Largo & Ancho
La sinsalida de los motociclistas
Autor: Rubén Darío Barrientos
26 de Julio de 2007


Después de Brasil, es Colombia el país en donde circulan más motocicletas en Latinoamérica y el primero en unidades vendidas entre las naciones de la región andina. Se asegura que aquí ruedan casi 2,5 millones de estos vehículos y la cifra crece como espuma. Y si en Sao Paulo la proliferación de estos aparatos ha infartado el tráfico de la ciudad, en nuestro medio también vivimos una saturación que no era imaginable hace algún tiempo.

La fiebre por las motocicletas se ha apurado por tres razones fundamentales de marketing: la llegada de nuevas marcas, el quiebre de precios y las facilidades de financiación. Este crecimiento descontrolado toma aún más desmesura, cuando sabemos que estos vehículos son –en muchas ocasiones- herramientas de trabajo y porque no existen medios de transporte más versátiles y económicos. Se asegura, por ejemplo, que el consumo de gasolina de un carro frente al de una motocicleta es de 5 a 1, lo que en una economía de bolsillo genera estupendos ahorros.

Es tal el rebaño de motociclistas, que ya en Cali apareció un candidato al Concejo de esa ciudad, bajo los auspicios de defender al numeroso “gremio”. Pero volviendo al tema de la movilidad, no podemos perder de vista que como hoy entregan motocicletas con la cédula y con una poca menuda, la adquisición de estos aparatos se ha vuelto tan imantada y masiva, que mucha gente sin idoneidad ni preparación para conducir sale a las calles a jugarse la vida. Esa puede ser una de las mayores razones de la fatal accidentalidad. La otra explicación estriba en que a muchos motociclistas los distinguen todos los defectos: invaden los carriles, culebrean entre los carros, violan las señales de tránsito, son amigos de las contra-vías, arrancan espejos de carros, no se quedan quietos nunca, cruzan aún con los semáforos en rojo, etc. etc.

Yo tengo amigos, con dominio del manejo del vehículo y con absoluta profesio-nalidad para conducir, que no tienen registros de accidentalidad. Pero también conozco a otros que en la primera semana ya han llegado a la clínica de fracturas. De los segundos, es que se ha poblado el país y la ciudad, con visos de peligrosidad suma. Y a esos es que hay que combatir por las autoridades de tránsito. Mejor aún, son una verdadera amenaza porque se chocan o hacen chocar. Y es increíble, por ejemplo, cómo abundan las colisiones entre los mismos motociclistas, en donde ha habido hasta contactos de tres aparatos de una vez.

No entiendo, sí, la razón por la cual las motocicletas no pagan peajes y están por fuera de la cobertura del pico y placa. Representa ello una actitud discriminatoria frente a los demás vehículos, que es absurda. Con un amigo, en charla reciente, avizorábamos todas las opciones para mejorar el tema de movilidad de las motocicletas y terminamos frustrados: nada es viable. Consideramos la posibilidad de que vayan en “fila india”, pero eso es utópico porque se imaginan los “tacos” tan pavorosos que se presentarían; hablamos de crear un carril central para ellas solas, pero eso es irrealizable por la estrechez de las vías.

Cruzamos por la idea de entregarles el carril de la izquierda (el rápido), pero no hay infraestructura y los conductores de vehículos se opondrían de hecho. Nos detuvimos en la norma ineficaz (nadie la hace cumplir) de circular por la derecha y él me dijo que eso era someter a los “motonetos” a trasegar por los huecos, alcantarillas y basuras, generando riesgos. Mejor dicho: hay que seguir en esa montonera de hoy y sálvese quien pueda. No hay panacea. Pero sí hay que filtrar las licencias de conducción, al menos. No sabemos hasta cuándo durará lo pedagógico, pero estamos ad portas de construir más cementerios. Los motociclistas están estigmatizados, suena a verdad. Y el tema está en la sinsalida. ¿O usted tiene la solución?