Indagatoria, verdad, miedo y odio

Autor: Hernán Mira Fernández
5 agosto de 2018 - 12:05 AM

Eso sí, exactamente, fue lo que hizo Uribe en ese encuentro, adiestró y domesticó a los reporteros en lo de la indagatoria y “cabalgó” cómodamente sobre este periodismo.

“Lo que gobierna a los hombres es el miedo a la verdad” Henri-Frédéric Amiel

La indagatoria a la que ha llamado la Corte Suprema de Justicia al expresidente Uribe por soborno y fraude procesal, desató en él, como es usual, un furioso rechazo a esta decisión y una andanada de descalificaciones, recusaciones, insultos, a los magistrados, periodistas y a todos los que se han atrevido a preguntar por su posible participación en estos hechos y su presunción de inocencia, siempre respetada en el debido proceso en un estado de derecho.

Uribe citó a una rueda de prensa en su finca en Rionegro, en la caballeriza, y ahí hizo de las suyas con los periodistas, respondió las preguntas que escogió, se negó a responder preguntas para él incomodas (“siguiente pregunta, amigo”) y recriminó y regañó –algo muy de su talante- a reporteros que se atrevieron a cuestionarlo abiertamente. Los “amigos” y el periodismo sintieron como un irrespeto la rueda de prensa en un establo o caballeriza, ante lo que el “hijo del ejecutivo”, Tomás Uribe, respondió en un tuit que no era un establo sino un picadero. Resulta que picadero según el DEL es: “Lugar o sitio donde los picadores adiestran y trabajan los caballos, y las personas aprenden a montar.” Eso sí, exactamente, fue lo que hizo Uribe en ese encuentro, adiestró y domesticó a los reporteros en lo de la indagatoria y “cabalgó” cómodamente sobre este periodismo.

El expresidente ha puesto de presente su miedo que muy fácilmente convierte en odio a esa verdad de los otros, en este caso la Corte y en muchos otros la de sus contrarios. Uribe le pide al testigo, Juan Guillermo Monsalve, que diga la verdad, en un pedido o exigencia que diga esa verdad que tiene que ser la del indogatoriado y que ahora debe ser aclarada y contrastada ante la Corte, pues él, como cualquier ciudadano, no es el amo y señor de la verdad, afortunadamente.

Lea: Duque, la paz y Uribe

Este miedo a la verdad es un mecanismo de protección frente a los riesgos, reales o imaginarios, personales o sociales. Así, se llega a caer en la seducción de lo irracional como remedio a la angustia de saber quiénes somos, quiénes son los otros y en qué mundo vivimos. El miedo a la verdad levanta un muro ante los sentidos para que no sufra la conciencia. Es, sin lugar a dudas, el miedo que más compensaciones ofrece pero también el que más daños provoca.

El miedo y odio tienen los mismos orígenes y se alimentan de lo mismo: son como los gemelos siameses condenados a pasar toda la vida en recíproca compañía. Y sobre el odio Freud dice: “desde el comienzo de la vida, es el odio la más antigua de las pasiones humanas, antes que el amor. Este odio, indisociable del miedo, es esencialmente un miedo de sí, una incapacidad de manejar las pulsiones. Miedo y odio comparten la misma raíz, se hallan arraigadas en la fragilidad e indefensión del individuo.” Así se retrata  muy bien ese miedo y odio que se le ha revivido ante la indagatoria al expresidente.

La memoria, esencial e infaltable en estos casos, también se juega en clave de verdad y de moralidad, y no debería, por tanto, disgustar a nadie, sino interesar a todos. La memoria, dice Reyes Mate, es uno de esos temas que debería ser objeto de un pacto de Estado, sin discusión, porque lo único que importa ahí es la ética y la verdad. Esa ética y moral, para el caso de esta indagatoria, se han engavetado.

Vea además: Política paranoide y denuncia

CODA. Ahora cuando Uribe abiertamente se enfrenta a la Corte Suprema de Justicia, revive el realismo mágico de Gabo que esto escribió en El otoño del patriarca: “Y quienes se atrevieron a acercarse oyeron desastres de pezuñas y suspiros de animal grande detrás de las paredes fortificadas, y una tarde de enero habíamos visto una vaca contemplando el crepúsculo desde el balcón presidencial, imagínese, una vaca en el balcón de la patria, qué cosa más inicua, qué país de mierda.” Esta ficción describe y retrata muy bien la realidad de ahora cuando el gran caudillo enfrenta a quienes se han ‘atrevido’ a llamarlo a indagatoria.

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