Largo & ancho
Jaque a la emotividad
Autor: Rubén Darío Barrientos
10 de Julio de 2008


Estaba recordando que el 31 de diciembre de 2006, Fernando Araújo Perdomo se les escapó a los guerrilleros de las Farc, tras seis años de horrendo cautiverio. Araújo, que fue ministro de Desarrollo de Andrés Pastrana, fue nombrado en febrero del año 2007 por el Presidente Uribe como Canciller de la República. Por las condiciones livianas que posee, no hay duda de que su nominación fue accionada por la emotividad. Era un premio a un hombre muy plano en el concierto gubernamental, pero que había sufrido los rigores de un secuestro.

Después del rescate de las quince personas –inmenso triunfo, sin duda- volvieron los ecos de la emotividad a hacerse presentes. Los columnistas y formadores de opinión, desde el día siguiente, afilaron sus plumas para deshojar margaritas: Íngrid Betancur será la nueva presidenta de Colombia, escribían unos; Íngrid a la vicepresidencia y Uribe a la presidencia, exclamaban otros; Íngrid a la presidencia y Santos a la “vice” balbucían los restantes. En fin, el país se llenó de pasiones. Y no pocos aseveraron que si se presentare a las elecciones en Francia, Íngrid arrasaría.

La propia Íngrid, que había controvertido a Uribe en el pasado, se despachó en elogios para el presidente tras volver a sentir la libertad. Dijo que no sólo merecía una segunda reelección sino una tercera. Era evidente que la emotividad tenía acorralado el corazón de la ex candidata presidencial. Hoy, con más horas libres y en más contacto con la inefable Yolanda Pulecio, ha vuelto a lanzarle dardos a Uribe. El presidente Uribe, tras el golpe de opinión, llegó a un nivel de imagen favorable del 91%, que no sólo es histórico sino inverosímil. Auncuando yo no he sido encuestado, hay que creerle a las cifras porque luego de la emoción se desgaja la emotividad. Por eso, Uribe se ha mantenido en niveles altos, pero su fluctuación depende de hechos sonoros: cuando se vuelve de hierro con las Cortes, baja; cuando acierta con lo de Emmanuel, asesta el golpe a Reyes o planea un rescate, trepa.

Noemí Sanín, producto de la emotividad, ha estado de primera en encuestas para la presidencia. El ministro Uribito (Arias, el de agricultura) estuvo en el sonajero como futuro relevo de Uribe, el verdadero. Vargas Lleras también. Y Fajardo, cuando salió de la alcaldía de Medellín, por obra y gracia de la emotividad ya lo daban como “fijazo” para ganar la presidencia, no obstante la cachaquería bogotana no permitiría un segundo paisa montado en el potro. En el fútbol, hay mucha emotividad: Santa Fe dizque era el Ferrari y no llegó a Simca.

Los superlativos, son prueba de la emotividad: el mejor alcalde, el mejor ministro, el mejor empresario de toda la historia, son calificativos que se entienden en su momento pero que pierden fuerza con facilidad pasmosa. Ser emotivos, es una condición humana consustancial, pero en materia de gobernabilidad es peligrosísima. La emotividad va de la mano con las coyunturas, con los sentimientos, con los momentos, con los golpes de opinión. Hay que mirar la emotividad frente a la racionalidad. Así como en el balompié hay seguidor y fanático, en la vida hay emoción y emotividad. La emotividad descalifica o enfila; la emoción perdura. La emotividad es frágil, mientras la emoción es histórica e imborrable. Y, sin duda, la emotividad es pasajera y anecdótica, en cambio la emoción embarga.

Íngrid, no tiene la talla para ser presidenta. Con su regreso, estamos emocionados, pero no podemos caer en la emotividad ni de ungirla como Premio Nobel de la Paz ni de elegirla como cabeza del país. Los puntos sobre las íes…