 25 x 17,5 centímetros. 


¿Existen lo femenino y/o lo masculino en su dibujar? 


No pienso mi trabajo en esos términos, creo que mis temas de interés  no residen en lo femenino o en lo masculino en particular. Quizá pensando en una genealogía estos caracteres aparezcan, por ejemplo tras la habitual pregunta de cuándo empiezo en mi oficio, en una de sus posibles respuestas recuerdo que mi padre fue el primer hombre que vi dibujar, y que de mi madre recibí amablemente mis primeras lecciones de dibujo.


¿Tiene un libro de artista?


Concibo el libro de artista como un proyecto artístico, de cierta contundencia objetual que le sentido a mostrarse como libro, lo que deja a muchas libretas de apuntes fuera de este conjunto para mí. Aunque dependiendo de un contexto determinado o tipo de investigación sé que puede ser más inclusivo que eso.


La mayor cercanía que he tenido al libro de artista en mi trabajo han sido las Libretas negras, que han resultado ser una obra muy importante para mí, tanto como objeto, proceso y experimento. No puedo hablar entonces de una manera amplia del libro de artista, sino sólo referirme a estas.  


Las Libretas negras son una suma de inquietudes e ideas, algunas presentes en proyectos anteriores y otras más recientes: la pulsión, el desierto, el desencanto, la celebración del dibujo, e incluso la escritura, en este caso de una caligrafía sin signos, ilegible. Pensé después de realizarlas que también sin darme cuenta pudo estar implícito en la gestación de estos cuadernos otro relato de Borges: El libro de arena. 


¿Por qué no hay escritura en sus dibujos, por qué no le interesa involucrar la letra? 


Se podría decir que, en general, he tenido una relación conflictiva con el texto y con la palabra, tal vez semejante a la que llegué a tener con la pintura, pero es una posición que me he replanteado porque la misma obra me invita a hacerlo, aunque no es hasta ahora algo que aparezca activo en mi trabajo, a excepción quizá de las Libretas negras, que si bien, no son un ejercicio con la palabra, si lo tomé considerablemente como un ejercicio de escritura. No estoy cerrado a la idea de que más adelante el texto pueda estar presente en alguna de mis obras, aunque por otro lado, sé que he preferido el silencio o el sonido de la imagen.


¿Instala la belleza en sus obras o no le interesa provocarla?


Como la mayoría de las personas soy seducido por la belleza, cuya percepción es en buena medida relativa y variable, ya sea desde la transición o la extensión. En mi primer semestre de universidad un círculo suprematista de Malevich me causaba más bien desinterés y hasta disgusto, y hoy lo encuentro atractivo, a tal punto que he hecho uno para mí. 


Como autor también me ha interesado, hasta ahora, ver algún tipo de belleza en mi trabajo. Aunque sé que la belleza puede ser la invitación a entrar en una obra o el muro que un espectador complacido no quiere atravesar. Me halaga que una persona encuentre bello mi trabajo, pero me aburre cuando es solamente por una admiración a una habilidad técnica, aunque a su vez sé que el diálogo entre una persona y una obra de mi autoría está fuera de mis alcances.     


Es muy esencial, al parecer, que el trazo, la línea y el color, sean un gesto, sean gestuales.


Tanto en un dibujo mimético y analítico, como en uno abstracto y sintético, el trazo y el gesto habitan su grafía. El trazo es el gesto más simple del dibujo, entonces el gesto es lo más elemental.


En parte de mis trabajos más recientes el gesto es el mecanismo que más me interesa, al punto de pretender hacer un gesto gráfico sin dibujar, uno de los motivos del nombre Una serie de negaciones, que tal vez también podría llamar Antidibujos. 


Hace pocos meses leí estos renglones de Jaques Derrida acerca del trazo, que me resultaron inquietantes, pero a la vez los recibí con agrado: “…el dibujo mismo no se ve. Da a ver lo que divide, lo que separa, pero en sí mismo, en tanto que línea pura, en el fondo, se sustrae a la vista: el trazo se sustrae a la vista. Y por lo tanto, desde ese punto de vista, podemos decir que el dibujo es una experiencia singular de ceguera”.




Sol Lewit

Le consultamos a César del Valle sobre la relación que existe con su obra y la del creador Sol Lewit y esto fue lo que respondió:


“Sí, desde hace un tiempo me he visto llamado por su trabajo, interesado en el vacío y la geometría, como también por la reflexión de un objeto en sí, autorreferencial. Intereses visuales y conceptuales que se han presentado en mi trabajo. 


De hecho, dentro de Una serie de negaciones hay un ejercicio, Variaciones, del que se puede decir que calco una obra de este artista, Variations of incomplete open cubes, aunque con algunas contradicciones: su interés en los acabados industriales, y el mío en conservar los acabados manuales, o por el lado de su trabajo, una obra que pretende referirse a nada, y la mía que lo primero que hace es referirse a la de él.


Al empezar la universidad y enterarme del minimalismo, no le encontré ninguna gracia, a diferencia de hoy. Llegar a tener la obra de este artista como referente, es signo de un cambio en mi percepción, y una de las cosas que transforma, por lo tanto, es mi concepción del dibujo y de sus posibilidades”. 




La academia

Una de las consultas que quisimos realizar a César del Valle fue acerca de la formación que requiere un dibujante. Él contó qué opina de las posibilidades que da la academia. 


“Pienso en una respuesta similar a la de si debe un dibujante saber de la historia de este medio”. 


“Creo que alguien que no pase por la academia puede tener las mismas cualidades que alguien que sí lo haga, y en algunos casos, incluso, estar más comprometido, y si viene de otra disciplina, también alimentado de otra visión”. 


“De hecho, no es muy extraño pensar en artistas en ejercicio profesional que no hayan pasado por una facultad de artes. Por otro lado, pienso que pasar por una academia puede abreviar, en buen sentido, ciertos procesos, y sobre todo, generar encuentros y diálogos que pueden posibilitar el desarrollo de la obra y una plataforma para ejercer la profesión”.