Cultural

Cancún, reality and fantasy
Cancún, realidad y fantasía
25 de Enero de 2013


Más que sombreros, caballos y mariachis, México presenta otra realidad de ensueño especialmente en Cancún, uno de los destinos turísticos más importantes



Las bellas playas de Cancún.


Programa de Gastronomía Colegio Mayor de Antioquia Arturo Carvajal Arboleda


En 1975, apenas era un pueblo de pescadores.  Hoy su aeropuerto recibe a más de 14 millones de turistas y la zona hotelera tiene 23 kilómetros.


El verde se apodera de la superficie terrestre y desde el avión se aprecia por más de 10 minutos gran cantidad de árboles, sin que se interrumpan por explanadas, edificaciones, casas campesinas. Así es el sobrevuelo sobre Quintana Roo, el estado más joven de la República de México.  Allí está uno de los destinos turísticos más atractivos del mundo: Cancún. 


El aterrizaje en el Aeropuerto Internacional de Cancún es cómodo y tranquilo. Este es el segundo aeropuerto más grande de México, después del de la capital, pero el más importante por movilización de pasajeros internacionales.  De hecho, cuenta con dos pistas internacionales que pueden funcionar simultáneamente: una para vuelos chárter y otra para las aerolíneas internacionales.  Está hecho para atender y agradar al turista. 


A nadie le gusta esperar y esto lo han entendido muy bien los agentes de inmigración que rápidamente se ponen a disposición para tramitar el ingreso a dicho país. Más se demoran en entregar maletas que en inmigración.  El agente no duda en ponerse a disposición si sucede una eventualidad con el turista.  


Al salir de inmigración lo primero que se ve son los más de 30 puestos de información turística, concesionados a la empresa TouristAdvisory, donde entregan información verbal, mapas y volantes que promocionan cualquier cantidad de atractivos turísticos con los que cuenta la región. 


Camino al hotel, se puede comprobar que esa autopista sin pavimentar que se divisaba minutos antes desde el avión, no era tal.  Se trataba de una de las más hermosas y largas playas con que cuenta el planeta.  No parece tener fin.  Para efectos de localización, a cada uno de los sitios más llamativos se les ha puesto un nombre y por ello suman más de nueve. 


Una vez instalado en el hotel, salir a caminar por la playa es toda una tentación.  Sus arenas son blancas y suaves como el azúcar.  Los pies se hunden y no es fácil caminar y menos trotar por ellas.  Las enormes gaviotas pasan y graznan.  Pero en este trayecto se nos acerca uno de los tantos guardianes de la costa y nos pregunta: 


-¿De dónde son ustedes?.  


-De Colombia.


Se queda pensando y pronuncia el nombre de un magnate narcotraficante del cual se acaba de pasar una serie. Inmediatamente corregimos y le hablamos más de dos bellezas exactas de nuestro país.  


Una vez pasado tan incómodo detalle nos explica que la arena de la playa había sido extractada de lo profundo del mar y esparcida a lo largo de los 23 kilómetros. Esto permitió la restauración de las mismas después de haber sufrido el desastre de  los huracanes, Gilberto en 1988 y el Vilma en 2005. De aquí los bellos restos de corales y la pureza de tan increíblemente blancura. 


Mirar hacia el horizonte es descubrir el color azul rey del mar, en lo más lejano.  Un azul intenso que se comienza a degradar hasta llegar a un celeste. Muy cerca de la orilla, termina en una espuma blanca, como el algodón, y rápidamente, se transforma en agua muy cristalina y fresca.  Este es uno de los espectáculos más maravillosos del Mar Caribe.