El fútbol como espacio político

Autor: La Urna Abierta
13 junio de 2018 - 12:06 AM

El fútbol no sólo ha servido como distracción de verdaderas tragedias humanitarias sino también como un espacio de visualización del rechazo del pueblo al abuso del poder

Melissa Pérez Peláez

Universidad de Antioquia

A escasos días del Mundial de Rusia no se hace esperar la famosa frase de Karl Marx adaptada al Siglo XXI por algunos de sus seguidores: “El fútbol es el opio del pueblo”, frase que pretende equiparar los efectos sociales de este deporte con la nefasta influencia adormecedora que produjo la religión sobre la conciencia del proletariado. Y lo cierto es que resulta ya ingenuo concebir el fútbol como una simple disciplina deportiva; éste no es sólo un espectáculo mundial, sino también un negocio que genera monstruosas y desproporcionadas ganancias, una disciplina deportiva con una carga social, cultural y simbólica bastante fuerte, y, por supuesto, un espacio de difusión de mensajes políticos.

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En todo el mundo, pero en especial en América latina, el fútbol ha sido objeto de diferentes fines políticos, con el protagonismo no sólo de políticos y empresarios del fútbol, sino más directamente, de jugadores, entrenadores, periodistas y aficionados. El fútbol no sólo ha servido como distracción de verdaderas tragedias humanitarias sino también como un espacio de visualización del rechazo del pueblo al abuso del poder.

Estas dos caras del espectáculo del fútbol como espacio político se ejemplificaron, de manera concreta, durante la Dictadura militar en Brasil tras el golpe de Estado de 1964. Con el Mundial en México de 1970, Brasil se coronó como el campeón del mundo, selección que se bautizó como “el Brasil de las veinte mil torturas”, pues a pesar de haber sido conocida como la selección con el fútbol más alegre y de haber sido conocida con gracia como la selección del no-gol de Pelé, también fue utilizada, por su triunfo en el Mundial de México, para invisibilizar torturas, desapariciones y ejecuciones clandestinas.

Pero el fútbol no sólo fue en esta dictadura un espectáculo con el que se pretendió invisibilizar la tragedia humanitaria y el abuso que se había venido viviendo desde 1964, sino que luego fue uno de los medios por los cuales el pueblo brasileño se manifestó tras la cara de jugadores celebres como Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira, más conocido como Sócrates, el futbolista demócrata, o como “el doctor” (pues también era médico), pero sobre todo, era conocido por ser un futbolista con una especial sensibilidad política. Sócrates, además de tener un evidente talento al manejar la pelota, también tenía influencia sobre su hinchada, sumado a sus fuertes convicciones y deseos de cambio.

Y es a finales de 1970 que Sócrates comienza a jugar un especial papel no sólo en el fútbol brasileño, sino también en la política de este país. Fue en el Corinthians que Sócrates reconoció en la hinchada la expresión popular del pueblo y utilizó el medio del fútbol para hablarle a todos los aficionados del país, para exponer sus ideas y para provocar al sistema; con los mensajes que traían sus famosas bandas en la cabeza, con las apariciones públicas en donde abiertamente proclamaba la caída de la dictadura y con el ejemplo de democracia que se vivía al interior del Corinthians.

El fútbol en la época de la Dictadura militar de Brasil le mostró al mundo que puede ser un elemento de adormecimiento bastante eficaz,  al igual que la religión, pero también le mostró al mundo que es un medio por el que el pueblo no sólo expresa sus deseos de cambio político y social, sino también un medio por el que el pueblo se puede hacer consciente de la realidad en la que vive y las medida que debe tomar, en este caso, ante el abuso de una dictadura.

El futbolista con nombre de filósofo griego fue el ejemplo de que se puede alentar al pueblo a participar en la política cuando él mismo salía a las calles a decirles a los brasileños que todos tenían que opinar, que la voluntad de la mayoría tenía que ser escuchada y que tenían que votar. Sócrates, como ídolo del pueblo brasileño por su habilidad con la pelota, utilizó su influencia y su éxito para provocar al pueblo a buscar un cambio político. Un ejemplo de que el fútbol también es un espacio político que no sólo adormece.

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