Entretenimiento

Hand in hand they travel the continent
De la mano le dan la vuelta al continente
Autor: Wendy Margarita Restrepo Guzmán
10 de Marzo de 2015


Una pareja argentina decidió recorrer el continente en una kombi desde la Patagonia hasta Alaska. En su paso por Medellín le contaron a EL MUNDO cómo ha sido la experiencia.

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Foto: Giuseppe Restrepo 

Lucila Munilla y Nicolás Poggi acompañan su viaje con rock y el reggae, aunque en las ciudades se dejan conquistar por los sonidos  autóctonos que suenan en radio.

Dora es una kombi Volkswagen modelo 81 de color azul y blanco con sólo tres metros cuadrados en los que contiene una pequeña cocina, un baúl en donde guardar ropa, dos asientos delanteros y una cama. Es decir, cabe lo preciso para que la pareja de novios argentinos Lucila Munilla (Lola) y Nicolás Poggi (Nico) recorran toda América en una aventura que llamaron Kombi Pa’l Norte.


Ellos, al igual que muchas personas en el mundo, se cansaron del tráfico vehicular, de recibir órdenes con las que no concordaban, de los horarios de oficina y de un sinfín de cosas más... la diferencia es que Lola y Nico (como les gusta que los llamen) sí se armaron de “coraje” y decidieron dar un paso adelante para cambiar su situación e inspirados en la banda latina Calle 13 se fueron a “darle la vuelta al mundo”, para ser más exactos a América.


Ella una periodista, él un ingeniero industrial. Partieron desde la Patagonia, Argentina y su meta es Alaska, Estados Unidos, a donde estiman llegar en dos años, es decir, más de tres años después de arrancar su travesía, pues partieron el 10 de agosto de 2014.


Calle 13 es la banda sonora de este viaje, de sus vidas y de su amor, por letras como: “(...) agarra tu maleta, el bulto, los motetes, el equipaje, tu valija, la mochila con todos tus juguetes ¡y!, dame la mano y vamos a darle la vuelta al mundo”.


Tampoco en vano llamaron su travesía Kombi Pa’l Norte, pues es por una canción de esa misma agrupación que dice: “un nómada sin rumbo, la energía negativa yo la derrumbo, con mis pezuñas de cordero me propuse recorrer el continente entero, sin brújula, sin tiempo, sin agenda, inspirado por las leyendas, con historias empaquetadas en lata, con los cuentos que la luna relata aprendí a caminar sin mapa... A irme de caminata sin comodidades, sin lujo...”.


Así empezó todo 


Nicolás Poggi es un hombre amable, sonriente y basta con mirarlo para descifrar lo realizado que se siente y con esa seguridad que eso le da, contó como empezó este viaje: “Comenzamos año y medio antes a armar una camioneta de carga que estaba completamente vacía, no tenía ni ventanas, nosotros le pusimos muebles y tratamos de ahorrar lo que pudimos”. Su novia lo interrumpió para complementar que no lo hubieran logrado si no hubiese sido por la ayuda que sus familiares les brindaban cada fin de semana.


Ella, que es una mujer delgada, de ojos verdes, alta, cabello castaño y de 25 años de edad, se llena de emoción cada que describe su hogar: “tenemos un mueble con una estufa, una pipa de gas, una pileta para lavar algunas cosas de cocina y lavarnos los dientes, tenemos un sillón que se hace cama y el techo que se levanta para poder estar parados porque estar todo el tiempo agachados es bastante incómodo”, contó.


Su recorrido lo hacen acompañados de música y siempre de día para poder observar mejor los paisajes y evitar peligros en la vía. Él maneja y ella es copiloto, pues aunque la periodista sabe conducir, a él no le gusta ser acompañante. 


Lola también contó que su viaje lo empezaron en Buenos Aires, donde vivían, de ahí pasaron al sur a recorrer toda la Patagonia, estuvieron 15 días en Bolivia y después durante un mes y medio recorrieron Perú, de ahí llegaron hasta Ecuador y se quedaron tres meses (primer país que ninguno de los dos conocía), pasaron a Colombia, que tampoco conocían y aquí llevan un mes y medio, la mitad del tiempo que piensan pasar.


Su paso por Colombia


Este país les “encantó”, pues la hospitalidad de la gente no la cambian por nada y aquí han probado la mejor gastronomía, “son muy abundantes acá, así que ahora nos estamos acostumbrando a comer más porque los almuerzos son muy gigantes y por ejemplo las arepas que no habíamos probado nos han gustado mucho, al igual que las frutas tropicales como el lulo”, dijo Lucila Munilla, un poco avergonzada, pues sus mejillas se sonrojan fácilmente. 


“A Colombia entramos por Ipiales, seguimos por Pasto, Popayán, Cali, Lago Calima, Armenia, Pijao, Salento, Filandia, Quimbaya, Ibagué, Bogotá, Zipaquirá y después nos devolvimos para Manizales, pasamos por Jardín, Santa Fe de Antioquia y ahora Medellín. La idea es cruzar por Bucaramanga para pasar por todos los pueblitos de Santander y de ahí subir a La Guajira para hacer la costa hasta Cartagena”, detalló Nico de su recorrido en el país.


Sin embargo, no todo ha sido “color rosa” en su paso por Colombia, hay algo de lo que se quejan y son directos al decir que no están de acuerdo con los “costosos” y “abundantes” peajes, pues según sus cálculos se han encontrado un peaje cada 20 kilómetros y eso “que las carreteras no están tan buenas, no lo ameritan...”, comentó Nicolás Poggi.


Y a diferencia de lo que se podría creer, no se quejan por los costos de la gasolina en este país. “Uno piensa que esta es la más cara, pero es más costosa en Perú, Uruguay y en Chile está la más cara, por eso no pasamos por ahí, acá está como en Argentina, lo que pasa es que en Ecuador es muy barata y golpea mucho ese cambio, porque allá vale US$1,50 y acá a más de US$4”, contó el ingeniero industrial.


¿Y después qué?


Así, esta pareja calculó que lleva 17.000 kilómetros recorridos y suponen que pueden llegar a hacer unos 70.000 kilómetros, pues aún no llegan ni a la mitad de su recorrido y a punto de llegar a Centroamérica les faltan más países por conocer, que los que han visitado.


Cuando terminen de conocer la costa de este país, se quedarán en Cartagena para cruzar a Panamá, pero hay un “problemita” geográfico que se les impone: “el Tapón del Darién”, esa zona selvática que corta la comunicación de todo el continente, pues es justo ahí, entre Panamá y Colombia, en donde la carretera más larga del mundo: la Ruta Panamericana, se ve interrumpida.


“La idea es pasar a Panamá y ahí es la única parte en la que la carretera se corta y hay que subir a un barco”, dijo ella, mientras que él complementó que “ahí no queda otra opción que subirse a un barco y embarcar la camioneta también, para cruzar desde Cartagena a Colón en Panamá, eso ya lo sabíamos desde antes de salir, aunque sí es muy costoso”.


Ni el “Tapón del Darién” es impedimento suficiente para que este par de jóvenes, con visa y papeles al día en mano, desistan de pasar a Norteamérica, meta que es lo único en lo que piensan por ahora, pues no tienen ni idea de qué va a pasar con ellos después.


No saben si se regresen viajando de nuevo por carretera, ni saben si quieren ir a otras partes del mundo y no saben si volverán a su querida patria: Argentina, pero si lo hicieran, tienen claro que volver a tomar una vida rutinaria como la de cualquier persona, “es imposible”.


Con gestos de rotundidad, la periodista aseguró que “no se puede volver a lo normal, ambos coincidimos que no queremos volver a lo mismo, a una oficina y viajar una hora y media para llegar al trabajo, así que nuestra idea es irnos a vivir más al sur, como a la Patagonia y soñando nos gustaría tener un hospedaje y recibir gente para devolver un poco lo bien que se han portado con nosotros y vivir en un ambiente de naturaleza más tranquilo”.


Y así viven a diario su aventura este par de jóvenes que hasta el momento han contado con suerte, pues no han tenido ningún inconveniente grave, por lo contrario, todo les ha salido según lo planeado y el poco dinero que dicen necesitar lo consiguen vendiendo en el camino postales con fotos que hacen ellos mismos, algunas artesanías y con la ayuda de la gente que en ocasiones los invitan a comer.


Además, como su otra pasión es la ciencia, ambos paran en el camino para visitar fundaciones y dictar talleres de ciencia gratuitos a los niños.


El mensaje que quieren dejar es simple: “con poco dinero se puede vivir, uno se acostumbra a gastar menos, a vivir con menos”, concluyó este viajero que atraviesa una de las mejores experiencias de su vida.


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Narran su recorrido

Se comunican con sus familiares y amigos por medio de Skype cuando acceden a internet, pero además relatan toda su aventura por medio de un blog en el que suben todo lo que hacen y las fotos de los paisajes que conocen.


En Facebook los pueden encontrar en Kombi Pa’l Norte y el blog es www.kombipalnorte.com.




Lo cotidiano

Afortunadamente ninguno de los dos se ha enfermado durante el viaje, sin embargo tienen claro que deben preservar su salud y llevan consigo un botiquín de emergencia.


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La ducha la consiguen en casas de amigos que van conociendo y en zonas rurales utilizan su baño portátil, en el que cargan hasta 20 litros de agua. Sin embargo, han pasado hasta una semana sin bañarse.


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El baño lo piden prestado en parqueaderos, estaciones de gasolina, restaurantes y bares.


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Lavan ropa cada tres semanas o un mes, que ha sido el tiempo que han demorado para encontrar a alguien que les permita secarla, pues dicen que es fácil lavarla, lo complejo es que se seque.


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Tienen una estufa pequeña con una pipa de gas diminuta, por lo cual la reserva es poca y no pueden cocinar cosas muy complejas, siempre comen pastas, sopas y verduras. La carne sólo la comen en restaurantes.





Comentarios
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Dinsley
2015/03/12 02:19:33 pm
Felicito a lola y nico por su travesía, también al diario por dedicarle este espacio y apoyo. Creo así debería andar más el mundo (haciendo lo que entiende que le hace feliz)...