Largo & Ancho
Mujeres: ¡Ay hombe!
Autor: Rubén Darío Barrientos
4 de Enero de 2006


Del total de graduandos en las instituciones de educación superior del país, en el último cuatrienio, el 56% fueron mujeres frente a un 44% de hombres. De igual manera, 6.461 mujeres consiguieron títulos de maestría y doctorado entre 2001 y 2004, frente a 5.685 de los hombres. No obstante ello, el Observatorio Laboral del Ministerio de Educación Nacional ha ratificado que el promedio salarial de los ingresos de las mujeres es muy inferior al de los hombres, en una brecha injusta y discriminatoria.

Hace un poco más de 5 años, el Congreso aprobó la Ley 581 que obliga a otorgar a las mujeres un 30% de los cargos públicos decisivos. Y en esa legislación de papel, las féminas siguen volando bajo. Por ejemplo, en el Senado de la República y en la Cámara de Representantes, la participación es raquítica, dado que del total de 268 curules, apenas el 11% de escaños son ocupados por mujeres. Igual panorama se avizora por la Corte Constitucional, la Corte Suprema de Justicia y el Consejo Superior de la Judicatura, en donde la representación supera ligeramente el desmedrado 11%.

Hace tres meses, la Consejera Presidencial para la Equidad de Género, Martha Lucía Vásquez, manifestó en El Tiempo (5 de octubre de 2005), que “las mujeres somos la principal fuerza electoral del país, pues en las últimas elecciones depositamos 476 mil votos más que los hombres. Por ello, las mujeres decidimos quién gobierna, pero no gobernamos”. Precisamente, en la primera semana de octubre del año anterior, los siete principales partidos políticos del país suscribieron un pacto de inclusión efectiva de las mujeres en la actividad política, pero le metieron un mico colosal al hablar de que se comprometen a darles a las mujeres un “porcentaje significativo”, denominación inextricable que es una bofetada a la Ley de Cuotas que habla matemáticamente de un 30%.

Es claro que en países como Argentina y Chile se constriñe a los partidos políticos a darles a las mujeres un 30% de los cupos en las listas. Lástima que en Colombia todo se está tornando en letra muerta. Y se llueve sobre mojado, si repasamos que en las Asambleas Departamentales la participación es del 15%, en las Alcaldías del 8% y en las Gobernaciones del 6%. Es cierto, pues, que las mujeres han logrado tomar mejor posición en los últimos años de participación en las ramas del poder público, pero su representación sigue siendo muy deficitaria de cara a una ley de la república, que está vigente.

La connotada psicóloga industrial Carolina Angarita sostiene que las mujeres, en términos generales, rinden más que los hombres por las siguientes razones: a) velan mayormente por el interés general de la empresa; b) son organizadas y saben “rentabilizar” el tiempo; c) saben compartir el poder; d) saben valorar a los subalternos individualmente; e) son menos competitivas; f) son dinámicas por naturaleza; g) planean bien; h) son metódicas; i) son más abiertas y dispuestas a compartir la información y j) son integradoras y buscan equilibrar la vida laboral y la vida personal.

El próximo 16 de enero, empieza un concurso para llenar 62.682 empleos en Colombia. Se dice que será la quintaesencia de la meritocracia, pues se habla de un proceso limpio, con pruebas realizadas por las universidades y bajo la modalidad de Internet para evitar las manipulaciones. Incluso, se aseguró la participación de una veeduría de Transparencia por Colombia. ¿Aplicará la ley de cuotas? Debería ser así, pero nadie habló del tema. Un silencio cómplice…

Les digo la verdad: si yo perteneciera a una Junta Directiva, daría la pelea por proponer una mujer para gerente o, al menos, para sub-gerente. Bien seleccionada, y con méritos propios, tiene toda la posibilidad de triunfar. Pero seguimos siendo machistas y les damos a las mujeres (ya por vicio inveterado), mandos medios, bajos y re-bajos. ¡Ay hombe!