Editorial

Del banquero ortodoxo 縜l pragm醫ico?
14 de Diciembre de 2016


Empecinado en la ortodoxia, el doctor Uribe persiste en atribuir a decisiones arancelarias las dificultades del sector productivo exportador.

No había finalizado la elección del ingeniero doctorado en Economía, Juan José Echavarría Soto, para la gerencia del Banco de la República, cuando inició una jornada de apasionadas especulaciones sobre su voluntad de mantener la independencia del Gobierno, distintivo de la gestión de José Darío Uribe, cuyo candidato no fue votado. Los preocupados muestran que el doctor Echavarría Soto llega de Fedesarrollo, donde ha sido amigo cercano de Mauricio Cárdenas, líder del poderosísimo centro de estudios. La discusión intenta predecir cómo el nuevo gerente va a interpretar los artículos constitucionales 371, que determina la autonomía del Banco Central, y 372, que lo erige como la autoridad monetaria, cambiaria y crediticia.


La fortaleza dada por la Constitución al Banco de la República frente al Gobierno de turno evita asaltos populistas de gobiernos voraces o en apuros, como el de Nicolás Maduro, que no cesa en arbitrariedades como la de ordenar la recolección de los billetes de cien bolívares, acciones que serían cómicas si no reiteraran la demostración de impune dictadura y fueran causa de mayor pobreza. Sin embargo, tan excesivo como el asalto de un Gobierno a las monedas es la interpretación ortodoxa del mandato de defensa de la moneda. En esta materia, el Banco de la República ha navegado en defensa del dólar libre, acción de la que se enorgullece el gerente saliente, que convirtió al emisor en centro de resistencia a llamados gubernamentales a tomar caminos moderados, como los que escogió la economía de Perú, para contener la presión sobre la moneda sin gastar las reservas en operaciones masivas de compra de dólares, que tuvieron mínimo efecto sobre su valor. Empecinado en la ortodoxia, el doctor Uribe persiste en atribuir a decisiones arancelarias las dificultades del sector productivo exportador, que fue sumido a tal inanición que ni siquiera un par de años de buen precio del dólar le han devuelto capacidad creativa y ánimo de buscar los mercados externos.


Los defensores a ultranza del modelo ortodoxo explican los propósitos de la Banca Central como los de defensa de la moneda sana, o sea como cabezas de la lucha contra la inflación, acción dañina si la oscilación monetaria se acerca a dos dígitos, pero que debería ser cuidadosamente tolerada si se encuentra que el control, cuando oscila en niveles cercanos al 5%, puede crear el colapso del sector productivo, y el empleo. La causa anti-inflacionaria que banqueros y economistas beneficiados han defendido con pasión casi religiosa, se tornó en problemática perspectiva de gestión económica de una institución que se ha pretendido soberana. Ello, a pesar de alertas como la que dimos en 2008 cuando señalamos que “la Junta del Banco de la República, si bien tiene como finalidad básica preservar el poder adquisitivo de la moneda, no puede sin embargo ser indiferente a los resultados de sus decisiones sobre el empleo y el crecimiento que explícitamente debe tomar en consideración”.


El doctor Echavarría Soto conoce la tensión que rodea a la Junta Directiva y la Gerencia del Banco, del que fue codirector entre 2003 y 2013. Sus declaraciones iniciales sobre su determinación de que “independientemente de lo que quiera hacer el Gobierno la prioridad es mantener la inflación en el rango y que la economía crezca lo máximo” (ver: https://goo.gl/XqPJWV) acrecientan la discusión de los expertos. Quienes se ratifican en describirlo como pragmático esperan mesura en su interpretación del Capí- tulo sexto del Título XII de la Constitución, lo que podría implicar su apertura a tesis que ha esgrimido el Gobierno contra la libertad cambiaria y sus costos económicos, y su más reciente reclamo por la reducción de las tasas de interés, que la Junta aumentó en forma acelerada tratando de contener la inflación asociada al mejor precio del dólar, resultado obtenido a costa de impactos importantes en la inversión y en las expectativas de crecimiento de la economía. En 2017 iniciará la nueva gestión en el Banco de la República, tras los once años de liderazgo del doctor José Darío Uribe. Las primeras intervenciones del doctor Echavarría Soto crean expectativas sobre el rumbo que definirá y que, por la salud del país esperamos sea el pragmático que le atribuyen, que es el más indicado para ofrecer confianza y esperanzas a los actores de la economía.