El nuevo Esaú

Autor: Rodrigo Pareja
5 junio de 2018 - 12:07 AM

¿Con qué cara pudo llegar Gaviria a negociar el respaldo de un partido hecho trizas, moribundo y en vía de extinción gracias a su desacertado manejo?

El partido liberal, hoy casi en vía de extinción y con respiración boca a boca gracias a la nefasta dirección de César Gaviria, presenció como éste, sin pudor ni vergüenza alguna, arrió sus banderas y las entregó hechas jirones a su contraparte.
Preocupado más por conseguirle puesto a su hijo Simón que en soportar con honor una derrota tras dejar en cenizas la candidatura presidencial de Humberto de La Calle, este moderno Esaú prefirió acudir, presuroso y sumiso, a firmar la robusta nómina.
Una colectividad histórica, protagonista de grandes gestas y realizaciones, dueño de las reivindicaciones sociales y de los derechos de todos, otrora acaudillado por hombres como Jorge Eliécer Gaitán, Alfonso López Pumarejo, Alfonso López Michelsen, Carlos Lleras Restrepo y Luis Carlos Galán, no fue capaz de superar, en manos de “Esaú” Gaviria, ni siquiera el miserable umbral del cuatro por ciento en las pasadas elecciones.
Desde mucho antes de la catástrofe que se presumía ante la abulia y el ausentismo del “Jefe Único”, trascendieron los contactos incestuosos – políticamente hablando – de éste con el candidato uribista, Iván Duque, en cuyas manos quedó el futuro laboral del delfín.
¿Con qué cara pudo llegar Gaviria a negociar el respaldo de un partido hecho trizas, moribundo y en vía de extinción gracias a su desacertado manejo? Difícil saberlo cuando su única dote es ahora el primogénito, en nada parecido a la doncella virgen y apetecida que cualquier galán desearía desposar.

Lea también: Como el agua y el aceite
Esa maniobra torticera contra el partido que tanto lo ha enaltecido a él, quizá sin merecerlo, quedó ratificada la semana pasada con el sumiso acatamiento de la mayoría de congresistas que se dicen liberales, pero que en traicionera actitud habían dejado expósito desde antes a Humberto de La Calle y su candidatura, esa sí, liberal, defensora de la paz, las libertades y lo social que tanto se necesita en el tercer país más desigual e inequitativo del mundo.
¿Jefe único de qué y con cuáles logros? ¿Acaso de una colectividad en estado agónico? Portador apenas de una ennegrecida urna en la que reposan los restos del glorioso partido de Rafael Uribe Uribe y de otros tantos adalides, quienes deben estar revolcándose en sus tumbas al comprobar como ahora resulta más importante y lucrativo un puesto bien remunerado que un ideario histórico incomparable.
La supuesta grandeza y liderazgo de este “Jefe Único” tan solo le alcanzó para balbucir, en una defensa de lo indefensable, que “la política es así, no es consistente”, y agregar, al menos con algo de verdad, que “la gente tiene derecho a pensar o imaginar que yo soy un truhan”, auto calificativo en el que sí parecen estar de acuerdo todos aquellos que van a desatender su errado mandato el próximo 17 de junio.
Los partidos convertidos en rentables microempresas que sólo benefician a quienes trafican con la política, dejaron de existir como tales y de motivar grandes masas de ciudadanos.
Resulta por lo tanto utópico pensar que una voz de” Esaú” Gaviria invitando a respaldar a Iván Duque, sea cumplida con obediencia frente a la urna por unos ciudadanos y una juventud que ya no se dejan imponer la disciplina para perros que tanto le gusta a un segmento de las caducas castas políticas.

Vea también: Incongruencias y mentiras
Alguien hablaba en el pasado de la “división creadora”, siendo este el momento propicio para que el verdadero liberalismo acuda a ella, en lugar de volar abierto de piernas y en actitud solícita ante quien, en un pasado reciente, fue el primero en empuñar la pala para cavar la fosa en que hoy lastimosamente se encuentra.
TWITERCITO: Lentejas hay en todos los supermercados; ministerios solo en algunos gobiernos.

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