Elecciones 2018: Y el medio ambiente, ¿qué?

Autor: Alejandro Álvarez
5 enero de 2018 - 12:08 AM

Lo bueno que hay se tendrá que elevar a una altísima potencia antes de que podamos sentir la tranquilidad de ir en la dirección ecológicamente correcta

Las apuestas de este año en términos de la sostenibilidad de nuestro país son particularmente grandes. Las elecciones del 2018 darán lugar a un gobierno que, dependiendo de la decisión de consolidar o no los acuerdos de paz, estará eligiendo el camino de la equidad, la vanguardia y la armonía, o el del anacronismo, el estancamiento y la inestabilidad, respectivamente. En la paleta de opciones se identifican ya quiénes continuarán entorpeciendo deliberadamente la construcción de la paz y quiénes desean acelerarla y hacerla de la mejor manera posible. Vargas Lleras, Marta Lucía Ramírez, Iván Duque y Ordóñez, aunque con diferentes matices, seguirán basando su discurso frente a la paz en una actitud sacada del comercial del desodorante Old Spice: ¡bloqueo, bloqueo, bloqueo!, y se apoyarán básicamente en el mensaje: “paz sí, pero no así”. (Su “así sí”, es decir, su modo aceptable de alcanzar un escenario de “paz”, sería aquel de sometimiento absoluto de las guerrillas, de desconocimiento y negación del conflicto, y con eso de las condiciones que lo generaron y lo han perpetuado: la inequidad, la corrupción y la exclusión). La propuesta de Fajardo, López y Robledo, por un lado, y la de Humberto de la Calle, por el otro, parecen estar construidas sobre unos fundamentos distintos: no sólo sobre la premisa de valorar la paz actual y mejorarla, sino también sobre un espíritu de reconciliación. Propender por una sociedad pacífica, como lo he mencionado en columnas anteriores, es un requisito fundamental para el desarrollo sostenible (por eso una de las cinco áreas de acción de la Agenda global de la ONU es “Paz” y uno de los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible es “Paz, justicia e instituciones fuertes”). Hay que aprovechar entonces que existen candidatos que se toman en serio la tarea de hacer la paz y hay que votar por ellos y esperar que ganen (y que quienes van en contra, hagan sus críticas de manera constructiva).

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Hay otra tarea, sin embargo, que a duras penas se asoma con timidez en las propuestas electorales: la de promover un mucho mejor relacionamiento con el “entorno natural”. Sería sin duda una gran torpeza desconocer los avances realizados en los últimos años en materia ambiental, pero sería todavía más torpe contentarse con ellos. La labor de investigación del Instituto de Investigación Humboldt y la declaración del Río Atrato como sujeto de derechos son sólo un par de ejemplos de todo lo bueno que se ha logrado. Pero son, estos y todos los otros, esfuerzos todavía insuficientes: lo bueno que hay se tendrá que elevar a una altísima potencia antes de que podamos sentir la tranquilidad de ir en la dirección ecológicamente correcta. Una visión realmente completa de la prosperidad, el progreso o el desarrollo de un país tiene que dar lugar a estrategias amplias, sistémicas e integrales que no den por supuesto que los fundamentos naturales se mantendrán ahí, simplemente porque sí, mientras se arreglan “otros” problemas. Es comprensible que los espacios prioritarios de la agenda de un país como el nuestro se les quieran otorgar a la construcción de paz, a la lucha contra la corrupción y al cierre de brechas, pero sería un grave error enfrentar la guerra, la falta de integridad y la injusticia sin considerar que los conflictos ecológicos traen consigo, irremediablemente, profundos conflictos sociales.

Si se cuenta con la sensibilidad necesaria para reconocer que el respeto por la vida es primordial y que hay que seguir recorriendo el camino de la paz, es probable que se cuente también con la capacidad de entender que una sociedad que no se reconcilie con ese entorno natural del que forma parte, no podrá mantener a largo plazo ni el bienestar ni la justicia. Entre los trece ejes programáticos de la Coalición Colombia se incluye el “compromiso con la biodiversidad y los recursos naturales”. ¿Qué tanto permeará este eje los otros doce? ¿Y el doctor Humberto de la Calle qué pensará sobre el medio ambiente?

Vea también: Relación con la naturaleza ¿armónica o suicida?

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